Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La  política y los  reality

en Columnistas/Influencers4P por

La   necesidad de contar con representantes preparados para desempeñar cargos públicos, es una discusión que se está teniendo en los espacios de opinión pública conforme se acercan las elecciones. Y está muy bien que sea así, porque si queremos avanzar como sociedad hacia instituciones sólidas, eficientes y con voluntad de transparencia, tenemos que plantear e insistir desde la ciudadanía que, quienes se apuntan para ocupar esos cargos, sean personas que acrediten conocimientos  y que nos aseguren que, llegado el momento, sabrán administrar la cosa pública con pulcritud pero también con profesionalismo.

Por años, quizás décadas, hemos señalado al enrolamiento de personalidades de gran popularidad provenientes de espacios artísticos y de entretenimiento, como uno de los problemas de la política ecuatoriana. Elección tras elección vemos las papeletas engrosadas con nombres artísticos que deleitan a los ciudadanos con su voz y su arte durante las campañas electorales, pero de propuestas concretas… nada.  Esos mismos personajes ya en el ejercicio de su labor, generalmente pasan sin pena ni gloria ocupando un puesto pagado por todos los ecuatorianos.

Parece que este fenómeno radica en la visión que aún mantienen los partidos sobre cómo se deben definir y construir sus listas, y allí entramos en un debate más de fondo. Todos nos preguntamos: ¿en qué se piensa el momento de preparar una lista? ¿Se está pensando únicamente en juntar nombres  y rostros que sean conocidos y queridos entre los ciudadanos  y que aseguren votos? Si es así, ¿dónde queda la responsabilidad con el país y la democracia por parte de los movimientos y partidos de presentarnos una oferta sólida de ideología, planes de trabajo y visión de país?

El ejercicio de cargos de administración local no es cualquier cosa. Cualquiera que aspire a sentarse en la silla de una Alcaldía, Prefectura o Concejalía debería saber o intuir, que su gestión no puede ser desempeñada como un programa de variedades. En los cargos públicos locales no sólo se necesita ser buen cacho o buen paso, se requiere de conocimiento de alta gerencia, manejo de presupuestos, conocimientos sobre aplicación de mecanismos de participación ciudadana efectiva. Como el de la silla vacía, por ejemplo. Se necesita tener claro el manejo técnico de la metodología de cumplimiento por indicadores que aseguren procesos reales de rendición de cuentas, además de visión de la complejidad urbana, ambiental e incluso rural.

Seguir creyendo en que si se le pone al candidato –luego funcionario electo– asesores buenos, los temas técnicos “salen”, es seguir apostando a los viejos usos que no han dado resultado y que hablan más bien de una gran debilidad al momento de pensar en formar cuadros políticos con gente preparada desde dentro del partido para ejercer cargos de función pública.

Pedimos que los jóvenes participen, pero debemos comprender que si los ellos siguen viendo esos cuadros, ¿cómo vamos a querer que se interesen en política y quieran participar? ¿Qué posibilidades reales tiene un profesional de cualquier rama, que ostenta conocimientos, experiencia y capacidad, frente a números apabullantes de cuerpos bellos y voces privilegiadas que los harán quedar de zapateros en cualquier contienda?

Y sobre este punto conviene trasladar la reflexión también hacia los ciudadanos, ya que somos nosotros los que, al final de cuentas, otorgamos  nuestro voto.  Recordemos que los fondos públicos –que son de todos– van a ser administrados por aquellos que ahora son candidatos. Por lo tanto, dar el voto es cómo confiar la administración de nuestros ahorros a otra persona para que con su manejo satisfaga nuestras necesidades.

Entonces,  ¿a quién vamos a confiar tan delicada función? Vista  así la situación tal parece que en esto de seleccionar a los mejores, también está en nuestras manos y debemos exigir seriedad al momento de escoger candidatos. Esto de que la democracia es asunto de todos se vuelve un hecho cierto.

Todos soñamos con un país diferente, de instituciones confiables  y como las instituciones se conforman con personas, queremos ver allí a los mejores ciudadanos. Estamos agradecidos con aquellos  que con su valioso arte nos entretienen, nos divierten y nos agradan, pero para los puestos de administración pública queremos profesionales de experiencia que pongan su saber al servicio de todos y que tomen los cargos con responsabilidad y no como parte de un reality.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

2 Comments

  1. Desmitifiquemos el rol del asesor. El asesor es la persona que ante un problema, plantea las alternativas -o vías de solución- desde distintos puntos de vista, pero quien decide cuál alternativas es la apropiada es el dignatario. Se aspira que la decisión del dignatario esté orientada por el bien común a partir de la ideología del mismo. Si no tiene ideología, sus decisiones serán al “buen tun-tún”
    Si se continúa repitiendo la cantaleta “¿No tendrá asesores que le aconsejen?”, lo que se hace es devaluar al dignatario, pues parecerá un pelele en manos de los asesores. En ese caso, ¿por qué mejor no elegimos a los asesores?
    Hugo Barber decía que el éxito de un dignatario depende del 5% del asesor y el 95% del dignatario, pues es éste el que -al final- toma las decisiones.

  2. Estimada Ruth, desde hace miles de años se mantiene constante la dicotomía entre el SER el DEBER SER; su apreciación está dentro del sentido común, de la lógica, de lo coherente; empero Usted conoce que los ciudadanos en el momento mismo de elegir a nuestros representantes, mayoritariamente nos guiamos por las emociones antes que por la razón, y los partidos y movimientos políticos, están muy conscientes de esta realidad, por eso es que al momento de llenar sus “listas” optan por nuestros dignos representantes de las artes (que dicho sea de paso están en su pleno derecho constitucional), antes de profesionales preparados para la labor política.

    Seamos realistas ¿quién puede obtener más votos? aquel “nerd” (empollón) profesional del derecho, ciencias políticas o materia afín que se pasa tragando libros o analizando la realidad o ¿ese guapo artista, actor o comediante; esa hermosa modelo, actriz, cantante que encanta y apasiona a las masas?

    Parafraseando al señor Shakespeare sería: “be or should be, that is a question”.

    O siendo más rudo, sería mejor aludir al pensamiento de Joseph de Maistre, quien sostuvo que: “cada pueblo o nación tiene el gobierno que merece”.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Las últimas de

×
Ir Arriba