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Elevado riesgo del Ecuador: el oprobio nacional

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En un mundo inexorablemente globalizado, los países compiten para vender sus productos y servicios, y para atraer inversiones y capitales. Los inversionistas, al considerar a todos los países del mundo el mercado para sus inversiones, requieren como referentes, indicadores que les permitan medir el riesgo de las mismas. El EMBI o indicador de Bonos de Mercados Emergentes, es el principal indicador del riesgo país. El EMBI mide la diferencia entre la tasa de interés que pagan los Bonos en dólares de los países emergentes y los Bonos del Tesoro Americano que se consideran libres de riesgo. Los bonos más riesgosos tienen una tasa de interés más alto. El EMBI se mide en puntos, cada 100 puntos representan el uno por ciento adicional de interés.

Al 10 de enero de 2019 el riesgo país más elevado fue de Venezuela con 62,41 por ciento, el segundo más alto fue de Argentina con 7,06 por ciento y el tercero Ecuador con 6,96 por ciento. El riesgo país del Salvador alcanzó el 4,83 por ciento. República Dominicana, Bolivia, Honduras y México mantenían un riesgo país entre 3,11 por ciento y 3,52 por ciento. Para Brasil y Guatemala tal indicador fue 2,51 por ciento y para Paraguay 2,37 por ciento. Chile, Colombia, Panamá, Perú y Uruguay, se ufanan de mantener un riesgo país por debajo del 2 por ciento.

En Ecuador debe ser objeto de profunda reflexión el estigma de un elevado riesgo país. Hace muchos años, los indicadores económicos de Ecuador superaban con holgura a los de varios países centroamericanos y de la región. Es un llamado a levantar la autoestima nacional el exhibir sin sonrojarnos, un riesgo país más elevado que El Salvador, República Dominicana, Bolivia, Honduras, Guatemala, Paraguay y Panamá. Es obligación inexcusable del gobierno y de toda la sociedad, pesar en su estricta dimensión nuestras culpas y asimilar con humildad las enseñanzas que están conduciendo al progreso a otros países, con estructuras sociales similares e incluso con menores recursos que el Ecuador.

Un bajo riesgo país es esencial para financiar a costos bajos el déficit público y la cancelación de otros pasivos del Estado. Además, para colocar en los mercados Bonos Soberanos con menores tasas de interés y realizar operaciones que reduzcan el elevado pago de $3.500 millones de intereses de la deuda pública en 2019 y, que será mayor en los años siguientes.  Un riesgo país menor es de vital importancia para el crecimiento económico, pues, es un referente para el costo de los créditos externos de las empresas y del sistema financiero que deseen impulsar sus actividades con recursos externos, que, además, son imperativos en una economía dolarizada. Bajo riesgo que se asocia también, al grado de inversión que ostentan países como Chile, Colombia, Perú o Panamá.

Un riesgo país bajo y el grado de inversión, consecuencia de sanos fundamentos económicos consolidados con perseverancia en el largo plazo, están conduciendo a los países a la prosperidad. La comparación del progreso económico de los países, generalmente, se efectúa mediante la medición del PIB Per Cápita en términos de la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) que uniforma la variación de precios de cada país. En base a este indicador, el FMI estima que en 2022 el ingreso Per Cápita de Chile será de $30.340, alcanzando el nivel de Hungría, Portugal o Grecia, países menos avanzados de la Unión Europea. En la misma perspectiva, en 2022, el PIB Per Cápita de Panamá podría alcanzar los $34.000, de Colombia $17.973, de República Dominicana $23.153, de Perú $17.351, de China $24.346, de Namibia $13.742 y de Ecuador $12.660.

La historia de la humanidad es de una constante búsqueda de formas de creación de riqueza. Según la Revolución de la Riqueza de Alvin y Heidi Toffler, el primer sistema de riqueza surgió hace diez milenios, cuando se plantó la primera semilla en algún lugar cercano a Karakadag, en la actual Turquía. La búsqueda de excedentes económicos ha tenido una dinámica evolución desde la invención de la agricultura, la industrialización, hasta los retos que hoy impone la revolución tecnológica, la innovación, la inteligencia artificial.

La creación de riqueza y su distribución han transitado por modelos de Estado que han abrigado el comunismo, el despotismo y las democracias liberales hoy amenazadas por los nacionalismos y proteccionismos. Finalmente, se ha demostrado que la libertad económica es el mejor escenario para producir y progresar. Los postulados de Adam Smith lucen perpetuos: trabajo-producción-prosperidad. La sociedad chilena lo ha entendido y es objeto de nuestra admiración, cuando su presidente Piñera pontifica al trabajo y eficiencia de una sociedad como prerrequisito del éxito, pues, el único lugar en donde el éxito precede al trabajo es el diccionario. Causa profunda decepción, que el debate nacional divague en resaltar las limitaciones del país, en la elevación de los diezmos y la corrupción a la categoría de moral pública, en la ausencia de miras y valores superiores en toda la sociedad. Mientras esta ceguera persista, el Ecuador seguirá en la dirección opuesta de la historia.

Jaime Carrera es economista.

2 Comments

  1. Trabajo, esfuerzo, creatividad, honestidad = dinero. La forma de utilizarlo, gastarlo, invertirlo o movlizarlo, no tiene nada que ver con ideologías. Hay personas que nacieron con habilidad de hacer dinero honestamente y multiplicarlo. Pero hay otras personas que piensan, que el dinero les pertenece, sin haberlo trabajado y cuando lo tienen en sus manos lo desperdícian.
    El dinero no crece en los árboles.

  2. Lamento, pero ya la primera frase presenta algo para nada acertado sino ideológico – sobre todo en un mundo altamente digitalizado y globalizado (para el norte global) donde se crea y traslada montos gigantescos en segundos según voluntad política o privada. No ayuda repetir las posiciones mainstream de la economía clásica…

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