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Ecuador-Rusia: intrigas oscuras o comercio bilateral

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El correato mantuvo una relación estrecha con la Rusia de Vladimir Putin.  Esta relación giraba en torno a un tercero, que era EEUU. Correa buscaba diversificar las relaciones internacionales del Ecuador y entablar alianzas con Estados que contrapesaran la hegemonía norteamericana. Rusia, de su lado, amenazaba con incrementar su influencia en América Latina, si es que EEUU seguía entrometiéndose en su esfera de influencia euroasiática. Con Lenín Moreno, el engranaje bilateral Rusia-Ecuador se ha despojado de la alta política internacional. Es ahora un relacionamiento pragmático, cuyo nexo es el comercio de bienes primarios.

Las relaciones entre Rusia y Ecuador se remontan a fines de la Segunda Guerra Mundial. Como resultado de la euforia por el triunfo de los aliados y el cabildeo del minúsculo Partido Comunista ecuatoriano, el Ecuador estableció relaciones diplomáticas con la URSS. No obstante, debido al impacto de la Guerra Fría, el intercambio de embajadores no se produjo hasta 1969.  Durante la posguerra, la URSS mantuvo contacto con Ecuador a través de su apoyo a los comunistas y sindicalistas ecuatorianos y a las becas que otorgaba para que estudiantes ecuatorianos estudien en universidades soviéticas. Uno de los legados de estas interacciones son los cientos o quizás miles de ecuatorianos cuyos nombres propios honran a líderes del comunismo soviético. Sorprende el número de ciudadanos ecuatorianos que portan nombres como Lenín, Stalin, Trotsky, Krupskaya, incluyendo nada menos que el actual Presidente. Seguro que en los años 60, muchos de sus perros se llamaban Laika, en honor a la perra soviética que orbitó alrededor de la tierra.

Con el colapso de la URSS, la nueva Rusia se contrajo geográficamente y su influencia en el mundo disminuyó. La OTAN aprovechó la crisis del Estado sucesor de la URSS, la Federación Rusa, para proyectarse hacia el Este. Cuando Vladimir Putin ascendió al poder en 2000, buscó revertir la humillación que había sufrido Rusia y recuperar la ascendencia que el imperio ruso ejerció tradicionalmente en Europa del Este y en general en su perímetro euroasiático. Por ello hizo la guerra a Georgia en 2008 y luego entabló un conflicto proxy con Ucrania en 2014.  Las relaciones de Rusia con América Latina, incluyendo Ecuador, se convirtieron en fichas en este juego geopolítico. Rusia emprendió una ofensiva diplomática para que los estados del ALBA reconocieran a las dos repúblicas secesionistas, Abkhazia y Ossetia del Sur, que Rusia formó a raíz del conflicto con Georgia. Venezuela y Nicaragua estuvieron entre un puñado de Estados en el mundo que asintieron al pedido de Rusia. El correato contempló seriamente seguir su ejemplo, pero finalmente desistió, aunque sí intensificó sus relaciones con Rusia. Para Rusia el acercamiento con Ecuador y con los otros miembros del ALBA, en el fondo, buscaba mostrar a EEUU que Rusia tenía la capacidad para entrometerse en el traspatio de EEUU, si es que la OTAN continuaba su injerencia en el perímetro ruso. El principal aliado que Rusia obtuvo en su apertura hacia América Latina fue claramente Venezuela, que hizo importantes compras de armas sofisticadas a Rusia y permitió que Rusia se apropiara de parte de su industria petrolera.

El correato no incurrió en la compra de armas innecesarias a Rusia y tampoco  reconoció a las repúblicas secesionistas en Georgia. Se insertó en la geo-política rusa de otra forma. El rol que Ecuador asumió en la estrategia maestra rusa fue apoyar a la campaña de guerra cibernética que Rusia lanzó para debilitar progresivamente a  EEUU y la OTAN.  La presencia de Assange en la embajada ecuatoriana en Londres permitió a Rusia mantenerse en contacto con el carismático cyber-activista para que este difundiera la información que los hackers rusos extraían de las comunicaciones electrónicas norteamericanas. Si Assange no hubiera gozado de la protección del gobierno de Correa, el nexo ruso con la  plataforma informática de Assange hubiera sido menos efectivo. De esa manera, Ecuador asistió a Rusia en el  golpe estratégico más dramático que ha propinado a EEUU: la elección de un presidente inepto y admirador del autoritarismo de Putin. La huida abortiva de Snowden a Ecuador vía Rusia comprueba el rol que Rusia asignó al correato como protector  de los héroes del cyber-activismo.

Con Lenín Moreno, la relación bilateral Rusia-Ecuador se ha vuelto a centrar en la compra rusa de banano y flores ecuatorianas. Assange ha sido neutralizado como activo estratégico y el Ecuador ya ha superado los confusos delirios de ser un eslabón de una gran coalición contra-hegemónica. Rusia es hoy un valioso socio comercial del Ecuador. Acaso el contra-flujo de las exportaciones de banano y flores a Rusia, podría ser un incremento del turismo ruso al país. Negocios prosaicos sin duda, pero bastante más provechosos para el país que las oscuras intrigas internacionales del correísmo.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

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