Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Hay que criticar en voz alta

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Los correístas se allanaron. Muchos que fueron rebeldes en otros tiempos, supuestos intelectuales, periodistas y una ralea de nuevos políticos que emergieron llevados por el arrastre corrupto, se silenciaron ante el abuso y robo descarado; sea porque ese fue el precio de la comodidad, por complicidad o por estúpida  ingenuidad. Otros que no eran correístas, callaron. Algunos se escondieron bajo las mesas, otros pusieron sus mentes en modo diletante para filosofar sobre la inmortalidad del cangrejo y evitar rasgar al poder poderoso de su majestad; otros discreparon valientemente en donde nadie les podía oír. 

Desde los albores de la pesadilla correísta, pocos, incluido el suscrito, levantamos la voz denunciando lo que se avizoraba. Agoreros, nos dijeron. Profetas del desastre nos dijeron. De enemigos del cambio nos acusaron. Eran tiempos tenebrosos, del poder total y del aplauso impune al abuso. Por enfrentarse al correísmo, los avezados, perdimos trabajo, empleos, amigos. Era peligroso que nos asocien por miedo a la persecución.

La pelea, en su esencia, de quienes no callamos pese al acribillamiento inmoral en nuestro ánimo, fue por ejercer el democrático derecho de opinar, discrepar y decirlo sin temor. Este es el núcleo de la democracia. Discrepar, debatir, consentir o sostener la discrepancia; y el gobierno dispuesto a escuchar, a debatir, consentir o defender su discrepancia. En los diez años de correísmo, la represión fue la respuesta a la divergencia y el estado policial y de propaganda al Estado de Derecho. La política se resolvía a golpes, escupitajos, insolencias, agravios a la honra, cárcel. Allí, y ahí está el mérito, hubo políticos resueltos a enfrentar al sátrapa que, arriesgando su integridad, exponiendo su patrimonio e inspirándose en los valores de la democracia, salieron a defender lo que el silencio de los cómplices, de los cautos y cobardes no fue capaz de defender.

Con Moreno ciertamente mucho de ese Estado persecutorio ha cambiado. Una consulta popular, corolario de lucha en las calles, conjuró la reelección indefinida y abrió un proceso de remoción de los lacayos de altos cargos de organismos de control y otros. A pesar de que es lento y que amenaza con permitir los repartos de antaño, Moreno mereció reconocimiento. Hasta ahí ese capítulo cuya resonancia fue que el amigo mutó a enemigo y activó toda su red mafiosa, financiada por el dinero corrupto de comisiones, para enfrentar a su anterior vicepresidente y notorio fan.  

A pesar del reconocimiento por haber resuelto, mediante una íntegra traición repudiar sus orígenes, con Moreno persisten diferencias esenciales, discrepancias con formas de actuar y sobre su impericia para resolver la crisis fiscal, la debilidad institucional, deconstruir el correísmo y construir una verdadera República. Frente a esas diferencias, no se puede guardar silencio o someterse a la conclusión falsa según la cual levantar la voz para requerir respuestas, cambios o decisiones, es hacer el juego a la mafia correísta.

Expresar con libertad las discrepancias fue una causa durante el correísmo. Parece un absurdo que la debilidad y poca capacidad de gestión del gobierno de Moreno sean motivo para autocensurar el derecho de opinar y así evitar la acusación de una velada intención de favorecer a Correa, el corrupto perseguidor. 

La democracia no se fortalece con el silencio. La crítica, inspirada en rectas intenciones, es imperativa. Los políticos de oposición tienen el deber ético de recoger la voz de los ciudadanos. El gobierno, si pretende ser democrático, debe ampliar los espacios de diálogo y escuchar las críticas antes que estigmatizarlas o asociarlas a las intenciones sediciosas de la mafia. Esa es una coartada y una velada expresión de intolerancia. 

Reiterados han sido los llamados a promover una diálogo para sustentar los cambios estructurales y orgánicos que requiere el Estado, para perseguir la corrupción y para que no se ahoguen esas transformaciones en retórica o en acuerdos para ofrecer protección política o reparto de la estructura, como si fuere un reparto de cartas en mesa de casino. No es la crítica lo que debilita: es la incapacidad de responder a las expectativas de una transición.

Diego Ordóñez es abogado y político.

6 Comments

  1. En la década nefasta, recordamos que todos los espacios estaban cubiertos por los correistas a muerte y los pasillos por cámaras para grabar las conversaciones de todo aquel que osaba hablar. Difícil encontrar espacios donde se podía expresar el pensamiento y a cambio recibir una retro-alimentación con crítica constructiva, ni en las universidades en donde el pensamiento es pluralista, donde se dice se respeta la identidad cultural, donde se puede discernir ni allí existía el espacio para hablar porque la Universidad estuvo inundada de leyes, mandatos, observaciones, a cumplir a raja tabla para tener unos estamentos sujetos al pensamiento de Alianza País, y nadie hablaba¡, y se decía que el cambio ya se produciría¡, que era cuestión de cumplir sin fundamento los doctorados, las investigaciones, las publicaciones y cero participación en la vida nacional, cero participación en el debate público y el retraso hasta ahora se vive en el desarrollo de la ciencia, si esto sucedía en la Universidad, que opinión ciudadana podía haber en otros estamentos de la vida pública. Todos tuvimos miedo no a Correa sus ideas siempre fueron basura por estar basada en la mentira, en el engaño en la publicidad de los alvarado, sino a su fuerza de guardaespaldas que actuaban con la estupidez a una señal del jefe de la banda.

  2. Completamente de acuerdo. Y nos consta que usted fue de las pocas voces en alzarse contra la corruptela correista. Habra que seguir insistiendo para que no reine la impunidad y todos estos sin verguenzas terminen tras las rejas como deberia ser

  3. “… otros discreparon valientemente en donde nadie les podía oír”. Sí señor, y ahora, los expertos en “finta ante el espejo” (los que saben de boxeo me entienden) quieren aparecer como los preclaros paladines de la libertad de opinión, como si el “susurrar a la oreja” fuera mérito. El país sí tiene identificados a quienes se la jugaron, y ese valor republicano siempre será reconocido por los que no “filosofamos en un trino”.

  4. Felicitaciones por su importante artículo . Efectivamente , cuestionar la inacción del actual gobierno para enfrentar de manera decidida males como : la corrupción , el descalabro económico y terminar definitiva y radicalmente con la nefasta herencia del correismo , de ninguna manera puede considerarse como que se le hace el juego a obscuros intereses de los que añoran la década robada .

  5. Un saludo muy cordial a Usted Sr.Ordóñez y gracias por su incansable y frontal lucha contra ese mal ,llamado correismo..Hay otros tales como Villavicencio, Hinostroza, Rosero, Jiménez, Pallares, Hernández que igual se merecen un fuerte aplauso y un fuerte y sonoro MIL GRACIAS! !!!!

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