Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Déficit fiscal = Aumento de la deuda pública

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En las finanzas públicas, esta igualdad se ha asumido como una definición. En el primer semestre de 2018, el presupuesto público refleja un déficit de 639 millones de dólares; en realidad es 1.039 millones de dólares por el registro de un ficticio ingreso de los pagos por ventas anticipadas de petróleo. En los primeros seis meses de 2018, la deuda interna se reduce 807 millones de dólares y la deuda externa, luego de la colocación de los bonos soberanos en enero, se redujo en 1.053 millones. No obstante, la deuda pública total aumentó algo más de 1.400 millones de dólares. Parece un acertijo de números de difícil comprensión que nos invita a hurgar los entretelones detrás de los mismos, para cuestionar o ratificar la verdad de la ecuación fiscal.

Mario Vargas Llosa, en su Libro “La Llamada de la Tribu” hace un apasionante viaje por el pensamiento económico y filosófico de ilustres pensadores, entre los que Sir Karl Popper merece una profunda admiración. Para Popper, la verdad no se descubre: se va descubriendo en un proceso sin fin. La verdad es, al principio una hipótesis, una teoría que pretende resolver un problema, aunque siempre es sospechosa. Para que el progreso sea realidad y, el conocimiento del mundo y de la vida se enriquezcan en vez de empobrecerse, las verdades reinantes siempre deben estar sujetas a críticas, expuestas a pruebas, verificaciones y retos que las confirmen o reemplacen por otras, más próximas a la verdad definitiva.

Nos cuestionamos la validez de la ecuación del título del artículo, cuando, a pesar de que existe déficit, la deuda interna se reduce. Sí, disminuye porque entidades como el IESS, BanEcuador, Banco del Estado, la CFN, e incluso tenedores privados, en el primer semestre de 2018, al vencimiento de los Bonos en su poder, exigieron al Tesoro Público el pago de los mismos en vez de renovarlos.  Entre febrero y junio, la deuda externa se reduce por pagos del capital de préstamos, tanto de los organismos multilaterales de crédito, como de gobiernos, principalmente de la China. Sin embargo, a pesar de esta aparente contradicción del postulado de la ecuación fiscal, la deuda total aumenta, ratificando la verdad que entraña la definición de la ecuación.

La verificación de esta sui géneris verdad fiscal, inédita en los últimos años, nos lleva al estadio de la dolarización y la reducción de la dependencia de los créditos externos para financiar el gasto público. La dolarización se ha constituido en el principal instrumento de rigor fiscal, que, de manera silenciosa, ha conducido al gobierno a reducir drásticamente el gasto en inversiones, pues, ante la imposibilidad de emitir dólares, la agobiante escasez en la caja pública, ha obligado al Estado a utilizar los pocos dólares existentes, mediante una rigurosa priorización de sus obligaciones básicas: sueldos, servicio de la deuda, transferencias a los GADs, Bono de Solidaridad y otros gastos reducidos a su mínima expresión. De otra parte, en un encomiable ejercicio de moral pública, el Estado se abstuvo de la nociva tentación de colocar bonos soberanos a tasas de indignación social. Los 3.000 millones de dólares en bonos colocados en el mes de enero de 2018, son casi equivalentes a los 3.230 millones de dólares pagados en el semestre, por amortizaciones e intereses de la deuda interna y externa. Por todo lo expuesto, la reducción del déficit público es notable y otorga cierta credibilidad a la meta de déficit hasta fin de año.

En un esplendoroso día de verano, nuestra normalidad se estremeció, cuando en una esquina de una parroquia cercana a Quito, una familia venezolana de varios miembros, lucía un cartel de verde esperanza; y, a su vez, de un lacerante grito de ayuda para sobrevivir en el ostracismo sin nombre, al que se ha sometido a la sociedad venezolana, con la destrucción de su economía, una potencial inflación del millón por ciento y la infame dilapidación de la renta petrolera.

La dantesca situación de Venezuela, concede características de divinidad a la dolarización del Ecuador. Sistema que debemos amar y preservar. Exigencia, responsabilidad intrínseca de toda la sociedad, más, de los gobernantes y las élites económicas políticas y sociales. Sistema dolarizado, unido unívocamente, a una economía sólida con el flujo de dólares externos y cuentas públicas con excedentes. Un llamado a transformar el título del artículo en: superávit fiscal = reducción de la deuda pública.

Las cavilaciones de este artículo, nos obligan a retornar a Pooper, en la búsqueda de un lenguaje apropiado para transmitir de la mejor manera los áridos sentimientos fiscales, bajo el convencimiento de que la simplicidad y la lucidez es un deber moral, la falta de claridad es un pecado, y la pretensión es un crimen. Reflexiones económicas y fiscales que llevan inherente una profunda apreciación del valor de la vida, expresada en su estricta hermosura, cuando al tiempo del placer de escribir, observamos el gozo infinito de un colibrí en su lúdico jugueteo en el agua de una coqueta pileta.

Jaime Carrera es economista.

3 Comments

  1. Todos los analistas economicos, diagnostican el estado enfermiso de nuestra economia. Por el descomunal despilfarro. Sobreprecios. Endeudamiento. Han provocado esta crisis de la que pareceria que estamos en un callejon sin salida. Sin inversiones. Reduccion del empleo. Falta de competitividad. Falta produccion con valor agregado. Malos negocios del petroleo. Y politicas publicas para cobrar los impuestos de empresarios tramposos y devolucion de nuestro dinero robado. Ahi se cubriria el famoso deficit. Y no aumentar la carga tributaria y aumento de los precios de los combustibles. La economia se la sustenta con trabajo, produccion y transparencia.

  2. Qué bueno que alguien con tan sólidos conocimientos de la macro economía y tan ponderados criterios como Jaime Carrera nos transmita algo de optimismo. Debo confesar que me alinearé definitivamente con ese atisbo de esperanza cuando se invite a los Elon Musk, o; en otras palabras a los creativos del mundo; a experimentar en el Ecuador con los trenes del futuro o cualquier otra locura innovadora que nos conecte con las realidades del porvenir y las posibilidades de empleo y riqueza que se desprenden de las ideas disruptivas. Ojalá pronto podamos transformar a nuestro maravilloso país de la mitad del mundo en el centro mundial de la innovación. ¡Audacia es el juego!.

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