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Bolsonaro: ¿el futuro de la derecha?

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En Ecuador, las elites empresariales y profesionales pensamos que ser de derecha es estar a favor del mercado en lo económico y, en lo político, abogar por la división de poderes, el pluralismo y el estado de derecho. Como correlato, asociamos a la derecha con una visión positiva de la globalización y de las nuevas tecnologías como también de la migración internacional. En otras palabras, creemos que ser de derecha es ser liberal o neo-liberal.  Si vamos más allá de la superficie, no obstante, encontramos que ser de derecha en Ecuador frecuentemente implica la adhesión, aunque muchas veces velada, a valores sociales conservadores. Ser de derecha significa estar en contra del aborto y sentirse incómodo con el reconocimiento de los derechos de las minorías GLBTI.  Estas mismas actitudes —una mezcla entre liberalismo y un conservadurismo social soterrado— las podemos encontrar entre las elites de otros países latinoamericanos, como es evidente en las agendas de gobiernos como el de Piñera en Chile o Macri en Argentina, los países del giro hacia la derecha.

El credo liberal-conservador de las elites latinoamericanas, sin embargo, diverge de lo que la derecha está proponiendo en otras partes del mundo, como en Europa y EEUU.  Los populistas de derecha en Europa y EEUU tienden a ser contrarios no solo a la inmigración, sino a la globalización en general. Abogan por comunidades homogéneas y cohesivas basadas en la exclusión del otro y celebran la soberanía nacional. En política, prefieren los liderazgos fuertes exentos de las limitaciones del estado de derecho o los pesos y contrapesos.  Se trata de derechas identitarias y peligrosamente autoritarias.

Podemos creer que estas nuevas derechas del norte global son un fenómeno lejano a nuestra realidad y por tanto no deben preocuparnos. No obstante, en Brasil, en este subcontinente, ha surgido un proyecto de derecha que muestra muchas afinidades con la nueva derecha populista europea y norteamericana.  No es casual que la victoria de Bolsonaro fue celebrada no solo por Trump, sino por los primeros ministros de Italia y Hungría, conocidos exponentes de esta corriente.

¿En qué consiste el modelo Bolsonaro?  No todo lo que propone es distinto a lo que la derecha representa en otros países latinoamericanos.  Bolsonaro es fuertemente liberal en economía en contraposición al estado de bienestar y estatismo que abanderó Lula. Asimismo, apoya los valores sociales conservadores, aunque con mayor fervor que Macri o Piñera.  Bolsonaro diverge de la actual derecha latinoamericana, en cuanto posee una visión del mundo identitaria y autoritaria. Su ferviente defensa de los valores sociales conservadores se arraiga en la identidad judeo-cristiana.  Siendo Brasil un país judeo-cristiano, según Bolsonaro, no puede permitir la difusión de valores contrarios a esa identidad y debe luchar contra la diseminación de la “ideología de género” que corroe este legado espiritual. Asimismo, Bolsonaro ve a Brasil como un país con una identidad nacional homogénea, lo que le hace intolerante de la expansión de los derechos de las minorías indígenas y negras, que se dio durante la hegemonía del Partido de los Trabajadores. También es contrario a la inmigración venezolana, mientras, los otros gobernantes de la derecha latinoamericana han sido tolerantes al respecto. En general, Bolsonaro ve la política como antagónica y por ello quiere profundizar la guerra que en Brasil se libra contra una delincuencia fuera de control, movilizando a los militares y expandiendo la tenencia de armas. Se trata, sin duda, de una derecha patológica.

¿Pero es contagiosa la enfermedad Bolsonaro? Tomemos el caso de Ecuador, que más nos concierne.  Resulta improbable que la defensa de los valores sociales conservadores se intensifique en Ecuador tanto como en el Brasil de Bolsonaro. El conservadurismo social brasilero se ancla en una alianza entre evangelistas y católicos, claramente dominada por los evangelistas. En cambio, en Ecuador existe el movimiento social pro-valores conservadores, pero es más católico que evangelista y por tanto menos intenso. En cuanto a la tolerancia de la diferencia racial, el multiculturalismo en Ecuador no se cuestiona.  Forma parte de una cultura política compartida por todas las corrientes ideológicas. La lucha sin cuartel contra la delincuencia en Ecuador tampoco es una demanda social fuerte. Las encuestas muestran que la población no considera la seguridad como un tema prioritario, sin duda porque la inseguridad no llega a niveles extremos.  Finalmente, el autoritarismo no tiene asidero en el Ecuador actual porque el correísmo provocó una fuerte reacción contraria y una reafirmación del estado liberal.

Lo que sorprende al analizar las nuevas corrientes de populismo de derecha en el norte y ahora en Brasil, es cuán parecidas son al “socialismo del siglo XXI”, en cuanto abogan por sociedades cerradas y antagónicas en contraposición a las sociedades abiertas y pluralistas del liberalismo.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ

4 Comments

  1. Gracias por sus interesantes comentarios. Entiendo que la inseguridad es una de las causas del apoyo a Bolsonaro, pero no creo que la inseguridad justifique la deriva autoritaria del nuevo presidente o sea la solución a este u otros problemas. En cuanto a la existencia de una derecha autoritaria en Ecuador, me parece que hoy es residual. Han pasado 30 años desde Febres Cordero. Ciertamente la globalización genera reacciones, pero la naturaleza de estas depende de cada país. Bolsonaro por ejemplo, no es un exponente de una derecha proteccionista o a favor del estado de bienestar, pero aboga por una sociedad cerrada y antagónica en otros sentidos, identidad nacional homogenea, anti-inmigración etc.

  2. Resulta por demás sorprendente que, a casi 30 años del internet, aún se pueda ver cada país como un mundo individual y no entenderlo como fuerzas del mega capital que dictaminan tendencias globales. No importa que sean tendencias llamadas izquierdistas o derechistas. Los últimos años han sido claros para darnos una idea de cómo funcionan las cosas en la globalización. Locos de derecha o izquierda como Trump o Chávez han dicho ciertas verdades y de ahí ese apoyo de la población.

  3. Bien por ubicar a Bolsonaro, pero en Ecuador la más autoritaria de las Derechas está todavía presente como fuerza política, que en el pasado abogaba por abatir “criminales” y ahora está preocupada por los derechos de las mascotas; bastante optimista también el decir que el multiculturalismo no se cuestiona en un país de marcadas divisiones sociales en base a distinciones étnicas, y que ganaron por derecho propio la inclusión de esta interculturalidad y multinacionalidad en el Estado. En suma que e el Ecuador no tenga una derecha fanática, no quiere decir que no tenga vigente una corriente de derecha autoritaria, excluyente y ultra conservadora con incidencia en las decisiones políticas del país

  4. Estimado Carlos Espinosa:
    Me parece muy acertada su visión sobre Bolsonaro, pero creo que sobre todo fundamentada en los datos de prensa y expresiones periodísticas.
    Otra cosa es vivir en Brasil y ver de cerca todo el problema, lo que esta viviendo en Ecuador es apenas la décima parte en cuanto a corrupción y politiquería pero sobre eso está la inseguridad de las ciudades como Río de Janeiro. Carlos, no se puede imaginar lo que es vivir en Río, siempre fue peligroso, hoy es casi invivible. La reacción de la población es auténtica, por ello el éxito de Bolsonaro. Es posible que el ciudadano común ve en él aún una envestidura de poder militar y ha apostado a que ese sea el medio para detener la inseguridad y la corrupción. Pero si lee los datos o cifras dinerarias de corrupción en muchos casos son menores que las de Ecuador y en Brasil existen más de una treintena de exministros y subsecretarios presos y dinero rescatado de paraisos fiscales. Se siente que aún la justicia tiene una balanza y una espada y sobre ello Bolsonaro pudo posesionarse como lider. Es posible que no sea un estadista y en algunos casos se ve con claridad que exagera su rigidez o posición extrema sobre algunos temas, pero eso es lo que quería oir el ciudadano común. Sobre los temas de religión, género y clases, en Brasil existe una cultura que en Ecuador no lo entendemos, pero que hoy son temas globales que estan siendo manipulados peligrosamente, es bueno oir a Putin sobre estos temas ante lo cual Bolsonaro aún es ligero comparativamente. Finalmente es importante decir que en Brasil existe más acceso y difusión razonada o técnica de la prensa mundial como trabajo del periodismo local y como cultura con más profundo conocimiento y análisis, en Ecuador ya tenemos acceso pero por cuenta propia y muy poca difusión razonada o técnica de la prensa mundial por nuestros periodistas y muy poco análisis profundo sobre lo local. Si usted lee la revista VEJA en algunos de los ejemplares publicados en los últimos 6-10 años, puede leer más detalles de algunas de las noticias de Ecuador, que se están publicando hoy en día como descubrimientos recientes. Saludos.

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