Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El empresario iletrado que rompe el statu quo

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Correa rompió con los organismos multilaterales de crédito, marcó distancias con los Estados Unidos a pesar de la la connivencia del Presidente Obama con el socialismo del siglo XXI; endosó al País con tasas de interés draconianas y con operaciones corruptas a la dictadura China; y alineó la política internacional con los intereses rusos. Votó obedientemente favoreciendo a Corea del Norte, al dictador sirio y consiguió un trabajo en los canales de Putin, en los que se hace propaganda y se fabrican noticias.

La gran capacidad financiera china indujo a los jefes del comunismo, luego de que su modelo económico provocó un gran crecimiento de la clase media que se perfila con iguales perspectivas de éxito, a desarrollar influencia y control en Africa y Sudamérica. Rusia, al frente un heredero del autoritarismo comunista, ha perserverado en ser contrapeso de la potencia occidental. Los socialistas del siglo XXI han servido de ariete para la penetración de estos proyectos imperiales en estos territorios.

Para Estados Unidos, Latinoamérica  terminaba en México. La ultima iniciativa para la región fue la de incluirla en la fracasada Alca de 1994, que fue programa de mercado común. Paradójicamente ha sido un empresario iletrado, enfrentado al establishment, quien parece haber entendido que el espacio abandonado, fue copado por réplicas ideológicas del castrismo, profundamente corruptas y alineadas con chinos y rusos. Trump al reconocer al presidente interino en Venezuela, negarse a reconocer la decisión del tontón de Maduro de romper relaciones diplomáticas, bloquear transacciones financieras con ese país, ha pisado los callos de esa alianza económica y política.

Las reacciones frente a la decisión de la Asamblea Nacional venezolana de aplicar una norma constitucional para desconocer a un dictador, que pretende otro periodo frente del gobierno, ha confirmado que persisten los enfrentamientos entre grandes poderes fuera de sus espacios territoriales. Y que los países deben tomar posición entre ellos. Porque no se trata solamente de garantizar préstamos o apoyo financiero. Se trata de que, junto con esos prestamos y apoyo, viene una agenda que políticamente es adversa a la forma en que funcionan los regímenes democráticos; una agenda que vulnera principios, que son tradicionales en Occidente, de defensa de los derechos humanos y vigencias de las libertades.

Luego de la perestroika, la entonces Unión Soviética acabó con la succión parasitaria de Cuba y eso llevó a hambrear a los cubanos en lo que llamaron «periodo especial». El castrismo encontró en un gorila golpista un nuevo aliado, una nueva teta para succionar petróleo y mantener el control de la Isla. Cuba, China, Rusia, por razones parecidas, contrarios y contradictores de Estados Unidos, convirtieron a Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina y varios otros pequeños países caribeños, en sus aliados políticos en su pretensión de hegemonía. Los demócratas en Estados Unidos y la Europa socialdemócrata por falta de interés estratégico han tolerado y en muchos casos aplaudido los sucesivos rompimientos del sistema republicano y democrático, los pisoteos a los derechos humanos y a las libertades fundamentales. Y en el caso de Venezuela, la represión y diáspora sin precedentes en la historia de la región.

El nivel catártico provocado por la decisión del gobierno de Trump de elevar la denuncia y confrontación con la dictadura corrupta de Maduro, rompió con ese status quo. Ha forzado a dar un paso mayor a la sola denuncia: desconocer el gobierno ilegítimo de Maduro, reconocer a otro presidente venido de la oposición y de la legitimidad de una Asamblea Nacional y cercar políticamente a la dictadura para que abandone el control del Estado. Todo esto contrasta con la negación de la naturaleza del conflicto que hace el Vaticano y con el abierto apoyo a la dictadura de gobiernos como China y Rusia, de grupos identificados con la violencia y con la obtusa izquierda que revive el espíritu de la Guerra Fría durante la cual la consigna fue aliarse al estalinismo, a pesar de sus horrores, con tal de que eso justificara oponerse a Estados Unidos.

En esa disyuntiva -a la que ha llevado un proyecto de la izquierda continental- de decidir entre democracia y dictadura, sin intermedios ni excusas, hay que alinearse geopolíticamente con la potencia y sus aliados que defienden la democracia y la recuperación de la dignidad humana de un pueblo sojuzgado por corruptos armados. Y marcar distancias políticas y económica con potencias que no concuerdan con nuestros valores, que son los occidentales.

Como todo viene atado, no hay duda de que la decisión del gobierno del presidente Moreno de reconocer la presidencia de Guaidó, aparte de lo que significa per se, muestra la decisión de un realineamiento también en la dependencia de préstamos y ayudas financieras. En Davos, la reunión con la gerente del FMI, va en esa línea. Que es, sin duda, la correcta.

Diego Ordóñez es abogado y político. 

2 Comments

  1. EXCELENTE ANÁLISIS DOCTOR.
    ES VERDAD QUE FUIMOS DOMINADOS POR UN TIRANOSAURIO O MEJOR DICHO UN TROPOSAURIO CABE EL TÉRMINO EN NUESTRO PAÍS.
    NEGAR LA MUERTE DE NIÑOS EN SIRIA CON ARMAS QUÍMICAS Y APOYAR A DICTADORES EZQUIZOFRÉNICOS CON BASHAR AL ASAAD ES SÓLO DE MENTES PERVERSAS.

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