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Ecuador-Perú: la lección del liderazgo presidencial

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En octubre, políticos, militares y diplomáticos han cumplido con el ritual de conmemorar los 20 años de la paz Ecuador–Perú de 1998. La  conmemoración ha versado, con razón, sobre los indudables beneficios engendrados por la resolución del conflicto.   Pero sobre todo, los protagonistas de los hechos históricos han pugnado, en estos días, por asegurar su lugar en la historia oficial.  El análisis histórico, sin embargo, debe ir más allá y preguntarse ¿cuán difícil fue llegar a la paz? Y ¿cuál fue el rol del liderazgo presidencial?

Si tomamos en cuenta la centralidad que tenía el conflicto en la identidad nacional ecuatoriana después de la guerra de 1941, la conclusión es que la paz era un reto titánico. Recordemos que el Ecuador se definía como un país víctima de una profunda injusticia que lo había privado del territorio que constituía su esencia.  El “país amazónico” difícilmente podía firmar una paz que nos excluía de la cuenca amazónica. El torrente de emoción patriótica durante la guerra del Cenepa demostró que el nacionalismo territorial centrado en el Amazonas seguía vivo.

No obstante, también existieron circunstancias favorables a la paz. Los procesos de integración comercial regional se estaban acelerando en los años 90 y presionaban a los países sudamericanos para que se miren el uno al otro como socios y no como enemigos. Los países garantes que mediaron en las negociaciones de paz 1996–1998 estaban especialmente conscientes de la urgencia de poner fin a las anacrónicas riñas inter-estatales. La guerra del Cenepa, a su vez, fue irónicamente el último destello del nacionalismo territorial ecuatoriano, como la clave para desactivarlo. La victoria de la parte agraviada, en este caso el Ecuador, fue el desquite que permitió superar la enemistad.

No obstante, estas condiciones relativamente propicias no aseguraron el éxito del proceso de paz 1996–1998.  La prueba de ello es que las negociaciones llegaron a un grave punto muerto en mayo, 1998. Todo indica que los militares ecuatorianos ejercieron su poder de veto para impedir que el gobierno de ese entonces acatara “el parecer” de los garantes que recomendaba cerrar la frontera por la Cordillera del Cóndor.  Ese punto muerto engendró una peligrosa presión militar por parte del Perú en la zona del conflicto.

En ese momento, la sucesión presidencial en agosto, 1998 intervino en Ecuador para refrescar las negociaciones.  Los garantes aceptaron que el nuevo presidente ecuatoriano replanteara el proceso. Al mismo tiempo, la luna de miel otorgada en el congreso a todo nuevo presidente generaba condiciones favorables para la aprobación de un acuerdo de paz por la legislatura.  Más aún, la diplomacia presidencial de última hora fue clave para culminar el proceso de paz.  Las reuniones entre los entonces presidentes de Ecuador y Perú en Washington “llegaron al sí”.  Es difícil reconocer el aporte de los dos presidentes porque nuestro juicio histórico sobre Mahuad y Fujimori es tan negativo.  El primero no supo manejar la crisis financiera que estalló poco después y el segundo ha pasado a la historia como un violador de derechos humanos.  Ambos presidentes, aunque en grado muy disímil, son vistos retrospectivamente como corruptos.

El acuerdo al que llegaron los dos presidentes fue un ejercicio magistral de salvar la cara (face saving). El trato daba la apariencia de satisfacer los anhelos ecuatorianos de una presencia amazónica y de obtener reconocimiento por la victoria del Cenepa, mientras aseguraba la demarcación definitiva buscada por Perú.  Y, simultáneamente, atribuyó los términos alcanzados a un supuesto fallo obligatorio de un tercero poderoso, los garantes.  Finalmente, la alianza de la Democracia Popular y el Partido Social Cristiano, un virtual cogobierno, interactuó con la luna de miel presidencial, para agilitar la ratificación del acuerdo por parte del Congreso ecuatoriano.

¿Qué lecciones ofrece el proceso de paz para abordar los problemas que enfrenta el Ecuador hoy?  La lección es la centralidad del liderazgo presidencial en un sistema presidencialista. Sin ese liderazgo, no hay consensos y no se superan los bloqueos que pueden existir por parte de uno u otro poder dentro del entramado socio–político. Hoy, por ejemplo, el reto principal que enfrenta el presidente Moreno es derrotar su propia indecisión y ejercer un liderazgo decidido para conducir al país a un acuerdo con el FMI que asegure una solución de la crisis económica.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

3 Comments

  1. Los académicos tienen que analizar el período de Mahuad en el contexto histórico en que se desarrollaron los hechos. Han pasado 20 años y veo que son insuficientes para darle valor a los aciertos, y porque? no decirlo a los errores cometidos por el ex presidente, el legado de paz con la firma del acuerdo Ecuador-Perú ¡, el legado de estabilidad económica con la implementación de la dolarización y el legado de reivindicaciones sociales a través del bono solidario, bono de la vivienda y otros que se mantienen hasta el día de hoy y que han sido la tabla de salvación de todos presidentes que lo procedieron, el pueblo ecuatoriano sabrá otorgarle el reconocimiento en la historia de nuestro país

  2. La Paz firmada fue una negociación difícil, inteligente, mirando el bien y futuro de la Patria.
    La dolarización de la economía, que nos ha dado 18 años de estabilidad, es otro éxito del Ex Presidente Mahuad, aunque no lo quieran reconocer, como no lo hacían con la paz.
    Dos terribles bombas en sus manos, cuya explosión las supo manejar, poniendo en primer lugar el interés del pueblo ecuatoriano, sin importarle su sacrificio personal.
    El fue un estadista y político serio. Otros, se han aprovechado del bien que hizo, para mentir a la gente, buscando réditos politiqueros.

  3. Mahuad ¿tuvo liderazgo como Presidente? El mismo autor reconoce que en el problema más fuerte que enfrentó su gobierno (la crisis económica), Mahuad fracasó porque no ejerció el liderazgo que le correspondía. Mahuad solo firmó el Acuerdo con Perú, porque no tenía más remedio.

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