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No es momento para bajar el IVA

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Según el Ministerio de Economía y Finanzas, en 2019 el Presupuesto General del Estado (sin incluir las observaciones hechas por la Asamblea a la Proforma y que en buena parte buscan aumentar el gasto) va a tener un déficit de $3.655 millones y unas necesidades de financiamiento de $8.166 millones, más de la mitad de los cuales aún no tienen una fuente identificada. El excesivo optimismo del Gobierno en cuanto a los ingresos petroleros y tributarios que recibiría el próximo año lleva a pensar que el déficit y las necesidades de financiamiento, a menos que se dé un ajuste drástico en el gasto, van a ser más altos. Jaime Carrera, uno de los mayores conocedores del país sobre el estado de las cuentas fiscales, cree que el próximo año el déficit podría rondar los $6.000 millones y, ante ese escenario, ha sugerido en su última columna en 4Palgunas medidas para achicarlo: reducir (focalizar) los subsidios a los combustibles, recortar el gasto corriente (en sueldos y salarios, bienes y servicios de consumo y transferencias) y aumentar el IVA en dos puntos.

Sobre las dos primeras medidas parece haber un consenso entre varios economistas. No así sobre el tema del IVA, que ha generado debate en las últimas semanas. Algunos analistas, principalmente aquellos que conforman el Foro de Economía y Finanzas Públicas, sugieren que lo correcto, lejos de aumentar el IVA, es reducirlo. El argumento que ha expuesto el economista Marco Flores, vocero del Foro,es que en 2017, cuando la tasa del IVA se redujo del 14% al 12%, la recaudación de ese impuesto aumentó en $610 millones. Las cifras del SRI muestran, de hecho, que en TODO 2017 la recaudación de IVA sumó $6.315 millones; es decir, casi $611 millones más que el año anterior (sin considerar los ingresos extraordinarios que los dos puntos adicionales generaron en ambos años). Sin embargo, ese aumento merece un análisis más detenido. En primer lugar, entre enero y mayo de 2017, como consecuencia de la “Ley Solidaria”, aún estaba vigente la tasa de IVA de 14% (se redujo nuevamente a 12% recién a partir del 1 de junio). Por lo tanto, lo más preciso sería comparar el período junio-diciembre de 2016 (cuando el IVA estuvo en 14%) con los mismos meses de 2017 (ya con la tasa nuevamente en 12%). Al comparar esos períodos aún se registra un aumento, pero de apenas $324 millones. En otras palabras, en los primeros cinco meses de 2017 (cuando la tasa del IVA era del 14%) se recaudaron, descontando los ingresos extraordinarios generados por esos dos puntos adicionales, $287 millones MÁS que en igual período de 2016 (cuando la tasa era de 12%). Por lo tanto, incluso sin considerar los demás factores que incidieron en el crecimiento económico de 2017, no se puede decir que la reducción de la tasa del IVA en dos puntos fue la que motivó el aumento en la recaudación.

Por otro lado, hay varios factores que ayudan a entender por qué la recaudación de IVA en 2017 fue mayor que en 2016 (el peor año desde que el Ecuador se dolarizó). El primero de ellos es el repunte de la actividad como consecuencia, sobre todo, de la inyección a la economía de recursos procedentes de nueva deuda, principalmente externa. De hecho, según el Banco Central, en el primer semestre de 2017 (durante la mayor parte del cual el IVA se mantuvo en 14%) la economía en conjunto creció 1,9% frente a igual período de 2016 y el consumo de los hogares lo hizo al 3,4%. Al repunte de la actividad en 2017 también ayudó el crecimiento de los créditos bancarios, cuya demanda se había desplomado en 2016: según Asobanca, al cierre de 2017 la cartera de los bancos era 21% mayor que en diciembre de 2016. Ese crecimiento tampoco parece adjudicable a la reducción del IVA, ya que a mayo de 2017; es decir, cuando el IVA seguía en 14%, la cartera de los bancos ya era casi 15% mayor que en mayo de 2016 (IVA de 12%). Finalmente, en 2017, sobre todo a partir de la segunda mitad del año, pero no por la reducción del IVA sino por la eliminación de las salvaguardias, se observó un notorio crecimiento en las importaciones que venían represadas luego de más de dos años de restricciones. Esto derivó en un fuerte crecimiento en la recaudación de IVA a las importaciones que, de hecho, explica más de la mitad del aumento en la recaudación total de IVA en 2017.

En 2019 ya no estarán presentes todos o casi todos los factores que explicaron el repunte de la actividad (y, por tanto, de la recaudación de IVA) en 2017. Por el lado fiscal, todo apunta a que el Gobierno, por decisión propia o forzado por las circunstancias, deberá recortar el gasto, con los efectos negativos que eso provoca en una economía que, por el irresponsable manejo de los años previos, llegó a depender enormemente de los recursos fiscales. Por el lado financiero, el próximo año los bancos deberán seguir moderando el ritmo de entrega de créditos, ya que en los últimos meses el crecimiento de la cartera ha superado por mucho al de los depósitos, por lo que la liquidez excesiva que los bancos acumularon en 2016 ya ha regresado a los niveles prudentes. En cuanto a las importaciones, el previsible fortalecimiento del dólar hará que éstas sigan ganando atractivo frente a la producción nacional. Por tanto, una medida como la reducción del IVA podría alentar sobre todo la compra de productos importados (donde habría más margen para reducir los precios al consumidor), lo que no es prudente en un contexto de bajas reservas internacionales y exportaciones estancadas.

En resumen, en las actuales condiciones de la economía (que incluyen también un mercado laboral deteriorado que hace difícil prever un repunte significativo en el consumo si los precios de los productos gravados con IVA bajan, cosa que tampoco es segura), lo más probable es que una reducción de ese impuesto produzca una caída en los ingresos tributarios –agrandando el déficit fiscal y las necesidades de financiamiento– y, posiblemente, fomente aún más las importaciones, poniendo más presiones sobre la balanza de pagos. No es, por tanto, un momento oportuno para reducir el IVA. Por el contrario, la precariedad de la situación fiscal y las crecientes dificultades para acceder a financiamiento hacen que un aumento en ese impuesto (el de más fácil recaudación) deba ser considerado. Obviamente, una medida de ese tipo (que durante la vigencia de la “Ley Solidaria” generó ingresos extraordinarios por más de $800 millones) implica un esfuerzo de los consumidores y, por tanto, debería ir acompañada de acciones decididas de ajuste en el gasto público y, por qué no, de la eliminación o reducción de tributos mucho más dañinos para la actividad y la inversión, como el Impuesto a la Salida de Divisas.

José Hidalgo Pallares es economista.

5 Comments

  1. Destaco de este análisis los dos puntos en los que hay consenso de los economistas: focalizar los subsidios y reducir el gasto público. Basta de vivir “tarjeteando” como dice Alberto Acosta Burneo, de postergar las decisiones difíciles, hay que pensar en el largo plazo, no el periodo de gobierno que queda. Ya mostró valentía eliminando el subsidio a la gasolina Súper, iba a haber un diálogo con respecto al resto de subsidios a los combustibles. Y lo que tiene consenso nacional es la reducción del tamaño del Estado, como dijo Acosta Burneo: el estado debe ocuparse de seguridad, educación y salud.

  2. Los economistas y los metereologos son los profesionales que nos ponen en la mayor incertidumbre en 2 aspectos de nuestras vidas, cuando dicen q un pais va estar mal en su economía sucede todo lo contrario y si dicen va estar bien sucede q nos va mal; asi en el clima dicen va a llover y sale el sol o lo contrario de su pronostico. Por elegir a un economista estamos como estamos. Ya ponganse de acuerdo!!

  3. Aumentar el IVA en una economía con graves problemas es darse un disparo en el pie derecho cuando se quiere correr y acaso no son las mismas soluciones .q planteaba el FMI cuando recurríamos a sus créditos

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