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Correísmo o la parodia de los remiendavirgos

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¿Cómo creerles? Rafael Correa da entrevistas –ahora sí las da– a diestra y siniestra. Sus asambleístas piden, por favor, –ahora sí lo hacen– a la prensa corrupta que cubre la Asamblea, que vayan a sus ruedas de prensa. Los ex burócratas –como Ricardo Patiño o Virgilio Hernández– van –ahora sí van– a las emisoras que antes hacían parte de la inmensa lista de medios vetados. Hasta sus concejales piden a los periodistas que fueron perseguidos –ahora sí piden– que por favor apoyen sus iniciativas; por ejemplo contra Mauricio Rodas.

¿Cómo creerles cuando dicen, repiten, reiteran, confirman, ratifican, que todo lo que hicieron (incluso perseguir medios y periodistas) fue lo correcto? Oír a Correa es un ejercicio vano. Desconoce las evidencias que hay en su contra. Niega conocer a los personajes-delincuentes que él nombró y posesionó. Trastoca los hechos. Confunde pruebas con persecución. Hace lo mismo que hizo durante diez años: convertir a sus interlocutores en agentes pagados por algún poder oculto. Mutar en santo. Usar la charla contra el medio que lo está entrevistando. Cuando Expreso, que acaba de hablar con él, le recuerda que cuando publicó una glosa de la Contraloría sobre la Refinería del Pacífico, en vez de investigar el delito, su gobierno sancionó al diario, Correa responde con dos verdaderas perlas: que “debe haber algo ahí que no me está diciendo”. Y que la sanción la estableció “la Superintendencia de Comunicación que era autónoma”. Traducido: ustedes eran culpables y no lo están reconociendo. Y tenían merecido el castigo del impresentable Ochoa, que tenía permiso para perseguir sin mi autorización.

Entrevistarlos es exponerse a eso: a tener que pellizcarse para comprobar que se está despierto. Cojan la entrevista que da Virgilio Hernández a FM Mundo. Qué lucidez del ex asambleísta. Dicta cátedra sobre el estatuto de Unasur. No solo demuestra que Moreno se equivoca porque no puede legalmente ofrecer ese edificio a la Conaie. Pero claro, esa es la forma. El fondo es que Moreno renunció a la integración regional y lo hace por el viraje que dio y el neoliberalismo que lo invadió. Por supuesto Virgilio Hernández no dice lo que ha sido Unasur, no dice quién ha saboteado a Unasur, no dice el papel que jugó Ernesto Samper en la Mitad del Mundo en una defensa mamerta del carnicero de Caracas.

Entrevistarlos, oírlos es exponerse a eso: a recibir cátedra de principios, de sabiduría, de entereza por lo público, de pulcritud en el manejo de la administración. ¿Puede alguien imaginar políticos más éticos que Rafael Correa, Ricardo Patiño, Gabriela Rivadeneira, Marcela Aguiñaga, Doris Soliz, Pabel Muñoz, Virgilio Hernández…? A los periodistas siempre los verán como gente desmemoriada, encargada de hacer preguntas sin derecho a la réplica, sin respeto alguno por los hechos porque todo –incluso la persecución de la que fueron víctimas– son pareceres, son opiniones. En conclusión, ahora –además del autoritarismo, la persecución y la corrupción–, ellos se creen autorizados a subir al escenario esta empresa de fraude intelectual y político.

No hay cuestionamiento alguno por esos medios que, haciendo gala de profesionalismo, tienden sus micrófonos a estos políticos que no son responsables de nada. El dilema no es con ellos sino con esos políticos que hoy se lavan las manos de todo. Como si su historia fuera una mera parodia de celestinas y remiendavirgos. Ellos son eternamente vírgenes.

¿Cómo creerles? Cojan por ejemplo a Virgilio Hernández. Cuando se fue Ruptura de los 25 del gobierno, él hizo parte de aquellos que no se fueron dizque porque no sabía adónde aterrizar. Luego, cuando se habló de que los businessmen se habían quedado con Alianza País, él hizo parte de aquellos que decían no haberse ido de Alianza país dizque porque el rumbo de la revolución estaba en disputa. El mismo Virgilio Hernández se fue con Moreno cuando hubo la ruptura pero luego, cuando lo sacaron del gobierno, apoyó sin repulsión alguna al jefe de los businessmen, Jorge Glas; al mismo negociante que tanto repudiaba en off, en el pasado. Y ahora hace coro con él y con Correa contra Moreno y sus amigos.

Ahora que debiera pedir perdón a la sociedad, le da lecciones de todo lo que no puso en práctica ni defendió mientras estuvo en el gobierno. Y se llena la boca de principios y rebosa de sentido ético. ¿Cómo creerles?

Foto: El Universo

29 Comments

  1. Se podría decir que la política es lo más sucio y corrupto que existe pero como dice el dicho el diablo paga mal a sus devotos, ahora el ex Presidente Correa esta recibiendo lo que se merece y casi todos sus seguidores le han dado la espalda el fomento la intolerancia, la falta de respeto a las personas, sus burlonas expresiones ante un pueblo que lo puso en el poder y ahora no es nadie y busca llamar la atención en los medios de comunicación que ya no le hacen caso es más a nadie le interesa escucharlo.

  2. El hombre es corrupto, roba, secuestra, están los 10 de Lulubcoto, todas las obras Odebrecht. Amenaza públicsmente, no respeta ni a los niños (como a los nietos de Bucaram que no tirnen culpa de nada) se sirve de las Farc para mandar a desaparecer a tanta gente que no se podía ni salir a la calle. Deja la nación endeudada, quebrada y ahora resulta que «le persiguen por sus ideas».
    No Correa, te persigue la justicia por cri cri criminal

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