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Procaz y camorrero, ¿Cuesta representa al Presidente?

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Al fin se entiende por qué este gobierno tiene un perfil pírrico en el campo político: se debe a que Santiago Cuesta es el hombre tras el poder de Lenín Moreno. Y Cuesta tiene de la política, el mismo concepto que tuvieron en su momento, por ejemplo, Abdalá Bucaram y los suyos: llevar a sus contradictores al albañal (como amaba decir Alfredo Adum) y allí revolcarse con ellos.

De esa especialidad, Cuesta dio pruebas, este miércoles 13, en su entrevista con Andersson Boscán: camorrero, vulgar, procaz, de una violencia verbal impresionante… Oírlo conduce a pensar que el Presidente no cree, como afirma, en los postulados de decencia y tolerancia que recomienda practicar en el ámbito público. O que si cree, exceptúa a Cuesta, porque supuestamente lo defiende, al punto de haberlo convertido en una rueda suelta en su gobierno.

El hecho cierto es que Santiago Cuesta, el principal consejero de un Moreno conciliador, es una máquina especializada en triturar gente. En este caso se aplicó con especial ardor a despedazar a Fernando Villavicencio (político y periodista), a Christian Zurita (periodista) y a Ronny Alega (asambleísta correísta). Y lo hizo porque esos tres ciudadanos, en campos y por motivos diferentes, hicieron acusaciones, a sus ojos, desprovistas de bases reales y jurídicas contra Moreno. Y contra él (por parte de los dos periodistas).

No se puede decir que la actuación de Cuesta en esta entrevista sea excepcional. La reiteración en el despropósito y la invectiva hace pensar que es así como el consejero presidencial concibe la contradicción pública. Porque si se tratara de inconsistencias (ya sean periodísticas o legales), como efectivamente podría asumirse que hay en ese informe de Villavicencio y Zurita (que Correa y Aleaga han explotado políticamente), este asunto habría tenido patas cortas: hubiera bastado con mostrar que el Presidente no tenía, según los documentos publicados, ninguna relación legal con lo denunciado (que atañe a amigos suyos y a su hermano) y que, en este caso y sin otra prueba, no se puede inferir que Moreno esté involucrado. Hay que probarlo. Inferir no hace parte de los protocolos en una investigación periodística.

Pero no. No es así que Cuesta practica la política. Su forma de pensar, que es fácilmente detectable si se ve la entrevista, lo lleva siempre e irremediablemente a la misma decisión: no perderse ninguna oportunidad para revolcarse con sus contradictores en el albañal. Ahora se entiende por qué el gobierno de Moreno ha procedido, en este caso, como lo hubiera hecho Correa. O como lo hicieron en su momento ministros o asesores de Bucaram. En cualquier país medianamente institucionalizado, el gobierno hubiera tramitado la denuncia dando una explicación y poniendo las cosas en su sitio. Cuesta no. Puso al Presidente ante las cámaras. Seguramente aceptó que el embajador en España montara una pieza poco digna para su rango. Y ahora procede como solo podría hacerlo un servicio secreto de la peor especie: con aseveraciones grotescas, malintencionadas, chabacanas… Cuesta es de los que dice y deja suponer con una maestría nada envidiable.

¿Esa es la forma de responder (un informe periodístico y el ataque político correísta) por parte del principal consejero presidencial? ¿Es esa la pedagogía democrática de la cual hablaba Lenín Moreno? ¿Puede Cuesta, que ocupa un cargo pagado por los contribuyentes, convertir la esfera pública en un albañal, supuestamente porque así ha sido tratado por los que ahora ataca? ¿No lo obliga su cargo a considerar que la contradicción pública (por equivocada o estrambótica que parezca) se tiene que ventilar según las servidumbres formales y éticas a las cuales le obliga la función que ostenta? Y si Cuesta tiene pruebas de delitos, algunos horrendos que endosa a Villavicencio y a Aleaga, ¿no debe denunciarlos ante la Fiscalía en vez de blandirlas ante las cámaras?

Tener el poder prohíbe a Cuesta victimizarse o equipararse con ciudadanos de a pie. Y si él cree que esos ciudadanos cometen errores o se extralimitan, hay mecanismos legales para zanjarlos. Cuesta lo hace en los micrófonos y desafió a Villavicencio a un mano a mano mediático. ¿Este señor es tan poderoso que en el gobierno no hay quién le pueda decir que un funcionario no puede cometer ese tipo de exabrupto? ¿No hay quién le diga que no repita el ejercicio malévolo que hizo Correa al pretender cambiar de significado a las palabras? Véanlo en la entrevista, tratando de convencer al periodista de que el gasto electoral del que se benefició Moreno no es tal solamente porque fue él quien lo hizo. Esa historia es corta y merece ser contada. Jordi Segarra, un estratega y asesor político muy costoso, estuvo en Ecuador según él dos o tres veces durante la campaña electoral de Moreno. Cuesta confesó que él invitó y él pagó. Lo invitó “a que nos asesore en la campaña del Presidente Moreno. Punto”. Y con un aire de ingenuo, que no le sienta, pregunta. “¿Dónde está el gasto electoral?”.

Camorrero, cínico, procaz, pendenciero, rueda suelta… ¿Y ese consejero representa al Presidente?

Foto: El Universo

23 Comments

  1. Felicitaciones a José Hernandez sobre éste escrito Procaz y camorrero, ¿Cuesta representa al Presidente?

    sobre la actuación y actitud de Santiago Cuesta el principal asesor de Moreno.
    «El hecho cierto es que Santiago Cuesta, el principal consejero de un Moreno conciliador, es una máquina especializada en triturar gente. En este caso se aplicó con especial ardor a despedazar a Fernando Villavicencio (político y periodiista), a Christian Zurita (periodista) …Y lo hizo porque esos ciudadanos, en campos y por motivos diferentes, hicieron acusaciones, a sus ojos, desprovistas de bases reales y jurídicas contra Moreno. Y contra él (por parte de los dos periodistas)…»
    Cuesta utilizando un vocabulario Procaz , camorrero a desafiado al activista politico y Periodista Fernando Villavicencio
    En parte del escrito señala :» …Y si él cree que esos ciudadanos cometen errores o se extralimitan, hay mecanismos legales para zanjarlos. Cuesta lo hace en los micrófonos y desafió a Villavicencio a un mano a mano mediático. ¿Este señor es tan poderoso que en el gobierno no hay quién le pueda decir que un funcionario no puede cometer ese tipo de exabrupto? ¿No hay quién le diga que no repita el ejercicio malévolo que hizo Correa al pretender cambiar de significado a las palabras? »
    De esa especialidad, Cuesta dio pruebas, el miércoles 13, en su entrevista con Andersson Boscán: camorrero, vulgar, procaz, de una violencia verbal impresionante… Oírlo conduce a pensar que el Presidente no cree, como afirma, en los postulados de decencia y tolerancia que recomienda practicar en el ámbito público. O que si cree, exceptúa a Cuesta, porque supuestamente lo defiende, al punto de haberlo convertido en una rueda suelta en su gobierno.
    y como dice Hernán 2 en su comentario:
    «El sr. Villavicencio, en la réplica a lo manifestado por Cuesta detalló los actos y los vínculos de Moreno con los que le financiaron su campaña y que siguen en los negocios del Estado, por lo cual lo de la cirugía mayor es puro cuento.
    Mucho tiene que hacer al respecto la Fiscalía y la Justicia.»
    En resumen: Nuestras Altas Autoridades de la Nación Ecuatoriana siguen sumergidos en actos de corrupción.

  2. Este conocido oportunista, además de ser un bellaco, es torpe al querer vernos la cara de imbéciles a todos los honestos de este país.

    Este supremamente cínico embaucador al más puro estilo de su mentor Correa, quiere burlarse de nosotros al afirmar que la que la nutrida comitiva que trajo Manafort, se reunió solo 7 minutos con las autoridades del gobierno, comandadas por este sátrapa de marca mayor.

    Quien puede creer que esa comitiva con el delincuente Manafort a la cabeza, va a hacer una movilización de tal envergadura para reunirse solo 7 minutos, es decir para nada.

    Las reuniones fueron agendadas con la debida antelación, pues esa gente no se mueve en vano, el promotor del gigantesco negocio de entregar los activos del estado a este grupo de atracadores, incluyendo a Cadena, a todas luces fue la alimaña Cuesta, y sí, en contubernio con el carita de yo no fui que torpemente hace las veces de presidente.

    Ojalá que la nueva Fiscal que esperanzadoramente será Diana Salazar, ponga tras las rejas a tanto correísta que Moreno ha aupado, como este cínico mafioso de Cuesta, solo superado por su gurú, correa.

    Excelente artículo Sr. Hernández, hacen falta más escritos como este para que el pueblo se de cuenta que la corrupción sigue mas campante que nunca.

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