Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Ahora sí los signos de la crisis en ciernes están juntos

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Diciembre de 2018 fue el mes de la exacerbación de las angustias económicas y fiscales. Las cuentas públicas cerraron con un déficit de unos 4.600 millones de dólares, con el ingreso petrolero bien calculado (sin amortización de preventas petroleras que no es ingreso), a pesar de los 1.000 millones adicionales de la remisión tributaria y la importante reducción de la inversión pública. El ingreso in extremis de $450 millones del préstamo de la China -el saldo se recibirá este año-, permitió cubrir con desesperación los sueldos de diciembre. Para efectuar los pagos, ante la sequía del Tesoro Público, se debilitó seriamente la Reserva Internacional del Banco Central, que se obligó a tomar un préstamo de contingencia con el BIS (Bank for International Settlements), por $300 millones con la garantía de 340.000 onzas de oro.

Para superar la angustia fiscal de diciembre se utilizaron los saldos de liquidez de cualquier instancia pública disponible y se acumuló deuda flotante en el presupuesto por unos $1.350 millones, deuda a la que se agregan otras que mantiene la Tesorería del Estado, la cual también tiene enormes presiones por los vencimientos de los CETES. La estrechez fiscal y la reducción del precio del petróleo, obligaron al gobierno a aumentar el precio de la gasolina y otras medidas de ajuste de gasto, cuyo rendimiento se verá en 2019, y que, en el mejor de los casos, dejarán intacto el déficit esperado de $6.000 millones.

La balanza comercial, pasito a pasito, ha aumentado su saldo rojo. En 2019, este será mayor por menores ingresos petroleros, exportaciones no petroleras de bajo desempeño y aumento de importaciones. La cuenta corriente externa del país comienza a debilitarse y son débiles las perspectivas del ingreso de montos importantes de dólares externos por inversión extranjera directa, al tiempo que la deuda externa pública no puede ser el sostén de la balanza de pagos; por el contrario, su creciente servicio la debilita. Los dólares en el conjunto de la economía continuarán escasos y el Banco Central vivirá la angustia diaria de sus bajas reservas. Menos crédito de la banca, pobre inversión pública, inversión privada interna y externa de escaso dinamismo, entre otros factores, auguran una economía estancada durante varios años. La economía solo puede crecer con abundantes dólares externos, que, aún con políticas correctas, tardarán en llegar mediante las exportaciones no petroleras y la inversión extranjera directa.

El estrangulamiento de la economía, manifestado mediante el elevado déficit fiscal, los  desajustes del sector externo, el elevado endeudamiento público y su costo, las escuálidas reservas en dólares y la baja productividad y competitividad, comienzan a irradiar sus efectos en toda la sociedad. Entorno agravado por la crisis de la seguridad social y las deficiencias y opacidad del sector petrolero y de las finanzas públicas. No obstante, la crisis parece estar ausente para la mayoría de segmentos de la sociedad, incluso, en partes del entorno del mismo gobierno. Si Ecuador tuviese moneda propia, la devaluación de la moneda despertaría al país de su inconsciencia. La dolarización mitiga el despertar hasta cuando las angustias se exacerban. Ese momento llegó: el aumento del precio de las gasolinas, recortes a la inversión y gasto corriente público, atrasos en pagos a proveedores, más subempleo y pobreza, ingresos que no alcanzan para llegar a fin de mes, son signos de la crisis en ciernes.

Enfrentar la crisis económica y fiscal, exige un fervoroso llamado a la reflexión y a recordar el pasado. Después del boom petrolero de los años 70s, al retorno de la democracia, los intereses políticos, económicos y sociales sólo profundizaron la crisis económica y fiscal. Luego, la obligada y dolorosa corrección sólo se efectuó cuando la crisis era insostenible. La ausencia de una visión y acuerdos de largo plazo, mantuvieron al Ecuador en una eterna sobrevivencia que tuvo su amargo epílogo en 1999. La crisis de 1999, tuvo premisas similares de comportamientos colectivos. Los intereses políticos, económicos y sociales y una inadecuada conducción del Estado, profundizaron la crisis en lugar de evitarla con correcciones oportunas.

Hoy, la reflexión sigue ausente. Para los gobiernos seccionales sigue la fiesta con una avalancha de aspirantes a continuarla en 2019. Los sectores políticos, económicos y sociales, para preservar sus intereses, son fervientes opositores a la reducción de los subsidios a los combustibles, así como al incremento de impuestos y, en general, a enfrentar el costo de las correcciones fiscales y económicas. Para los sectores laborales poco importa la destrucción de la economía ante la prevalencia de sus egoístas intereses gremiales. La satisfacción de las demandas sociales, no admite en sus promotores, la existencia de graves carencias fiscales y económicas. Estas deformaciones de la racionalidad colectiva, sólo profundizan las crisis y los costos para superarlas, cuya falta de entendimiento es mayor en los sectores menos favorecidos, que irresponsablemente son utilizados por los políticos para ahondar los desajustes.

Jaime Carrera es economista.

5 Comments

  1. El gobierno está tratando de combatir a la corrupción, pero ni siquiera tenemos Fiscal General. Las acciones para recuperar el dinero robado tomarán tiempo, si acaso se logra finalmente recuperar algo. Entonces no se puede depender de que “devuelvan lo robado” para tomar decisiones, la eliminación paulatina de los subsidios parece que está en marcha y es lo sensato, protegiendo a los más pobres. Alguien más preguntó si condonar deudas fue lo correcto, tal vez no, el cálculo fue lograr que contribuyentes morosos se pongan al día sin esperar a que el Estado gane los juicios. Tiene que ver con el valor del dinero en el tiempo, el costo de oportunidad, más vale pájaro en mano, que ciento volando.

  2. Y cuando nos devuelven lo que se robaron los correistas? Si se pudiera recuperar al menos la mitad, el tema de analisis seria diferente.

  3. Las finanzas públicas están con saldo rojo.Se necesita mas impuestos para equilibrar.Y, donde quedan los miles de millones de dollares que se han robado?. No es justo que el pueblo pague la soberbia y el derroche de ” manos limpias y corazones corruptos”.

  4. Disculpe la pregunta, y si se hubieran cobrado esos USD 4000 millones que se condonoraon?
    Esa acción perjudicó o ayudó al país. Lo hago porque no leo nada de eso.

  5. Concuerdo con lo sustancial del artículo. Me gustaría ver lo complementario al mismo. Lo que debemos hacer como país, no como gobierno de turno únicamente, y enfocar nuestras fuerzas en lograr lo que si hemos podido alcanzar fuera de nuestra patria, pero ahora en nuestra tierra y con las manos de todos.

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