Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Permitan al presidente Moreno escoger su vicepresidente

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La suerte de la vicepresidenta Vicuña está echada. Sin funciones específicas que cumplir, carente de respaldo gubernamental y abandonada a su suerte tanto por la bancada oficialista como por la de la Revolución Ciudadana (nunca se sabrá a quién fue más leal), su futuro se acerca más a los recovecos de un centro de rehabilitación social que al Palacio de Carondelet. En el plano político, la ausencia de Corte Constitucional dilatará el proceso de enjuiciamiento al punto que el calendario electoral terminará por bajar las tensiones en la Asamblea Nacional. Con ello, al Presidente Moreno le quedarán las últimas semanas del año para pensar en la persona que le acompañará durante lo que resta de su período de gobierno. La tercera es la vencida, dice el adagio popular. El país espera, por tanto, que en esta designación el criterio que prime sea el de la estabilidad y el buen desempeño de las políticas públicas.

Dadas la coyuntura que afronta el país, un buen vicepresidente sería alguien que se encuentre apartado de ambiciones electorales, sin filiación partidista y con vocación de servicio. Esa persona debería encarnar, por tanto, las virtudes cívicas de quien desea aportar a la rehabilitación del país en el plano político, económico y esencialmente ético. Ese vicepresidente, mujer u hombre, debe ser quien otorgue coherencia a la idea de que el gobierno actual tiene como objetivo la transición hacia la prosperidad material, la competencia electoral y la convivencia ciudadana a partir de la tolerancia. En los actuales momentos, el nuevo vicepresidente está llamado a ser alguien que se constituya en el consejero del Jefe de Estado, sin funciones específicas, sin pretensiones políticas, sin otro afán que volver a sus actividades privadas el 24 de mayo de 2021.

En el plano político, un vicepresidente mesurado y ajeno a las disputas de poder también permitiría transmitir una señal de ecuanimidad y equilibrio a los diferentes actores que se disputan espacios de influencia. La ausencia de intereses partidistas del vicepresidente facilitarían la articulación del gabinete ministerial, distendería las tensiones ahora existentes y darían un respiro al Presidente Moreno para que se dedique a la labor de pensar cómo resolver los acuciantes problemas del país. Así, el vicepresidente asumiría la posición de un tercero imparcial, ubicado no como un convidado de piedra sino como un punto de acuerdos y reducción de conflictos. Por ello, el nuevo segundo mandatario tampoco debería ser cercano a grupos económicos específicos. Un ciudadano pulcro, mujer u hombre, le permitirían al Presidente Moreno zanjar de una vez las diferencias existentes en el gobierno y apuntalar la estabilidad que tanta falta hace al país.

Un vicepresidente que sea consejero del Jefe de Estado y a la vez coloque el justo medio en la disputa política debe ser, por tanto, alguien cercano al Presidente Moreno y no a sus cercanos. No es lo mismo ni se escribe igual. Ese vicepresidente debe ser alguien a quien el primer mandatario pueda encargar la conducción del país por unos días y retirarse a cumplir funciones oficiales en el exterior sin que medien temores ni sobresaltos. Alguien que le permita atender con tranquilidad sus asuntos personales o incluso de salud, por qué no decirlo. Alguien, en definitiva, que no sea parte de su colaboradores políticos y económicos de momento. El Presidente Moreno habrá aprendido ya que las palmaditas y genuflexiones se transforman en conspiración y deslealtad a la vuelta de unos pocos meses.

Señor Presidente, tómese su tiempo y designe a alguien de su confianza como vicepresidente. Alguien que le diga frontalmente en lo que se está equivocando y que sea su guía en la conducción de un país tan convulsionado como este. Pida a sus ministros, asesores y grupos cercanos, que le permitan escoger a la persona que le acompañará en el resto de su gobierno. Demándeles un mínimo de respeto y compromiso cívico a quienes le rodean. Tenga usted la seguridad de que en ese aspecto la opinión pública y la ciudadanía le apoyarán abiertamente.

Si usted cede y coloca en la vicepresidencia a alguien con ambiciones políticas inmediatas o con intereses económicos puntuales, no sólo incrementará el descontento entre los que no han sido favorecidos sino que sumará más frentes de oposición a los ya existentes. Usted ya se equivocó dos veces, Señor Presidente, y en ambas ha salido bien librado. Si reincide, seguramente no correrá la misma suerte. La política le pasará una factura de impredecibles consecuencias a usted y desafortunadamente también al país.

Santiago Basabe es académico de la Flacso.

8 Comments

  1. Lúcido artículo , y de acuerdo a como se dan las cosas en el país , parece que su pedido tendrá eco y se cumplirá y esta vez el Lcdo si acertará .

  2. Magnifica su apreciación Sr. Basabe! pero me pregunto:
    En tiempos de austeridad para que se necesita otro Vice? a la final los dos últimos no tuvieron responsabilidad alguna; para echar a andar las políticas de desarrollo del poder Ejecutivo se debería designar cualquier responsabilidad entre los tantos ministerios que hoy en día existen. Cuánto dinero se ahorraría sin 200 pipones menos. Aún por seguridad y tranquilidad del Presidente debería deshacerse de los espías y familiares de MAV que quedan ya plantados.
    A propósito de austeridad en que quedo la venta de los dos aviones? el Nuevo Presidente México ya cumple su promesa de vender el Lujoso Avión presidencial y es una de las primeras medidas que ha decidido poner en marcha el nuevo Gobierno.

  3. Un vicepresidente puede ser el brazo ejecutor del ala encargada de la productividad, o del área social, la vicepresidente cesante lamentablemente no se sabe a qué se dedicó, este mismo gobierno deriva sin rumbo

  4. Muy buen artículo! Un candidato que coincidiría con su descripción arriba mencionada sería Leon Roldos A…Un llamado al Licenciado: Ya no la riegue! !!

  5. Comparto con el Sr. Vicente el criterio de dejar vacante esa posición, VELASCO decía que el vicepresidente era un conspirador con sueldo, recuerdan como le calificaban a Peñaherrera, “serrucho”, si no se tiene vicepresidente no se pierde nada y el presidente podrá dormir en paz, no Cook ahora, con el un ojo abierto y el otro en Bélgica.
    El país se ahorraría el sueldo de 195 pipones, que pasan de fiesta en la dependencia

  6. Comparto con Santiago Basabe su lúcido artículo en torno a los requisitos morales y cívicos que debe poseer el candidato -mujer u hombre- a próximo vicepresidente de la República, en función del por qué y del para qué de sus funciones. Por tanto, la terna vicepresidencial que, llegado el momento, el Presidente de la República deberá enviar a la Asamblea Nacional, debe ser de personas probadas por su integridad y lucidez, por su sentido de Patria, por su independencia de los grupos de presión y por su vocación democrática y republicana, independientemente de que pertenezcan o no a partidos políticos. En su elección, deberá imperar la necesidad del hombre o de la mujer proba que hace de la filosofía de Patria una guía permanente de conducta y de responsabilidad ciudadana.

  7. Me parece sensato el análisis que usted hace con respecto al vicepresidente, aunque, me inclinaria por dejar cesante esta posición, dada la situación política y económica que vive el país.

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