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La crisis argentina como llamado de atención para el Ecuador

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El reciente desplome del peso argentino (pasó de 30 a 40 pesos por dólar entre el martes y el jueves de la semana pasada y se ha mantenido en torno a ese valor en los últimos días) ha puesto la economía de ese país en el centro de la escena y ha llevado al gobierno de Mauricio Macri a tomar nuevas medidas para tratar de dar confianza a los agentes económicos. Ese contexto ha sido aprovechado por representantes y defensores del correísmo para augurar que también el Ecuador se encamina hacia una crisis económica porque, según ellos, el actual gobierno está siguiendo el mismo “modelo neoliberal” que el argentino. Para aclarar las cosas conviene citar algunas cifras.

En 2015, último año de Cristina Kirchner como Presidente de Argentina (Mauricio Macri asumió el 10 de diciembre de ese año), el gasto del Gobierno General –que, según el Manual de Estadísticas de Finanzas Públicas del FMI, incluye al gobierno central, los gobiernos estatales, los gobiernos locales y los fondos de la seguridad social– representó el 41,2% del PIB de ese país, 17 puntos más que en 2005. También en 2015, todo según cifras del mismo FMI, el déficit del Gobierno General de Argentina fue de 5,8% del PIB, uno de los más altos de la región. Tras la asunción de Macri las cifras fiscales no cambiaron demasiado: en 2016 y en 2017 el gasto del Gobierno General siguió representando más de 40% del PIB y el déficit incluso aumentó, ubicándose en ambos años en torno al 6,5% del PIB. Con esas cifras, hablar de un “modelo neoliberal” (que supone una participación mínima del Estado en la economía) es, a todas luces, una muestra de deshonestidad intelectual o de pereza por revisar las estadísticas.

Al tratarse de un país federal, el Presidente de Argentina no controla el presupuesto de las provincias (que forman parte del Gobierno General), pero sí maneja el de la Administración Nacional, que en los dos últimos años arrojó déficits primarios en torno al 4% del PIB; es decir, déficits globales –incluyendo el pago de los intereses de la deuda– de alrededor de 7% del PIB, lo que ha demandado un importante financiamiento. Recién tras la “corrida cambiaria” de la semana pasada, el gobierno de Macri se comprometió a reducir el déficit primario nacional a 2,6% del PIB en 2018 y a alcanzar el equilibrio primario en 2019. Es decir, con base en las cifras y los últimos anuncios oficiales, se puede concluir que la reciente depreciación del peso (ya hubo “corridas” de menor magnitud en mayo y junio) no responde a una firme decisión del gobierno por ordenar las cuentas públicas desde el inicio de su gestión, porque, como se ve, el esfuerzo ha sido insuficiente (pese al aumento de algunas tarifas de servicios públicos que el kirchnerismo, por clientelismo político y aparentemente porque eran otra fuente de corrupción, mantuvo congeladas en un contexto de alta inflación). En realidad, el ajuste fiscal al que ahora se compromete Macri (con reducción del gasto público, pero también con nuevos impuestos a los exportadores) es el camino que –tardíamente– quiere seguir para tratar de calmar los ánimos.

Entonces, ¿cuáles son las supuestas similitudes entre el gobierno ecuatoriano y el argentino que les sirven a los representantes y defensores del correísmo para anticipar una debacle? ¿Se refieren acaso al Estado obeso y a la crítica situación fiscal que ambos gobiernos heredaron? ¿O a lo mucho que también ambos se demoraron en afrontar el problema? (Cabe recordar el vertiginoso ritmo de endeudamiento del primer año de la gestión de Moreno y el crecimiento del gasto corriente que se observa hasta ahora.) En ese caso, ¿sugieren que, a diferencia del gobierno argentino, el ecuatoriano no debería tardar tanto en ordenar las cuentas públicas para así reducir rápidamente las necesidades de financiamiento y calmar a los mercados? O, lo más probable si se toma en cuenta la habitual vacuidad de su discurso, ¿hablan del “modelo neoliberal” que supuestamente ambos gobiernos están aplicando sin tener el menor sustento estadístico o teórico para semejante afirmación?

En todo caso, a la luz de los problemas que el excesivo “gradualismo” le está generando a Argentina, el gobierno ecuatoriano debería darse por enterado y, más allá de los anuncios (que, al igual que en el caso argentino, han sido deficientes en detallar los objetivos del programa económico y los pasos concretos para alcanzarlos), mostrar un mayor compromiso con el orden de las finanzas públicas. La reducción del déficit fiscal que se proyecta en el Plan de Prosperidad 2018-2021no se puede basar principalmente en un aumento esperado (e incierto) de los ingresos del Presupuesto. Eso no brinda las certezas suficientes y, si bien el Ecuador no tiene un tipo de cambio que refleje de manera inmediata la incertidumbre de los agentes, sí puede sufrir una “corrida” contra sus bonos soberanos que complique seriamente las opciones de financiamiento.

José Hidalgo Pallares es economista.

1 Comment

  1. Los correístas, por dignidad -si la tuvieran- deberían dejar de ladrar. La verdad es que, si el Ecuador hubiera tenido moneda propia, el mashi mismo, nos hubiera dejado buscando comida en los basureros, como lo hace «maduro» en Venezuela. Los correístas no son capaces ni siquiera de definir lo que fue el Liberalismo, o lo que es el Neoliberalismo; invocan la palabreja con el único afán de espantar a unos hipotéticos seguidores (los borregos sanducheros que ya no les creen) en lugar de definirla para instruírlos.

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