Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El gobierno tiene déficit de Ideas

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El gobierno de Lenín Moreno sufre de un claro déficit intelectual, sobre todo le hace falta una idea rectora que inspire y otorgue coherencia a su discurso y políticas públicas.  A muchos ciudadanos les debe parecer que las ideas son inexistentes en la política ecuatoriana, donde priman intereses oscuros y pugnas entre mafias.  Es entendible este escepticismo, pero las ideas son imprescindibles en cualquier contexto político: o figuran como justificativos u orientan la acción política y estatal.  Por ello, es importante que el gobierno de Lenín Moreno formule una idea rectora más allá de un amorfo retorno a la “normalidad democrática”.

Sin duda, el Ecuador no ha tenido en las últimas décadas grandes intelectuales que hayan aportado a los debates políticos del país. Ha habido en general una limitada capacidad para pensar el país o proponer soluciones creativas. Los intelectuales de izquierda, desde los años 40, han reclamado una autoridad indiscutible en este campo. No obstante, sus aportes han sido minúsculos, como la tesis del “pequeño gran país” convertido en supuesta potencia cultural. En realidad, el proyecto de la arrogante izquierda intelectual, a la sombra de una retórica altisonante, ha sido construir redes clientelares para perpetuarse en cargos públicos o lograr el generoso financiamiento estatal para sus centros culturales o de “reflexión crítica”.  La derecha hace décadas, en cambio, se piensa a sí mismo como pragmática y busca avanzar una agenda que emana directamente de la actividad empresarial. Esta agenda, sin duda, contiene elementos imprescindibles, pero carece de la capacidad para movilizar a las mayorías, como se ha comprobado en innumerables derrotas electorales.

Si ha habido un intelectual público que haya ejercido una influencia positiva en el espacio público, ha sido Oswaldo Hurtado.  Desde el desarrollismo de los años 70, a la gobernabilidad y neo-liberalismo de los años 90, Hurtado estuvo a la vanguardia de muchas de las visiones que marcaron el debate.

Los noventa fueron una época relativamente fructífera en la producción y circulación de ideas políticas en Ecuador.  Al mercado, habría que agregar la preocupación por potenciar la sociedad civil, la descentralización y el pluri-nacionalismo. Todo este conjunto de innovaciones se vio reflejado en la abortiva Constitución de 1998, muy superior al mamotreto de Montecristi, en la que la despartidización que nació con Ruptura de los 25 abrió las puertas al caudillismo correísta.

La idea fuerza del correísmo, a su vez, era la soberanía nacional y popular. La soberanía nacional funcionaba como contrapunto al orden global neo-liberal y sus instituciones multilaterales, como también al “imperio norteamericano”.  Internamente, la exaltación de la soberanía popular justificó la refundación constitucional como un retorno a la fuente del poder: el pueblo. El énfasis en la soberanía popular, asimismo, deslegitimaba la intermediación partidista como un secuestro de la voluntad del pueblo. La voluntad popular debía además, según el correísmo, ser unánime; solo sus enemigos, supuestamente dedicados a los golpes blandos, disentían. Adicionalmente, como el pueblo no podía ejercer la soberanía en la práctica, Correa se erigió en la encarnación indiscutible de esta. Era él quien tomaba las decisiones que expresaban la voluntad colectiva unánime. Estrechamente asociado a la obsesión con el “soberanismo” estaba la tesis de la “rehabilitación del Estado”. Este coctel de ideas era tóxico y sirvió para formular y justificar un caudillismo represivo, y un estado obeso y censurador.

¿Cuál es la idea rectora del momento post correísta? Lenín Moreno ha apuntado a una “normalización”. Se trata, aunque no se formule claramente, de una reconstrucción de un estado liberal marcado por el pluralismo, la mediación partidaria y la división de poderes.  No obstante, esta idea rectora es insuficiente para movilizar apoyo o afrontar la crisis del país. La democracia liberal es tan indispensable como es insuficiente.  No solo que constituye una democracia de baja intensidad, sino que es un esquema que no resuelve la inviabilidad del modelo económico rentista/extractivista, profundizado durante la década del correísmo. Para afrontar la crisis económica, Lenín Moreno debería abiertamente deslegitimar el pacto social rentista/extactivista, en que cada clientela espera que el gobierno le solucione su vida mediante el reparto de la renta petrolera; y proponer un nuevo pacto social basado en el estado mínimo y el mercado auto-regulatorio. Claro que el mercado tampoco es muy popular y requiere como complementos algo de política social y la sensación de comunidad.  La política social se puede tercerizar a través de vouchers para servicios privados y la ilusión de comunidad generar a través de una campaña nacional de voluntariado social.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

3 Comments

  1. Que esperar de un Gobierno lleno de sociolistos que desde su vida estudiantil demostraron ser vagos, que lograron apenas graduarse en base a componendas con sus profesores sosiolistos tambien.

  2. Si existieron intelectuales que plantean salida a pesar del poco espacio que les dejaba el gobierno correista. Ejemplos: el pájaro Febres Cordero, Diego Cornejo Menacho
    BONIL y como ellos muchos otros que buscaron un resquicio para hacer oposición y dejar clara su opinión política

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