Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La oposición democrática no es hacer silencio

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Un médico informa que corren riesgo de sanción si recetan algún medicamento de los que no existen en las farmacias del IESS. Pacientes de enfermedades catastróficas han debido recurrir a acciones judiciales para obtener protección y recibir la medicación y tratamiento necesarios. La gerente del BIESS hace publicidad del uso populista de los fondos previsionales que, por definición, deben ser invertidos en proyectos de largo plazo, pero son usados para créditos de consumo. El presidente Moreno se reúne con jubilados a quienes ofrece aumentar pensiones; esto sería un nuevo cargo desfinanciado directo al gasto. Lo propio sucede en la Asamblea que aprueban incrementar pensiones sin prever financiamiento y sin reparo que las pensiones son insuficientes porque los aportes de los pensionados lo fueron.

Los rectores de las universidades conocen que el discurso de reordenar las estupideces de René Ramírez, quedó en cambios insustanciales en perspectiva. Las regulaciones sobre los precios que se deben cobrar por servicios educativos mantienen la filomarxista premisa que la educación superior no debe redituar, que solo debe cubrir costos. Para estas afiebradas mentes del correísmo que perserveran con la anuencia de Moreno, las utilidades solo sirven para reparto y no para reinversión.

Hay momentos de la historia de las sociedades en los que se juntan condiciones objetivas y subjetivas que provocan grandes transformaciones. Para esos cambios, se combinan lucidez y liderazgo con exigencias desde la sociedad. Inicialmente se tenía la noción que era imperativo desmontar las aberrantes estructuras legal y administrativa creadas durante el correísmo. Hacer cambios fundamentales, no ornamentales o de meros ajustes personales de cuentas. Eso se pensaba. Que Moreno, luego de su rompimiento con Correa, propiciaría, desde el mea culpa y el sentido de contrición, transformaciones que sepulten el correísmo. La élite económica, los que se desenchufaron de Correa y se enchufaron a Moreno, una gran parte de la prensa y muchos políticos piensan que los cambios son suficientes si Correa ya no puede ser candidato. Por eso hacen loas a Moreno, se dan por bien servidos y comprometen un pacto de silencio porque, según dicen, criticar a Moreno favorece a Correa. Y de allí, periodistas que creen que hay que tratar sutilmente a Moreno, para no favorecer a Correa. Tuiteros que asestan la sentencia de “correísta” si se critica o cuestiona a Moreno o a algún funcionario u organismo otrora reducto correísta.

Parecía que la demanda de cambios era más profunda. Parecía que la intención de Moreno de reparar los daños del gobierno del que fue parte y del que usufructuó, era más profunda. Parecía que acabar con la pretensiones monárquicas de Correa era una parte de lo que se debía sepultar. Parecía que la sociedad, que saboreó la amarga sensación del estatismo, empujaría la exigencia de cambiar la seguridad social para que no se profundice su descalabro. O liberar al sistema educativo del dirigismo de la burocracia. Parecía que los medios de comunicación requerían exterminar una ley inmoral que interviene en los contenidos editoriales, publicitarios y en las decisiones de inversión. Parecía que los empresarios requerían una reforma sustancial de la política tributaria y arancelaria. Parecía que al país le urgía una purga anticorrupción de magnitud que no termine con una vicepresidente preso por un delito menor. Luego de dieciocho meses de gobierno, todos esos parecía, han sido mediatizados por el acomodo y con la condescendencia frente a un presidente que reemplaza estos grandes retos con bromas insulsas o reflexiones profundas sobre el arroz con huevo, o del sueño que induce a que el país le importe un bledo. Y esto dicho ante dirigentes gremiales a quienes lejos de espantarles tamañas ligerezas, las festejan a mandíbula batiente.

He escuchado a voceros del gobierno decir que Guillermo Lasso hace el juego o tiene un pacto con Correa. Algún vocero y otros asambleístas social cristianos han sugerido lo mismo. Lasso critica, cuestiona, inquiere a Moreno. Porque Moreno no hace, no actúa, no reacciona. En la simpleza y simplificación en la que se debaten los temas políticos, parece que la conclusión es que la calentura está en las sábanas. Desde el gobierno no hay sentido de autocrítica. Por el contrario, se advierte esa desconexión con la realidad o el propósito de maquillarla. Vale de ejemplo un tuit del secretario de Comunicación en el que afirmó que, en una reciente visita de Moreno a Riobamba, nunca un Presidente había sido tan ovacionado: como si las cifras de su caída de popularidad o credibilidad fueren un invento.

Quien hace al juego a correísmo es Moreno porque su inconsistencia, su incoherencia, sus devaneos y contradicciones ofrecen material para que los que deberían ser objeto de juicios y enrejados, se conviertan en acusadores y críticos. Es patético que haya sido la asambleísta Aguiñaga quien, hace unas semanas, con argumentos tomados de la incapacidad del gobierno, criticó la endeble batalla contra la corrupción.

Lasso, desde la oposición, distante de los intereses de la mafia correísta de impunidad, debe reflejar el deseo de muchos ecuatorianos que seguimos esperando un gobierno que destruya esa herencia nefasta de corrupción, abuso, estatismo e intervencionismo, y arranque a edificar un país de libertades. Eso no es hacer el juego al correísmo. Eso es enfrentar lo que representa como sistema, al que Moreno le cuesta enfrentar. Y a estas alturas ya ha perdido la credibilidad para hacerlo. Desaprovechó su capital político, desestimó los diálogos y acuerdos como soporte para propiciar cambios. Ha dejado diluir iniciativas que debió impulsar rápidamente como la de eliminar definitivamente al Consejo de Participación Ciudadana, entre otras reformas constitucionales. Sigue pateando hacia adelante solventar los daños fiscales del derroche y endeudamiento y los daños y amenazas contra la competitividad del sector privado. En ese escenario, el silencio no debe ser una opción; muchos menos de quien representa y expresa un modelo político y económico significativamente diferente.

Diego Ordóñez es abogado y político. 

5 Comments

  1. Así es con los ofrecimientos del gobierno. Anunciaron hace meses la exoneración de impuestos a los cascos y vestimenta de seguridad Motocilista, también a las sillas de niños para los autos, medidas muy necesarias para reducir muertes y lesiones por accidentes de tránsito y hasta ahora nada. Eso sí, la sociedad civil debe darles haciendo su trabajo estando atrás de los trámites que ha ellos les pagan para hacer. Ineptitud a todo nivel.

  2. Que barbarie, una plaga de langostas, revestidas del más tenebroso cinismo y maldad, dejan al Ecuador en escombros , y siguen abrochados al aparato del Estado, la impunidad rampante y por delante Venezuela en un libreto increíble de horror y Apocalipsis.
    Nunca se vió un festival de demonios haciendo gala de todos los pecados capitales, nunca se vió un presidente haciendo gala de tanta miseria.

  3. Realmente un artículo que descibe la cruda realidad del país con ese gobierno sacado de la Muppet show..el pueblo es el ÚNICO que tiene la última palabra, rueden cabezas del que fuere…Ya es hora de reaccionar!!!!!

  4. Muy buen articulo, en cuanto a las universidades estatales deberían pagar matricula diferenciada según la condición económica del estudiante, así funciono en forma salomónica hasta la llegada de los dementes de la revolución afiebrada

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