Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Una ciudad, 18 candidatos

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Estamos a pocos días de empezar oficialmente la campaña electoral en el país y todos vamos a tener que elegir entre más de un centenar de candidatos, si se toma en cuenta que esta elección tiene datos sin precedentes. El hecho, por ejemplo, de que esta vez se registran más candidatos que nunca en la historia de la democracia ecuatoriana. Las papeletas albergarán alrededor de 80.000 nombres. Como es costumbre en tiempos electorales, somos testigos de tempranos actos de campaña que tratan de captar los votos de los ciudadanos para las distintas dignidades locales.

En el caso de la ciudad de Quito -que se ha convertido en la ciudad más poblada del Ecuador- los ciudadanos abrigábamos la esperanza de que se presentarían pocos candidatos, representantes de tendencias definidas, capaces de ofrecer una opción no sólo técnica de mejoramiento urbano sino de plantear opciones de visiones políticas nuevas. De modo que a los quiteños nos permitiera elegir un representante coherente en pensamiento y obra.

Sin embargo, se han presentado a terciar en las elecciones 18 candidatos; la mayoría de ellos con propuestas de acción similares y que incluso representan tendencias de pensamiento político parecido, que bien hubieran podido unirse para lograr mejor votación.

Quito, como gran ciudad que es, tiene problemas complejos: la gestión ambiental, la fauna urbana, temas de movilidad y de seguridad ciudadana, y el comercio informal, entre muchos otros. Por ende, su gobernabilidad es un desafío para cualquier líder que quiera asumir su dirección.

Una Alcaldía nueva era la oportunidad ideal para que, con los retos e intereses de la ciudad por delante, los líderes sociales y políticos se sentasen a conversar, llegasen a concertar y presentar candidaturas en alianza, ofreciendo a los quiteños un nuevo camino de gestión y demostrando que se puede recuperar esa  lucidez política que tanta falta nos hizo en los últimos años.

Una decisión de esta naturaleza tenía que venir acompañada de una muestra de generosidad de aquellos postulantes a candidatos, dispuestos a dar un paso atrás para que los más opcionados avancen y se articulen en el apoyo a la gestión de aquellos que más posibilidades muestren.

Ha pesado más el personalismo y el cálculo. Se ha preferido promocionar candidaturas que no tienen ninguna posibilidad con un doble propósito: mantener vivo al partido o movimiento o permitir que los candidatos suban a la ola de la campaña electoral, promocionen sus nombres y trepen un peldaño más de popularidad que les permita foguearse anticipadamente con miras al 2021. Todo esto a sabiendas de que hoy no tienen manera de ganar. ¿Qué de patriótico tiene esta actitud?

En la mitad de este escenario, como siempre, quedamos atrapados los ciudadanos que no atinamos a saber cómo haremos para averiguar quiénes son los candidatos a concejales que acompañan a cada uno de los 18 postulantes a Alcaldes. El hecho de que la elección sea por distrito, vuelve más complejo el tema  al momento de votar: hay que  buscar con sumo cuidado dónde están aquellos por los cuales vamos a votar.

Más allá de los inconvenientes logísticos que presenta una elección con 18 candidatos, a la larga esto provoca más debilitamiento del ejercicio de la política porque desnuda un defecto enorme que sigue siendo sistémico: en época electoral, nuestros políticos no quieren dialogar y no están dispuestos a ceder el primer lugar. Un segundo o tercer puesto es inaceptable.

Si hubiésemos tenido pocos candidatos, habría sido más fácil presionar para el ejercicio del debate que es un excelente mecanismo para medir, en vivo y en directo, las capacidades de liderazgo, conocimiento y efectividad de un plan de trabajo. Sin embargo, nos hemos encontrado con que los dos punteros no debaten, quitando al ciudadano la oportunidad de escucharlos.

La participación política es, sin duda, un derecho de todos y a nadie se le puede negar. Pero no es menos cierto que a estas alturas, en pleno siglo XXI, los ciudadanos nos merecemos otra cosa: queremos procesos eleccionarios con candidatos articulados alrededor de intereses nacionales y locales, que representen pensamientos democráticos consolidados alrededor de pocas opciones. Así las cosas, muchos candidatos confluyen en estas elecciones  pero ninguno  nos influye en lo esencial.

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

5 Comments

  1. Duran tiene 21candidatos a la alcaldia, RIOBAMBA 12 , Guano 8 Penipe 8 GUAMOTE 12 Colta 9, etc etc. En fin por ahi hay un CANTON QUE TIENE 23 y ROMPE récords.Podemos decir que debieron UNIRSE hacer un grupo mucho mas fuerte; que son MUCHOS, demasiados que esto, que el otro miles de análisis en fin.
    Lo que si es cierto es que hoy más que NUNCA se despertó EL HAMBRE Y LA NECESIDAD NO SÓLO DE Los
    OCHENTA MIL CANDIDATOS SINO MÁS AÚN DE LAS PERSONAS QUE LES ACOMPAÑAN EN BUSCA DE UN PUESTO O CARGO PARA SUBSISTIR EN SU MAYORÍA Y LOS MÁS POTENTADOS PARA ROBAR.
    PROHIBIDO OLVIDAR JAMÁS.

  2. Hoy por hoy en el Ecuador, existe tres movimientos políticos populares liderados por Caudillos, Guillermo Lasso,Jaime Nebot y Rafael Correa, si esperamos que los candidatos salgan solo de esos partidos estamos perdidos, obviamente, movimientos políticos o sociales que tengan un pensamiento ideológico similar a estos caudillos no pueden aliarse porque no hay lugar a ideas, sino ,solo lo que manda y piensa el caudillo, por lo tanto queda lanzarse democráticamente a la elección y esperar con buenas propuestas ser elegidos, no veo nada de absurdo tener tantos candidatos.

  3. Pues que no nos admire, esto sucede desde las grandes ciudades como Quito y Guayaquil hasta el más pequeño cantón del Ecuador, con el ejemplo de estos 12 años de Correismo, en el imaginario de la gente está el hacerse “rico”, que tener dinero y poder se lo puede lograr fácilmente llegando a estas dignidades, además para optar por estas candidaturas no se necesita nada más que respirar.

  4. Tener tantos candidatos a la alcaldía de Quito, es el resultado de una administracion tan mala y vergonzosa del Mauricio “Chupafuerte”Rodas..Cualquiera que gane será mejor que estito!!

  5. Su artículo aclara perfectamente lo que muchos pensamos, los 18 candidatos podían haberse unido agrupando ideologías, programas y similares deseos de servir a Quito, dejando a un lado la prepotencia el narcisismo el deseo de figurar y sobre todo el cálculo que ni siquiera creo que sea político sino de la índole que dejaron los diez años nefastos de los corruptos. Y, no puede ser de otra manera, en esa década se corrompió a la gente se enseñó que la política sirve para llenar los bolsillos; mire usted como la actual Administración deja a Quito, sus calles llenas de baches, basura por donde va, y lo que es peor una inoperante e indiferente burocracia carente de ética profesional.
    El Alcalde antes de ser elegido tiene que demostrar que programa tiene para nuestra ciudad, como va a corregir los defectos administrativos, cuales son las capacidades de la gente que le acompañará etc.etc. y no creo que por ser políticos o por ser nombrados por esas cosas de la vida puedan improvisarse para manejar semejante empresa que es la Alcaldía de Quito

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