Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Seguiremos queriendo tanto a la dolarización?

en Columnistas/Influencers4P por

En el contexto del “cumpleaños” número diecinueve de la dolarización, en Twitter se produjo un acalorado debate sobre quiénes fueron los “padres” de esa decisión. El debate fue resumido en una nota de 4Pque arranca diciendo: “Los éxitos tienen muchos padres y los fracasos son, por lo general, huérfanos”. De hecho, la gran mayoría de los ecuatorianos está de acuerdo con tener al dólar como moneda y, haciendo un balance de este período, sin dudas la dolarización puede considerarse exitosa. Seguramente su mayor virtud fue haber reducido de manera notoria las tasas de inflación, lo que a su vez permitió que los salarios mantengan su poder adquisitivo y contribuyó a la caída de la pobreza. A su vez, esa estabilidad en los precios permitió que las empresas empiecen a planificar con un horizonte más claro. Por otro lado, al quitar a los gobiernos la herramienta de la política monetaria, se estaba cerrando, al menos en teoría, la puerta para que el déficit fiscal se financiara con mayor emisión, que fue uno de los causantes de la persistente pérdida de valor del sucre.

Cabe mencionar, no obstante, que en sus primeros años la dolarización contó con un contexto internacional favorable que ayudó a que el nuevo esquema se consolidara. El precio del petróleo WTI (el crudo marcador para el petróleo ecuatoriano), que había alcanzado niveles mínimos de $11,3 por barril en diciembre de 1998, mostró a partir del año 2000 (ya en enero de ese año el precio promedió los $27 por barril) una clara tendencia creciente (interrumpida brevemente durante los últimos meses de 2008 y los primeros de 2009), hasta superar los $100 por barril en algunos meses de 2012, 2013 y 2014. Por otro lado, entre mediados de 2001 y mediados de 2008 el dólar perdió valor de manera sostenida frente al euro y, más allá de una sensible apreciación en la segunda mitad de ese año, entre 2009 y 2014 el tipo de cambio rondó los 1,34 dólares por euro.

La situación actual es muy distinta. El precio del petróleo (el principal generador de divisas para la economía ecuatoriana) perforó el piso de los $50 por barril a finales del año pasado y, según las últimas proyecciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés), actualizadas ayer, el precio promedio del WTI en 2019 será de $54 por barril, lo que para el crudo ecuatoriano significaría un precio en torno a los $50. Por otro lado, entre enero de 2015 e igual mes de este año el tipo de cambio ha promediado los 1,13 dólares por euro, lo que implica una importante apreciación de la moneda estadounidense, que también se fortaleció frente a las monedas de los países de la región. Esta apreciación, junto con medidas de política interna que elevaron significativamente los costos de producción (principalmente alzas salariales sin sustento), ha provocado una importante pérdida de competitividad externa. Es decir, los productos ecuatorianos se han vuelto comparativamente más caros que los de los países con los que competimos. A su vez, esta pérdida de competitividad resta atractivo al Ecuador como destino de nuevas inversiones.

La fuerte caída del precio del petróleo y de otras materias primas a partir de finales de 2014 (que supuso un deterioro de los términos de intercambio que en otros países de la región fue absorbido en parte con una depreciación de la moneda) y la pérdida de competitividad externa se reflejan en la tendencia marcadamente decreciente de las reservas internacionales del Banco Central. En los últimos años esa tendencia se compensó con un mayor acceso a créditos externos (muchas veces en condiciones de usura), lo que permitió que la cantidad de dólares en la economía no se redujera. Sin embargo, para 2019, como advierte el último informe de Fitch en el que se rebaja la perspectiva de la deuda soberana del Ecuador, conseguir financiamiento externo se presenta como todo un desafío. Un menor ingreso de dólares –por el limitado acceso a financiamiento, la poca competitividad externa y un menor precio del petróleo–, que también afecta al ritmo de crecimiento de los depósitos y los créditos de los bancos, podría hacer que el Ecuador ingrese en una fase de recesión o estancamiento prolongada.

Ante la imposibilidad de absorber el shock externo a través de una devaluación en la moneda (países cercanos, como Perú, han conseguido que sus devaluaciones sean moderadas y no se traduzcan en una mayor inflación), el Ecuador va a tener que tomar otras medidas que le permitan recuperar competitividad para salir de esta especie de empantanamiento. Parece haber coincidencia en que los principales cambios para abaratar los costos de producción tienen que venir por el lado laboral, con reformas que permitan flexibilizar los nuevos contratos, garantizando derechos mínimos, como el salario básico (de acuerdo al tiempo trabajado) y la afiliación a la seguridad social. Si realmente los ecuatorianos quieren mantener la dolarización, estas reformas, que podrían impulsar la creación de empleos (y tienen que venir acompañadas por otras que reduzcan, por ejemplo, la tramitología), deberían contar con un amplio apoyo social que permita superar el predecible rechazo de los sindicatos.

También los empresarios deben ceder posiciones si quieren que la dolarización se sostenga. Un compromiso de su parte debería ser dejar de insistir permanentemente en la reducción de impuestos y aranceles. No sólo porque una medida de ese tipo ampliaría el déficit fiscal y, por lo tanto, elevaría el riesgo país, complicando aún más las opciones de conseguir créditos externos, sino también porque, en el actual contexto de baja competitividad, una reducción de impuestos y aranceles muy probablemente derivaría en un aumento de las importaciones, lo que no es conveniente con el bajo nivel de reservas internacionales que el Banco Central tiene en la actualidad. En este contexto cabe dejar claro que, una vez que el Banco Central financió los créditos al gobierno anterior (acertadamente prohibidos por el actual gobierno) con dólares que no tuvieron un origen en la balanza de pagos, ya no aplica la lógica de que las importaciones se regulan automáticamente. Es decir, esos créditos generaron, como lo ha demostrado Credit Suisse en sus informes, una presión adicional sobre la balanza de pagos que podría verse exacerbada por una rebaja tributaria. En este contexto, los empresarios y los voceros gremiales deben tener claro el rol del Banco Central, nos guste o no, como agente de pagos al exterior. Es decir, una caída persistente en las reservas es un tema que no afecta solamente al sector público.

Obviamente, el Gobierno también debe poner de parte. No sólo impulsando las medidas que permitan recuperar la competitividad, sino también negociando sin más demoras un acuerdo con el FMI a fin de contar con recursos externos que permitan recomponer las reservas del Banco Central y brindar mayor confianza a otros posibles prestamistas. A esto, claro está, debe añadirse un compromiso firme por ordenar las cuentas públicas, obligación que no debe recaer únicamente sobre el Gobierno Central, sino sobre todo el sector público (hasta ahora los GADs siguen de fiesta).

En resumen, el nuevo contexto internacional –y la irresponsable política económica del correísmo que debilitó las bases del sistema– ha dejado de manifiesto que la dolarización, que indudablemente ha traído grandes beneficios al Ecuador, no es una panacea (si así fuera, todos los países de la región estuvieran dolarizados). Dado el mal recuerdo que tenemos del sucre (aunque el mejor escenario para cualquier país es tener una política monetaria bien manejada), la mayoría de los ecuatorianos seguramente querrán mantener el dólar como moneda, pero para esto la sociedad en su conjunto deberá poner el hombro. Y confiemos en que la institucionalidad detrás del dólar, basada en una Reserva Federal técnica e independiente, pueda aguantar los embates de políticos populistas que también hay en Estados Unidos y de los que Trump (que ha querido interferir en las decisiones de la FED) es un ejemplo palpable.

José Hidalgo Pallares es economista. 

11 Comments

  1. La dolarización es excelente para los ecuatorianos individualmente considerados. Asegura el valor de lo que que cada uno de nosotros tenemos en el bolsillo.

    La dolarización es muy pesada para el Ecuador como país porque no tenemos la flexibilidad mental (no sólo laboral) para mantenerla. Puesto que los dólares no los imprimimos nosotros, tenemos que aprender a ganarnos, como país, cada centavo. Para ello tenemos que ser austeros, creativos, trabajadores, exigentes con nosotros mismos, serios, responsables, no gastar más de lo que ganamos, no querer vivir como reyes sólo porque creemos que nos lo merecemos.

    Si queremos mantenerla debemos aprender a ser responsables individual y colectivamente. Leyendo diariamente las noticias, no solo ese comadreo irresponsable e ignorante llamado redes sociales, ¿no les parece que nos falta mucho como individuos y como sociedad, en términos de responsabilidad, para poder mantener la dolarización?

    Los ecuatorianos, por nuestra inmadurez, irresponsabilidad y falta de sentido común, nos merecemos cada cosa que nos pasa, incluso los que nunca votamos por esa payasada de la revolución ciudadana y Rafael Correa, a quienes en su momento, la mayoría de los que hoy les critican, cuando había dinero, simplemente les amaron y votaron por ellos. Si no, el zoquete de Correa, nunca hubiera sido presidente. Así que no se quejen… y aprendan.

  2. La flexibilidad laboral de la única salida al estancamiento de empleo en país (a corto plazo)… Contratar es facilísimo, pero despedir a un empleado por la razón que sea es una pesadilla que incluso puede poner el peligro la existencia o viabilidad de una PYME… hasta que eso no cambie las empresas se limitan a contratar personal o en el peor de los casos no hacer nada.

  3. El dolar es una moneda fuerte, su implementación en el país a protegido el poder adquisitivo de los ecuatorianos, nos ha dado estabilidad. La devaluación de una moneda nacional no es otra cosa que una estafa que el gobierno de turno comete contra sus ciudadanos para cubrir sus obligaciones. Un gobierno capaz y honrado no deberia devaluar su moneda como primera opción ante una crisis.

  4. La economía nacional está des-configurada y requiere de un análisis técnico y a fondo. Cuántas veces hemos dicho que hay que resolver los problemas existentes en la macro-economía. Las brechas existentes persisten y se profundizan. Nadie hace nada al respecto. Un buen plan económico de mediano o largo plazo podría ser el comienzo. Lo grave es que la distorsión fue generada a propósito, para quebrar al País. El dólar perdió su valor real de mercado e incrementó en un 45% . Es decir perdió su valor de compra y pago y los costos de bienes y servicios crecieron, por el excesivo circulante y el alza salarial y la homologación de sueldos estatales. El valor estabilizado del barril de petróleo, sería en otras circunstancias bueno, pero no hay dinero que alcance para el Fisco, que busca como desaforado fondos para no caer en el incumplimiento de pagos de nómina y las obligaciones del servicio de la deuda. El País necesita realizar convenios de venta de productos a futuro y los productores locales, con base en esos convenios, producir más, para mejorar las exportaciones.

  5. Siempre los análisis de José Hidalgo
    Son muy sesudos. A los buenos administradores se los mide en épocas de crisis. Para salir adelante me parece faltan varios asuntos pragmáticos: 1, flexibilización laboral. 2, acuerdos de garantías de inversión. 3, TLCs. 4, gran reducción de la fuerza laboral estatal. 5, eliminar la basura legal q entorpecen trámites. 6, eficiencia en el gasto. Mientras tengan miedo de las reformas profundas que nos lleve a una economía de libre mercado, seguiremos haciendo análisis de coyuntura. No hay nada q inventar, solo mirar cuáles son las prácticas de los paises ricos.

  6. Muy bueno su resumen histórico de los 19 años de la dolarización en Ecuador. Sin embargo, cómo me hubiera gustado que profundice más en la «DISCIPLINA FISCAL», la cual era, ES, indispensable para que el sistema se sostenga boyante a lo largo del tiempo. Y, lo que menos aplicó Correa y su gobierno fue disciplina. Por el contrario, su conducta fue siempre gastar más de los ingresos; aumentó la burocracia en términos exponenciales (sólo basta examinar cuántos burócratas tenía en IESS en el 2006 y cuántos tiene ahora {sólo por citar un ejemplo}), para comprender que se administró la dolarización con clarísimas tendencias de acabar con su existencia, pues usted, señor Hidalgo, recordará que Correa era obsecuente enemigo de la dolarización, porque lo maniataba a su ambicioso deseo de imprimir billetes nacionales, para acabar de una vez por todas con la economía de Ecuador. A esta indisciplina gubernamental, agregue usted, señor Hidalgo, el enooooooorme robo de recursos durante los diez (casi once años) de los malhechores que cargaron con todo lo presente y robaron hasta el futuro con la venta anticipada de petróleo…así ningún sistema aguanta. En otras palabras, como economista y buen investigador que es usted, sería interesante que realice, a manera de simulación, cómo estaría el país si Correa y su banda hubiera ejercido sus mandatos con decencia, honradez, sabiduría e inteligencia.
    He ahí el reto, señor Hidalgo. La dolarización, lo dijeron quienes ayudaron a implementarla, tenía que sostenerse en la mencionada disciplina fiscal; disciplina que ni Moreno la está practicando, por lo que no es de extrañarse que podría quedarle pocos años de vida.

  7. Muy acertado su análisis Ec Hidalgo.Recuerdo que, los pocos sucres que poseia hace casi veinte años los cambiaba a dollares y los guardaba en el colchon Bank. Hoy la situación
    es diferente. Mantener el dollar, en un entorno económico, poli’tico y social: hostil, es muy comprometedor. Al paso que vamos, seguiremos con una economia estancada y con resultados poco alentadores.

    • Contiene un grave error, la FED no es, y nunca ha sido, independiente. Esta en manos de bancos privados. Hoy día ampliamente conocido.

  8. Muy importante aporte para el debate teórico, pero que choca con la realidad constitucional de la intangibilidad de los derechos laborales devenientes de los instrumentos emitidos por la OIT: y que se contrapone también a la visión inmediatista de gran parte del sector empleador privado y público. La próxima Constituyente deberá tratar este tema aún por sobre los instrumentos internacionales que consagran la progresividad de los derechos.

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