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FMI: el chivo expiatorio de las incapacidades del país

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Según el Centro de Investigaciones Económicas y Empresariales de la UDLA, entre 1983-2003 se firmaron 13 Cartas de Intención con el FMI. En las décadas de los años 80s y 90s, de las diez cartas firmadas, sólo en las de 1983, 1984 y 1985 se desembolsó la totalidad de los créditos del FMI y se asume que se cumplieron los programas previstos. Las Cartas de Intención firmadas en los años 1986, 1987, 1990, 1991 y 1995 no se cumplieron. Se cumplieron parcialmente las de los años 1989 y 1994. Luego de la adopción de la dolarización, se cumplió parcialmente la Carta de Intención firmada en el año 2000, se cumplió en su totalidad la firmada en 2001 y fue parcialmente cumplida la suscrita en 2003.

En las décadas de los años 80s y 90s, cuando el país contaba con el sucre como moneda propia, los compromisos de política económica asumidos por el país en las Cartas de Intención, giraban en torno a la reducción del déficit público, prudencia en los incrementos salariales, reducción  del gasto público y la plantilla de empleados públicos, eliminación de las prohibiciones para importar, mantener niveles adecuados de reserva internacional, aumentar los precios de los derivados del petróleo, flexibilidad en las tasas de interés, aumentar la competitividad externa, incrementar las tarifas de los servicios públicos, limitar el endeudamiento externo, reducir la inflación, ajustar las tarifas de los servicios públicos, política cambiaria flexible, controlar la emisión monetaria, crecimiento de la economía. Sólo en 1994 se estipulaba la privatización del sector eléctrico y telefónico.

A partir del año 2000, luego de la adopción de la dolarización los compromisos en las Cartas de Intención hasta 2003, se limitaban a recuperar el equilibrio fiscal, la disminución de los atrasos en las deudas del Estado, topes al endeudamiento público y reducción de su peso, aumento del IVA, creación de un fondo de liquidez, límites al crecimiento del gasto del gobierno, adopción de reglas de Basilea, aumento de la inversión, reducción de tasas de interés, mantenimiento de la dolarización.

En 2019, después de casi 40 años de haber firmado la primera Carta de Intención en 1983, en el Ecuador se continúa con la secular discusión de los mismos problemas y deficiencias económicas y fiscales. Si en los años 80s y 90s, se hubiesen cumplido con rigor los compromisos de las Cartas de Intención, la crisis de 1999 no habría existido, así como el alto costo que ella representó.

Hoy, después de casi veinte años de implementación de la dolarización, se vuelve imperativo retomar las políticas económicas y fiscales inherentes a su preservación e implementadas en las Cartas de Intención 2000-2003. Si las mismas políticas se hubiesen mantenido con el entorno inmensamente favorable del segundo boom petrolero, tendríamos un Ecuador camino al desarrollo.

La satanización del FMI solo traduce la incompetencia del país para implementar políticas económicas y fiscales sanas, y la ciega recurrencia de culpar a otros como causantes de los males nacionales. Excusa para negarse a ver sus propias incapacidades. No son las Cartas de Intención firmadas con el FMI las causantes del subdesarrollo del Ecuador, si, en cambio, los intereses de las élites políticas, económicas y sociales, los dogmatismos ideológicos, los populismos de diverso cuño que utilizan la desesperanza de los pobres para sus protervos intereses, los gobiernos irresponsables carentes de una auténtica visión del desarrollo.

Los sectores de siempre, trabajadores, posiciones de izquierda, élites sociales, políticos poco responsables, vuelven a su nostálgica denostación per se del FMI. No obstante, la ligereza de sus soluciones y constantes demandas al Estado, han sumido al país en el atraso y subdesarrollo: más subsidios, más gasto público, más deuda pública, desdén por el equilibrio fiscal, oprobio a la creación de riqueza, inveterado temor a la competencia y productividad, socialización de la pobreza ante la incapacidad de crear riqueza para distribuirla.

Si el Gobierno anterior hubiese administrado con responsabilidad el boom petrolero, quizá el último, tendríamos superávit fiscal, fondos de ahorro, más inversión extranjera y exportaciones, una sólida reserva internacional y un país con altas tasas de crecimiento. No obstante, los desajustes económicos y fiscales incubados en el anterior gobierno, tienen magnitudes y costos poco imaginables para el conjunto de la sociedad.

Más impuestos, menos subsidios a los combustibles, reducción notable del aparato estatal, cuentas públicas equilibradas, condiciones para impulsar notables flujos de inversión extranjera y exportaciones para crecer a tasas elevadas, mano de obra calificada, mayor productividad y competitividad, flexibilidad laboral, aumento de las reservas en el Banco Central, y muchas otras políticas deben ser parte de la convicción del gobierno y de la sociedad. Insertarlas en un acuerdo con el FMI, jamás debe entenderse como una imposición de tal organismo, sino como intrínseca necesidad para el desarrollo del país.

El Ecuador, en décadas, no ha sido capaz de consolidar y sostener políticas para una sana economía y cuentas públicas ordenadas. Hoy, le es imposible conseguir recursos para aumentar sus reservas en dólares y garantizar la estabilidad económica y fiscal. La única opción es acudir al FMI con un plan económico coherente y creíble que aliente las libertades económicas, a fin de generar confianza en los mercados, reducir el riesgo país y obtener los recursos que le son imperativos. Sin embargo, si el plan a presentarse, aunque fuese en la dirección correcta, no tiene viabilidad política y social, cualquier acuerdo con el FMI se incumplirá en reiteración de las conductas del pasado. El país continuará anclado a sus miopías y deformaciones que lo condenan al atraso y crisis permanentes.

Jaime Carrera es economista.

4 Comments

    • A mi criterio el artículo deja mucho que desear. El problema de fondo no es si se cumplieron o no las cartas de intención sino el esquema de carga de la crisis sobre los hombros de los que menos tienen, ientras se da jugosos benficios al sector financiero, bancario y de comercio exterior con abse en las medidas del FMI. es un esquema para acumular capital a costa de los tarbajadores. Lo más grave del esquema es que las medidas del FMi lejos de ayudar a resolver las cisis las agudizan, pues medidas como despidos y subida de precios de servicios básicos restan capacidad de demanda al mercado interno, lo que a su vez provoca una caída de la producción interna y en el contextode aperura estimula la importación de bienes con la consecuente saldia de divisas. Es un camino directoa la desdolarización de la economía y profundización de la crisis.

  1. Excelente análisis de la historia económica del Ecuador, y sus distorsiones políticas, sociales y financieras. El Ecuador de hoy, proyectado hacia el futuro, debe ser mas responsable y educado política y económicamente, a fin de tomar las mejores decisiones, para el bién del País. El pasado solo sirve como referencia, y no se lo puede cambiar. El presente y futuro es lo que cuenta.

  2. Jaime Carrera no solo es economista, sino un SEÑOR Economista. Honesto, correcto, investigador y analista de las realidades fiscales, monetarias, financieras, presupuestarias y más elementos que permiten opinar con criterio y con sentido patriótico, las realidades que pueden orientar debidamente las políticas económicas del país.

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