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¿Qué esperar en 2019?

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¿Cuál será nuestro destino colectivo en el nuevo año? Las ciencias sociales actuales reconocen que no son predictivas. La complejidad de las dinámicas sociales y la imprecisión o excesiva abstracción de los instrumentos de análisis disponibles hacen que el analista rara vez acierte en sus pronósticos. Acaso lo único que podemos hacer para calmar un poco la ansiedad sobre el futuro es sugerir algunas posibilidades que podrían o no concretarse en este año. Empecemos con el contexto internacional para luego pasar al nacional.

El panorama globalpara el 2019 es en sí mismo altamente incierto.  La actual desaceleración de la economía china podría tener repercusiones globales muy negativas. No obstante, esta desaceleración será menor si EEUU y China superan su actual estado de guerra comercial.  Asimismo, el aumento progresivo de tasas de interés en EEUU podría complicar gravemente la economía global, pero solo si está acompañado de un alza de intereses en la Unión Europea o una profundización de la crisis de la economía china. Los problemas legales de Trump, de otro lado, podrían abonar a un escenario de inestabilidad global, pero seguramente no deriven en el impeachment que buscan los demócratas radicales, dado que los republicanos mantienen control del Senado.

El precio del petróleo es otro parámetro internacional clave. En este caso, también existen dinámicas contradictorias.  Por un lado, la OPEP se ha comprometido a un recorte significativo de la oferta, pero, por otro, los productores de esquisto en EEUU continúan con su escalada de producción y Arabia Saudita sigue necesitando el apoyo geopolítico de Trump, que le exige precios bajos de petróleo. En fin, el entorno internacional que enfrenta el Ecuador puede ser o negativo o tolerable, tanto en términos del desempeño de la economía global y los precios del petróleo.

En el ámbito de economía y política, el gran interrogante es si el gobierno de Lenín Moreno logrará evitar una virtual quiebra fiscal y default de la deuda. Un precio del petróleo entre 50 y 60 dólares aliviaría en algo el problema fiscal, aunque no lo suficiente como para eludir desequilibrios macro-económicos.  Así, el factor decisivo será el acuerdo con el FMI. El ministro de economía, Richard Martínez, reconoce la actual insostenibilidad del modelo económico y al juzgar por la reducción de los subsidios, Lenín Moreno, finalmente, está actuando bajo el principio de la realidad. Un acuerdo con el FMI resolvería los problemas de caja, pero tendría como contraparte la condicionalidad. Se habla, por ejemplo, de una política multianual de déficit cero, un alza del IVA en dos o tres puntos y de flexibilización laboral.  En todo caso, sin un acuerdo con el FMI de todas formas habría que profundizar el ajuste y sin el amortiguamiento del crédito multilateral.

Como las reformas acordadas con el FMI tendrían que ser ratificadas por la Asamblea Nacional, hay que preguntarse si contarían con el apoyo de los bloques legislativos. Ello resulta incierto dado el temor al costo político que tienen los social cristianos ante las elecciones seccionales en marzo y la poca cohesión de Alianza País. Es posible que lo que se busque es avanzar en la negociaciones con el FMI y luego presentar un nuevo plan económico poco después de las seccionales. Quizás en ese momento funcione el supuesto pacto Lenín Moreno-PSC, lo suficientemente para que el nuevo plan económico pase por el ministerio de la ley. CREO, en ese momento probablemente, seguiría insistiendo contra toda evidencia empírica que el morenismo es simplemente una continuación del correísmo.

Algunos analistas de izquierda advierten que se podría generar una fuerte reacción social al ajuste. Pero está comprobado que los movimientos sociales por sí solos tienen escasa capacidad de movilización. Solo tienen éxito en sus demandas cuando la clase media y media alta quiteña se movilizan, como en los derrocamientos de Bucaram y Gutiérrez.  En este caso, estos estratos reconocen que el ajuste es ineludible y definitivamente no saldrán a las calles.

Si bien en cualquier coyuntura hay muchos futuros posibles, la situación no es desesperanzadora. Puede ser que como resultado del impulso de descorreización y la presión de la cruda realidad, Lenín Moreno sea el presidente que finalmente haga la transición hacia un modelo económico sostenible basado en autonomía individual y la capacidad organizativa de la sociedad civil; en lugar del insostenible estado de bienestar tropical/andino, dependiente de los ciclos de los commodities y generador de corrupción sistémica.

Carlos Espinosa  es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

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