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Post correísmo: de pompis grandes y privatizaciones bomba

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El gobierno está urgido de cambios para mantener su gentil apariencia pero, ante la falta de recursos económicos, al menos debe hacerse unos retoques hasta que pueda someterse a la cirugía mayor. Primero, necesita reafirmar sus facciones caretucas mediante un estiramiento facial. Como complemento, necesita un maquillaje a lo Liz Claiborne para que su cutis se vea terso y suave hasta el 2021. También necesita un tratamiento capilar –tipo Glas– para disimular la calvicie producto del estrés correísta. Aparte, necesita agigantarse las chichis e inflarse las pompis para lucir una silueta atractiva para los prestamistas chinos y del FMI. A continuación le sugerimos al equipo económico estatal nuevas formas de financiamiento y privatizaciones para salir de estas calamidades domésticas.

La justicia:
Todos los perseguidos políticos son descendientes de la década ganada. Para ahorrar al Estado cuantiosas sumas de dinero en jueces, juicios, e investigaciones que se diluyen o terminan en la impunidad, que respondan al clamor ciudadano y le devuelvan la Justicia a su legítimo dueño, el economista Rafael Correa Delgado. Así le devolvemos la alegría de vivir y nos quitamos un peso de encima. Al gobierno le ahorraríamos dolores de cabeza y millones de dólares en fondos públicos.

La cárcel 4:
Igualmente, el destino de los procesados de la revolución ciudadana es la cárcel, razón más que suficiente para pensar en privatizar el sistema penitenciario. Para ahorrar recursos y evitar el malestar de los revolucionarios, deberían tomar en cuenta sus protestas o las huelgas de hambre y ponerlos a todos en un solo saco: la cárcel 4.

La corrupción:
Por el consumo masivo, a la corrupción, (al igual que la marihuana), habría que legalizarla y permitir el uso de dosis diarias para satisfacción personal de los viciosos. Según el BID se consumieron 70 mil millones pero hasta la fecha solo se declaran perseguidos y no devuelven lo esfumado. Además nadie ha sido operado de la cirugía mayor y solo se han hecho auditorías previas. Deberían privatizar la corrupción para que la disfruten sus consumidores pero que, a cambio, cumplan con su deber cívico y paguen impuestos por lo robado.

El diezmo:
Es imprescindible que TODOS los asambleístas paguen diezmos y no solamente sus asesores. Si tienen un trabajo fijo, están bien sentados y bien remunerados, deben retribuir de alguna forma al país. Y qué mejor que desprenderse de su inmunidad parlamentaria y mostrar su grandeza por medio de un aporte voluntario y desinteresado. Su generosidad serviría para recuperar ante sus electores –al menos en parte– su extraviada credibilidad. Vallejo y otros están prestos para sacrificarse por la patria y proceder con las recaudaciones. (Incluso ya tenemos los números de sus cuentas bancarias). Lo recaudado podría transferirse de inmediato al Tren Playero. (Por un acto de justicia, deberían dar un diezmo a los inventores del diezmo).

La ética:
Ser ético no tiene nada que ver con el dinero pero la experiencia socialista nos ha llevado a la conclusión de que todo lo que se mueve tiene un precio. Cuando los éticos son investigados se gastan verdaderas fortunas para perseguir a los que investigan. Si la ética se privatiza y pasa a los de manos limpias, los periodistas no tendrían nada que decir ni qué investigar y, por lo tanto, no existirían sitios web como este. Los éticos no tendrían que gastar fondos públicos ni cuentas alegres para perseguirlos. Los recursos que se ahorren servirían para construir al menos el quirófano para realizar las cirugías mayores a la corrupción.

La contratación pública:
La idea del giro específico del negocio funcionó a las mil maravillas porque los negocios giraron específicamente a sus bolsillos. Entonces, para qué perder tiempo concursando de frente si por la puerta de atrás se adjudican los contratos a los ganadores. Si se hace una alianza estratégica y se contrata a dedo con los perseguidos políticos a cambio de un 20%, seguro se va a ahorrar plata al Estado y esos recursos servirán para el mantenimiento de las cárceles donde purgan sus penas los altos ejecutivos del giro específico. Además, los acuerdos serían entre privados y ni la prensa ni nadie tendría motivos para protestar.

El turismo:
Deberían privatizarse las líneas de taxis aéreos: Tame, Legacy y Falcon. Los vuelos de diversión y aventura a los paraísos fiscales nos han costado un ojo de la cara. Claro que nos hemos ahorrado fortunas porque los viajeros han llevado su comida en tarrinas, pero eso no reduce la gigantesca deuda que nos dejaron. Si quieren ahorrar platales al Estado, los remanentes de la revolución ciudadana deberían viajar en los helicópteros Dhruv.

Suprimir los organismos de control:
Los ladrones son más, muchísimos más. Por eso deberíamos deshacernos de entidades inútiles y que no sirven para nada como la Contraloría y la Fiscalía para así reparar –al menos en parte– el daño causado a la revolución ciudadana. Para reivindicarnos con el socialismo del siglo XXI, deberíamos dejar que su jefe le meta de nuevo la mano a la justicia y se encargue de nombrar a la autoridades que más le convienen al país y a los intereses ciudadanos. No saben la cantidad de plata que nos ahorraríamos con la privatización de estas entidades y todos quedaríamos contentos. Los ecuatorianos con nuestra conciencia tranquila. El gobierno con más recursos. Y los revolucionarios se dedicarían al buen vivir en los paraísos fiscales.

El Registro de la Propiedad:
Si bien ya existe el Registro de la Propiedad para que todos los ecuatorianos podamos registrar nuestros bienes adquiridos con el sudor de nuestra frente, el gobierno debería crear el Registro de la Propiedad Ajena. Así, todos los bienes que son adquiridos de forma fraudulenta e ilegal tendrían personería jurídica y serían robados honradamente. Imagínense, la cantidad de rufianes que por fin tendrían que pagar impuestos y aportar al desarrollo del país. Los ladrones reivindicarían el libre ejercicio de su profesión y el gobierno llenaría sus arcas fiscales con recursos frescos para el Plan Toda una Vida.

La gallina de los huevos de oro:
Uno de los problemas de los ecuatorianos es la improvisación. Se debería fomentar desde hoy la disminución de la producción avícola y matar a la gallina de los huevos de oro. Todos y cada uno de los ecuatorianos debemos estar conscientes de que Carlitos no va a regresar a dar la cara, (ni a la Justicia ni a las gallinas). A la vez que promovemos no se desperdicien recursos, les hacemos un favor a los correístas impidiendo que los infieles lapiden con huevos a su María Magdalena.

El control de la natalidad:
Pensando en el futuro y para ahorrar al Estado millones de dólares en persecuciones, alertas rojas a la Interpol, grilletes, y más deudas con la justicia, se deberían promover campañas cívicas para controlar la población socialista porque, al paso que vamos, ellos solitos van a llenar las cárceles. Controlada la natalidad, nuestra sociedad lidiaría con un limitadito stock de manos limpias mentes lúcidas y calzoncillos ardientes.

Caricatura: Marcelo Chamorro

6 Comments

  1. Y… ahora si se volvería a inaugurar no solo el ministerio de la felicidad sino la felicidad y prosperidad completas para las ovejas, los jaguares, los gatos pardos, los capaya, el vidrio, mameluco, carlitos y todo el zoológico.

  2. Muy bien estimado Marcelo, su escrito es lleno de buen humor y sátira a los desgraciados tiempos que nos tocó vivir, con la Década del Micro Imperio de Correa.

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