Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Los robots salvarán al Ecuador?

en Columnistas/Influencers4P por

La visión del Presupuesto del Estado, va más allá de la responsable o irresponsable previsión de ingresos, gastos y necesidades de financiamiento de las cuentas públicas. Constituye, en esencia, un instrumento vital de la conducción económica, social y política de un País. Sus consecuencias, positivas o negativas, para la vida de la sociedad, tienen una dimensión muy superior a la numérica significación del 36 por ciento de la producción nacional.

Cuando los presupuestos públicos acopian los aportes de toda la sociedad, mediante los impuestos y la renta petrolera, y los destinan a determinados fines económicos y sociales mediante los gastos estatales, deben reflejar su intrínseca tarea redistributiva en pro de la equidad social y disminución de las desigualdades. En esa perspectiva es fundamental el cuidadoso equilibrio entre una carga impositiva, que no desaliente la creación de riqueza personal y empresarial, y, a su vez, la eficiente asignación de recursos para las naturales funciones de un Estado: seguridad, educación, salud, y bienestar social de los menos favorecidos.

De otra parte, los presupuesto públicos se constituyen en una condición sine qua non de la estabilidad económica de una nación; por tanto, pilar no negociable del progreso de las sociedades. Objetivo de valor colectivo reflejado en un tamaño de gasto público que no doblegue las espaldas de personas y empresas, y facilite su diario quehacer en su empeño de producir cada día más y mejor. Aspiración traducida en presupuestos equilibrados. Los presupuestos con exuberantes saldos rojos son sinónimo de inestabilidad económica y perpetuación de la pobreza. Si bien la dolarización tiene en su ADN la estabilidad macroeconómica, su par gemelo en esta cruzada es el equilibrio de las cuentas públicas.

No menos importante que las funciones redistributivas y de estabilidad económica, es la contribución de los presupuestos públicos al crecimiento de la economía y la generación de oportunidades para el bienestar de los más pobres. Una economía crece y se desarrolla con abundantes inversiones, estas no fluyen si las finanzas públicas se muestran insostenibles y los elevados gastos corrientes del Estado deprimen la inversión pública complementaria a la inversión privada. El inversionista que cuida con rigor cada dólar, no está dispuesto a arriesgarlo en un país que cada año requiere de cuantiosas sumas de dólares para financiar sus déficits y otras deudas, y que para obtenerlos está a merced de los mercados que castigan al Ecuador con altos intereses derivados del elevado riesgo-país.

En una democracia liberal, ejercida como escenario connatural al desarrollo de una sociedad, los Poderes Ejecutivo y Legislativo, tienen la responsabilidad compartida de administrar y aprobar presupuestos públicos que encarnen con solidez sus elevadas finalidades de redistribución, estabilidad económica e impulso al crecimiento de la economía. Es causa de profundo desaliento para el futuro del Ecuador que, en tales instancias, el maltrato técnico del Presupuesto del Estado y el divorcio con sus nobles finalidades, reflejen con dolor la secular precariedad y decadencia en la gestión del Estado y fortalecimiento de las responsabilidades democráticas.

Las recomendaciones de la Asamblea Nacional sobre la Proforma del Presupuesto General del Estado, son un monumento a la mediocridad conceptual y traducen la pobre representación del pueblo en el templo de la democracia. Aumentos del gasto y menores ingresos sólo abonan a intensificar los números rojos, color que parece no llegar a los rostros de los proponentes. Sus limitaciones no alcanzan la comprensión de la importancia de la reducción del gasto corriente para ajustarlo al mandato constitucional de adecuarlo al ingreso permanente del Estado. Las miopes miradas ubican en el obscurantismo un horizonte fiscal de mediano plazo que, al inobservar reglas fiscales de su propia autoría, proscriben el equilibrio y la preservación de sanos presupuestos públicos.

Andrés Oppenheimer en su reciente libro ¡Sálvese Quien Pueda!, realiza el siguiente relato: “Recientemente, un robot llamado Michihito Matsuda ya presentó su candidatura para la alcaldía de Tama, una localidad de Tokio, prometiendo en su campaña que “la inteligencia artificial cambiará la ciudad de Tama””. Matsuda, que según reportes de prensa fue una creación de dos empresarios del mundo tecnológico, no resultó electo: ganó 4.000 votos y salió tercero. ¿Pero cuanto faltará para que un robot -mejor preparado que Matsuda- convenza a los electores que podrá tomar decisiones más equilibradas que un humano?”. Ante la precariedad de las élites que gobiernan el Estado, quizá, con cruel ironía, tengamos que esperar que futuros Matsudas, conduzcan al país por los senderos del desarrollo y la superación de los desafíos que en innovación y tecnología demanda la cuarta revolución industrial.

Jaime Carrera es economista.

3 Comments

  1. YO COMPARTO CON EL CRITERIO DE QUE EXISTE SIN DUDA UNA ESPERANZA EN LA TECNOLOGIA LA CUAL ES UNA HERRAMIENTA Y NADA MAS, SOLO Y EXCLUSIVAMENTE EL HUMANO ES RESPONSABLE DE SUS DECISIONES POR ENDE PUEDE SER SANCIONABLE Y REPROCHABLE POR LA SOCIEDAD, POR TANTO EL DEJAR LA RESPONSABILIDAD A UNA MAQUINARIA O HERRAMIENTA SERIA UN RETROCESO SOCIAL

  2. Estimado Jaime. Entiendo y comparto su angustia y desilusión con los resultados del gobierno y la interminable lista de crisis y mal manejo que ha caracterizado, no sólo la presente década, o siquiera el período de retorno a la democracia que vivimos desde mediados de los años 70; si no, la histórica realidad que vive el continente desde la época republicana, las cruzadas independentistas e inclusive la colonización europea.

    Sin embargo, como un profesional de la inteligencia artificial, la automatización robótica y el análisis de grandes datos, debo advertir en contra de los deseos deterministas de dejar las grandes decisiones administrativas de los estados a los algoritmos digitales.

    Puedo elaborar dos observaciones a la alternativa planteada por Oppenheimer:

    1. El principal problema de la mal llamada “inteligencia artificial” es precisamente la ausencia de inteligencia en las decisiones que se puedan tomar. Un algoritmo basa su operación en una súper simplificación de un fenómeno para crear un modelo. Utiliza esta representación simbólica de un hecho, y hace una decisión basándose en los datos disponibles (utilizando diversas herramientas digitales que son en principio estadísticas). Pero como sabemos, y las ciencias sociales han demostrado en cantidad irrepetible, la inteligencia no es sólo tomar decisiones basadas en números fríos y eficientes. La inteligencia humana, y el administrar bienes públicos requiere entereza, valores y navegar entre contextos diversos, culturales, políticos, sociales e inclusive personales.

    Valores como liderazgo, confianza y respeto no pueden ser encomendadas (o pero aún ignoradas) en una máquina, no sólo por la obscuridad que los algoritmos computacionales representan para las personas sin formación en los temas técnicos, si no principalmente, porque el manejo de decisiones que afectan vidas humanas deben ser de responsabilidad inequívocamente humana.

    2. Latinoamérica, Ecuador siendo nuestra referencia, tiene un problema con las cajas negras. Consideremos cajas negras a aquellas tecnologías que han sido desarrolladas en el exterior, sin considerar nuestra realidad y la cultura e idiosincrasias locales. Veamos los ejemplos de sistemas como Uber o Cabify y la conmoción social que estas tecnologías causan en las mafias del transporte. Mire usted el ejemplo de los automotores de transporte urbano (buses) y el mal manejo que los choferes (agentes humanos en estos sistema) crea caos, accidentes y ocasiona la muerte de personas.

    Finalmente, todo intento de implementar tecnología en la política pública eventualmente está expuesta a actores inescrupulosos y mafias de toda índole que ven en los sistemas de administración informática oportunidades para avanzar sus intereses manipulando la lógica de estos sistemas. Y por supuesto, la falta de ética de muchos profesionales informáticos que utilizan su conocimiento para prestarse a estas infames tareas, a precio de un beneficio económico inmediato. Recordemos la innumerable lista de datos manipulados, información ambigua e irrespeto a procesos y leyes que son mediados por estos sistemas.

    Es por esto, que ciertamente espero que los robots nunca sean vistos como una alternativa, o peor aún como un pretexto para evitar responsabilidad, para el manejo público y para el desarrollo social y cultural que es necesario en nuestro país. La “cuarta revolución industrial” no tendrá como escenario el Ecuador, al igual que no lo fue en las tres anteriores.

  3. Economista, su documento explica en forma clara, lo que representa un presupuesto y como elaborarlo para que constituya una guía de la gestión del gobierno de turno muy claro. Felicitaciones por lo menos plantea la esperanza de que la robotización salvará al Ecuador, porque las mentes lúcidas de la nefasta década correista, tergiversaron conceptos, manipularon las cuentas, definieron al gasto corriente corriente como gasto de inversión, y bastó una sabatina para que los corazones ardientes se transformen en bolsillos ardientes por la corrupción, todos se aprovecharon de los recursos fiscales.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Las últimas de

×
Ir Arriba