Subempleo y desempleo: la culpa es del INEC

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En los primeros meses de este año, el Ministro de Trabajo, luego el presidente Moreno y luego la propaganda del gobierno, afirmaron que se habían creado 120 mil nuevos empleos; dato que, según dijeron, correspondía al número de nuevos contratos registrados, por lo que podría concluir que era empleo adecuado. En el gobierno y su publicidad mostraban la cifra como evidencia de que la economía estaba recuperándose. Hasta hoy el gobierno carece de un verdadero programa económico -menos desde el inicio de su gestión- por lo que la cifra de crecimiento del empleo no tenía una explicación racional, vista la caída del consumo y la paupérrima inversión privada. Podría explicarse por el repunte de gasto causado por el incremento del saldo de deuda pública; sin embargo la encuesta de mercado laboral del segundo trimestre de 2018, desmiente el entusiasmo de la supuesta recuperación del empleo y mandó a callar al ministro de Trabajo, quien cree que la forma más conveniente para explicar su falsedad es acusar al INEC de alterar los datos.

En otras economías (Chile, México) la medición del dato de subempleo -que el correísmo camuflaba con el eufemismo de empleo no adecuado- es irrelevante porque los empleados tienen empleos adecuados y estables. Para comparar la situación del mercado laboral con el resto de Latinoamérica, hay que juntar la cifra de desempleados y de subempleados que en total suman 6 de cada 10 ecuatorianos. Apenas 4 tienen el privilegio de un trabajo estable y con prestaciones. Ese indicador es el más ácido para mostrar que el correísmo persiguió la reducción de la pobreza con el asistencialismo populista, creó una burbuja de consumo y deterioró las condiciones para la creación de empleo. En lo que va del gobierno de Moreno y más allá de lo declarativo, no hay aún perspectivas que permitan esperar que se pueda incrementar la inversión privada o reducir el gasto en obra pública; reducción forzada porque, entre despilfarro y corrupción, se acabó el dinero y eso provocará también menos puestos de empleo.

Los dirigentes sindicales y el populismo de la izquierda se han opuesto a cualquier aligeramiento de la inflexibilidad laboral. Durante el correísmo se hizo más rígida la contratación individual, se eliminó el contrato de plazo fijo y el contrato por horas. Tozudamente se calificó a la tercerización e intermediación como medios de explotación, negando que la OIT las reconoce como formas legítimas para la expansión del empleo por la doble protección por la solidaridad entre el empleador directo e indirecto. La muletilla sonsa para oponerse a cualquier reforma laboral ha sido la de la precarización del trabajo. La reducción del debate a las consignas y las razones a clichés, conduce a la irracionalidad de sostener una ideología anacrónica de defensa del trabajo de la explotación laboral, soslayando que la verdadera precarización de la mano de obra proviene de la falta de empleo o por las condiciones del subempleo. Precaria, inestable, pobre es la condición del hombre o de la mujer que se debe conformar con chauchas porque los políticos y las normas que regulan la contratación laboral destruyen empleo.

En el gobierno han pensado que reduciendo impuestos se promoverá inversión privada. Con aire de simpleza el presidente Moreno ha dicho que ya no hay espacio para incorporar personal al Estado, aunque la evidencia muestra que el gasto corriente (sueldos de la burocracia) se incrementó en 4%. Lo que no ha dicho aún es que no solo no pueden contratar más, sino que deben reducir el número de empleados públicos, lo que muestra la urgencia de que se genere empleo en el sector privado. Esto llevará tiempo hasta que los inversionistas se persuadan de que la exoneración de impuestos es suficiente para correr el riesgo de la inseguridad jurídica y de una legislación laboral sancionatoria que impide pactar horarios y plazos y es onerosa cuando el negocio, si fracasa, toca liquidarlo.

En la campaña electoral el presidente Moreno ofreció que, si continuaba el éxito de la revolución, se deberían crear 250 mil nuevos empleos por año. Esto no tenía relación con la realidad, pues la revolución había provocado que la tasa de desempleo sea parecida a la de 2007, al inicio del correísmo. Ahora, tras el primer año de su gestión, no hay nuevos empleos adecuados sino menos y se incrementa la precarización por el subempleo. Ese es el resultado de persistir en las recetas del socialismo anacrónico y aunque Moreno lo ha criticado, tampoco propone un cambio integral que combine una política económica que trastoque el intervencionismo hacia el funcionamiento del mercado; junto con reformas a las leyes que desestimulan la contratación laboral. Eso es lo que hace falta y no pretender meter las manos en las cifras para que coincidan o sirvan a la propaganda.

Diego Ordóñez es abogado

6 Comments

  1. Hace muchos años ya, que en estudios realizados a nivel latinoamericano, los países con mayores regulaciones laborales eran Ecuador y Bolivia, y coincidentemente, en los dos países los niveles de desempleo eran los más altos.
    El Doctor Ordóñez pone el dedo en la llaga y nos ilustra acerca de la coyuntura actual, en la búsqueda de días mejores para el Ecuador.
    Es hora de dejar los dogmas, es hora de trabajar para la mayoría.

  2. Estudios comparativos de muchos años atrás, demostraban, cómo las regulaciones laborales excesivas generaban desempleo en Ecuador y Bolivia. No será necesario que el estado invite a los dirigentes laborales y políticos a dar un paseo por los diferentes países, a fin de que puedan palpar de primera mano estas verdades ? Copiar lo bueno y desechar lo malo no nos vendría mal.
    Hasta tanto, Doctor Ordóñez, continúe alimentando nuestra opinión con sus acertados escritos.

  3. CNEL, CNT, IESS, y una gran cantidad de entes estatales subcontrata servicios de todo tipo, concentrando en pocas manos los montos de inversión, generando una sub-estructura que no cumple con los derechos laborales; sino, vaya y pregunte como diría ” El Malcriadito”. El mejor ejemplo de repartir beneficios del Estado a los amigos y alcahuetes de los administradores de turno.
    Que otra cosa se puede esperar en una situación, en la que todo cambió para seguir siendo lo mismo; la misma guitarra con otro bitoque, segun el argot popular.

  4. La adecuación de los índices de medición a resultados inconcretos, una artimaña revolucionaria para disfrazar la realidad escondiendo su ineptitud.

  5. Como usted muy bien lo expone, Señor Diego Ordoñez, al no haber cambio en la política económica de nuestro país, jamás podremos salir de este atolladero en el que nos metió el anterior gobierno y que el actual, a pesar de sus anuncios, no ha hecho absolutamente nada

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