El Karma de la corrupción arruina la democracia

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Para los ecuatorianos es una necesidad urgente que en el país se avance en el proceso de reinstitucionalización que todos esperamos. Seguimos en la expectativa que se tracen caminos claros y que nos demuestren que, efectivamente, vamos en esa dirección.

Sin embargo, cada día despertamos con una nueva denuncia y un nuevo escándalo, siempre relacionado con algún hecho de corrupción. Parecería que en la última década no se salvó ningún contrato del Estado de las garras de la coima, la extorsión y el negocio trucho por debajo de la mesa.

Se suma -como si no tuviéramos suficiente-, los casos de narcotráfico que se siguen destapando y que nos dejan saber que hemos sido centro de distribución de todo tipo de alcaloides hacia varias partes de la región y del mundo.

De lo que se conoce, inclusive el testaferrismo ha sido otro fenómeno bien articulado y posicionado en el país. Todo parece indicar que los ilícitos y la corrupción beneficiaron a muchos ecuatorianos, porque les permitió adquirir gran poder económico, transformando su vida a costa de todos nosotros.

Pero aquella bonanza mal habida arruinaba, paralelamente, la vida al país entero, destruía la democracia y atentaba contra la paz social. Por un lado, porque alrededor de ilícitos como estos, se tejen también redes de delitos conexos (tráfico, trata de personas, sicariato, etc.). Y, por otro, porque cuando se trata de corrupción relacionada con contratos y fondos públicos, cada coima trae una cola de incorrección detrás que involucra a funcionarios de toda índole y provoca un debilitamiento moral e institucional al Estado.

La germinación de estos procesos contaminados por la corrupción no hubiera sido posible si en el Ecuador no se metía la mano a la Justicia convirtiéndola en un brazo político del gobierno de entonces. La cooptación de este poder del Estado fue determinante para que se impidiera la investigación, judicialización y sanción de hechos ilícitos de todo tipo.

Con justicia independiente, hoy tendríamos a muchos en la cárcel y los dineros del Estado seguirían en las arcas públicas para ser invertidas en el sector social donde tanta falta hace, y no invertidos en propiedades de lujo dentro y fuera del país.

Por desgracia, en diez años la corrupción logró contaminar gran parte del aparato del Estado. Por eso, el proceso de reinstitucionalización que todos estamos añorando, se vuelve un difícil trabajo cuesta arriba.

Para recomponer lo que nos dejaron dañado, se necesita tener el coraje de tomar medidas eficaces. Quizás es momento de articular procesos serios de investigación y lucha contra la corrupción a imagen y semejanza de otros países que lo han llevado a cabo con éxito.

La normativa actual se está empezando a quedar corta, especialmente cuando se trata de agilitar investigaciones que vayan dirigidas a establecer responsabilidades, pero también a recuperar los bienes y dineros provenientes de corrupción. Para ello nos urgen cuerpos legales que fomenten la transparencia y desincentiven la corrupción.

Una verdadera reinstitucionalización necesita partir con instituciones limpias, independientes y confiables, pero eso no va  a ser posible mientras no sean condenados todos, absolutamente todos los implicados en procesos corruptos. Dicho sea de paso, ya es hora de conocer la tan resguardada lista de Odebrecht por ejemplo, porque ese baño de verdad aún nos  lo deben a todos.

La corrupción se vuelve un karma que arruina la democracia cuando no se actúa con decisión y entereza. Si la atacamos con fuerza y la desterramos para siempre de nuestra patria, todavía podremos estar a tiempo de cambiar para bien la historia del Ecuador.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

3 Comments

  1. Porque razon siempre se habla de las consecuencias de temas como la corrupcion? Porque no se habla de las causas que la originan? No se dice nada de la ausencia de principios eticos y valores morales que no se inculcan en los niños en el seno familiar.
    Siempre que se siga hablando de consecuencias solamente, y no de las causas que la originan, nada cambiara. Si le sumamos un sistema educativo en el que no se hace lo necesario para reforzar y consolidar estos principios y valores, entonces es un circulo vicioso de nunca acabar. No existe, ni en el Ecuador, ni en ningun otro pais, ninguna “institucion” que pueda suplir el rol de la FAMILIA, que es el lugar donde hay que buscar el origen de todo, lo bueno, y lo supuestamente malo, asi de sencillo, el corrupto viene desde edades pequeñas, es lo que le enseñaron en su hogar, es tan simple.

  2. Ya es hora de actuar con las herramientas jurídicas que se tiene hasta emprender una verdadera reforma a la Constitución y las leyes y que apunten a aumentar las penas a por lo menos 25 años de prisión por actos de corrupción. Es necesario cambiar toda la estructura de quienes administran justicia en el Ecuador y en la que administren justicia los mejores hombres y profesionales del derecho. Los contratistas privados que ejecutan proyectos con el Estado deben ser auditados desde el inicio hasta el final del mismo por Contraloría y Empresas auditoras que trabajan con las Naciones Unidas, de tal forma que si se constata algún manejo doloso se haga efectiva las garantías de la empresa contratista por fiel y feliz cumplimiento de contrato. Ya es hora de parar todo este atropello y maltrato a los ecuatorianos por los politiqueros corruptos de siempre.

  3. El mejor consejo es no volver a votar por los mismos de siempre, ni por los nuevos lobos disfrazados de borregos.

    El récord en número de candidatos en las elecciones para dignidades locales se debe a la facilidad para hacerse ricos a través de la política a costa de la ingenuidad de los votantes y del dinero que pertenece a todo el pueblo.

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