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Vasallaje o beneficios mutuos con China

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Uno de los puntales de la política internacional de Correa fue convertir a China en socio estratégico del Ecuador. Bajo Correa, China devino en un actor externo clave para el país: fuente de financiamiento, constructor de infraestructura e inversionista en los recursos naturales en el país.

Como en otros países, la relación con China, ha sido cuestionada por grupos de sociedad civil. Tales cuestionamientos han tenido eco en la opinión pública y existe un fuerte escepticismo ante la opción de continuar o profundizar las relaciones con el gigante asiático. Este es el contexto en que Lenín Moreno realizó en estos días su visita oficial a Beijng. A pesar del actual pesimismo, resulta evidente que China, por su enorme peso en la economía global y proyección geopolítica, es un socio tan incómodo como ineludible.

¿Que busca China en Ecuador? China ha logrado proyectarse a nivel global desde el 2000. Esta proyección deriva en gran parte de la insaciable demanda que tiene China de alimentos y recursos naturales. Se trata de un país que experimenta una revolución industrial y rápida urbanización parecidas a Inglaterra en el siglo XIX. Además, China posee abundante liquidez que busca rentabilizar mediante inversiones transnacionales de sus empresas estatales. China, como los imperios del pasado, no depende exclusivamente del mercado para abastecerse de estos productos o colocar su excedente de capital. Moviliza su poderío y su sorprendente habilidad estratégica para asegurar los flujos de bienes y capitales que le interesan, haciendo uso de mecanismos extra-económicos como el canje de préstamos por petróleo o financiamiento atado a la contratación de empresas chinas.   Esta estrategia opera sin mayores variaciones en Asia, África y América Latina.

Las grandes obras de infraestructura ocupan un rol medular en la estrategia de expansión china. Estas sirven no solo para movilizar los recursos naturales y alimentos que requiere, sino que tejen una red de transporte y comunicación cuyo nódulo central es China.  No es casual que asocie esta iniciativa con la histórica Ruta de la Seda. Durante siglos el comercio mundial tenía a China como centro de gravedad.  Por el sesgo occidental que tenemos los latinoamericanos, no nos damos cuenta de que incluso la plata que se extraía en Alto Perú y México, en la “época de dominio español”, terminaba, en una proporción altísima, en la economía fuertemente monetizada de la China de las dinastías Ming y Qing. Pagaba por las vasijas de porcelana y la seda tan cotizadas en Europa.

Tarde o temprano, el Ecuador iba a integrarse en los nuevos circuitos “sino-céntricos”, pero las políticas de Correa aceleraron y profundizaron esta inserción. La renegociación forzada de la deuda con los acreedores privados en 2009 dejó a Ecuador fuera de los mercados globales centrados en New York. La disputa ideológica con los multilaterales, asimismo, aisló al Ecuador de estos prestamistas oficiales.  Así, China se convirtió en la única fuente de financiamiento para el Ecuador correísta, embarcado en su propio programa de desarrollo desaforado de infraestructura y recursos naturales. El empate era perfecto, incluso por la animadversión que tenía la revolución ciudadana a la transparencia de las cuentas públicas. Si bien China está ahora emprendiendo una enérgica campaña contra la corrupción interna, esta ha sido sistémica y se ha diseminado a lo largo de la nueva Ruta de la Seda.

Algunas voces en el país en un espíritu post-correísta han pedido que el Ecuador repudie las deudas con China o minimice la relación con el dragón rojo. No obstante, para bien o para mal, es imposible prescindir de la relación con China. Todos los países desarrollados y menos desarrollados la cultivan acuciosamente. El reto es adaptarla en lo posible a un desarrollo sustentable y compatibilizarla con la buena gobernanza democrática. ¿Está el gobierno de Moreno en esa línea o más bien inscribe la relación con China en la inercia que exhibe su política económica en relación a la del gobierno anterior? La desesperación que tiene el gobierno de Lenín Moreno por financiar un presupuesto inmanejable, producto del rentismo, dificulta evitar las trampas, fruto de la convergencia de malas prácticas.  Sin alternativas, al menos que recurra al FMI, el gobierno de Lenín Moreno seguramente se vio obligado a aceptar las condiciones dictadas por su acreedor único. La desesperación, en todo caso, hizo que el gobierno hoy celebre la consecución de un préstamo cuantioso como si fuera un logro y no un paso adicional hacia una acumulación de deuda impagable.  No obstante, hay algunos signos positivos, en el viaje, como el objetivo del gobierno de incrementar las exportaciones a China para cubrir una balanza comercial bilateral fuertemente negativa.  Ecuador debe exportar una multiplicidad de productos al enorme mercado chino, en lugar de mantener una relación focalizada en el financiamiento de obras faraónicas y el canje de petróleo por crédito.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

1 Comment

  1. Correa despreciaba a los organismos internacionales como Fondo Monetario,Banco Mundial, etc. a pretexto de soberania nacional. Hoy, nos arrodillamos, sombrero en mano, ante el gigante asiatico.

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