Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Es correcto que Ecuador integre el GIC y no el Grupo de Lima? 

en Columnistas/Influencers4P por

Esta semana se reúne en Quito el Grupo Internacional de Contacto (GIC) con la presencia de Federica Mogherini, la alta representante de la Unión Europea (UE) para la política exterior y de seguridad. El GIC agrupa a ocho países europeos y a Uruguay, Bolivia, Costa Rica, México y Ecuador. Tiene como objetivo la búsqueda de una salida pacífica a la crisis venezolana y el establecimiento de un canal institucionalizado de ayuda humanitaria. El GIC nació como iniciativa de la UE poco antes de que Guaidó asumiera la presidencia interina en Venezuela y se ha convertido en una instancia multilateral paralela al Grupo de Lima. Una vez que el Ecuador adoptó una postura de rechazo al ilegítimo gobierno de Maduro, decidió sumarse a este mecanismo de abordaje de la crisis venezolana, en lugar de optar por el Grupo de Lima, que reúne a varios países sudamericanos y es muy cercano a la estrategia de cambio de régimen de la administración Trump.

El Grupo Internacional de Contacto difiere del Grupo de Lima en cuanto a la salida a la crisis que promueve. Una amplia mayoría de los integrantes del GIC reconocen a Guaidó, así que el propósito que los convoca no es mantener a Maduro en el poder, sino promover una transición democrática.   Esta se daría mediante una salida pacífica, lo que implica un diálogo con las partes en la disputa y la celebración de elecciones libres. El Grupo de Lima, en cambio, busca cercar al gobierno de Maduro, mediante el aislamiento y el empoderamiento progresivo de Guaidó. La combinación del cerco internacional y las movilizaciones lideradadas por Guaidó deberían, en teoría, provocar el derrumbe inmediato del régimen de Maduro, lo que no ha ocurrido.

Aparte de plantear la necesidad de un diálogo con las partes, el GIC difiere del Grupo de Lima en descartar la opción militar. Como está fuertemente alineado con los esfuerzos de la administración Trump, el Grupo de Lima ha tenido una posición ambigua frente al escenario de la intervención militar humanitaria. El New York Times, por ejemplo, reportó que Colombia estuvo, en algún momento, dispuesta a permitir que militares venezolanos exiliados, que se encuentran en territorio colombiano, protegieran el convoy humanitario en el Día D del 23 de febrero. El GIC, en cambio, desde un inicio, ha representado la opción típicamente europea de apostar a la diplomacia, en lugar del uso de la fuerza. Otra diferencia entre el Grupo de Lima y el GIC es que este último es un ejercicio verdaderamente multilateral. Si bien en el Grupo de Lima concurren varios estados sudamericanos, al haberse alineado con la estrategia de Trump, está, en la práctica, respaldando la aplicación de la Doctrina de Monroe.  La misma atribuye a EEUU la facultad de unilateralmente resolver las crisis que se presenten en el hemisferio occidental para evitar el influjo de potencias extra-hemisféricas.

No obstante, si bien el GIC muestra un comportamiento congruente con las normas internacionales, hay que hacerse la pregunta: ¿posee el poder de negociación para lograr que el régimen de Maduro abra paso a elecciones libres? ¿Qué castigos o incentivos puede movilizar el GIC para obtener su objetivo estratégico? A diferencia de EEUU, el GIC no tiene la capacidad para sancionar al régimen de Maduro. La Unión Europea no ejerce control sobre las exportaciones petroleras venezolanas o el sistema financiero internacional. Lo que puede ofrecer a Maduro es una salida menos humillante que no implique sucumbir ante su enemigo, EEUU. Esta salida tendría las ventajas para Venezuela de ser ordenada y pacífica. No obstante, la opción de una salida “honrosa” para Maduro solo entraría en juego una vez que el régimen esté absolutamente desgastado. Para llegar a ese punto, es imprescindible que se profundice la asfixia económica que está aplicando EEUU. La intensificación de la presión económica que ejerce EEUU consiste en persuadir a la India que desista de la compra de petróleo venezolano e impedir, mediante sanciones, a las aseguradoras marítimas, la transferencia de petróleo a Cuba, bajo el supuesto de que, en ese caso, Cuba retiraría su equipo de inteligencia de Venezuela. Así el enfoque del Grupo Internacional de Contacto y la estrategia de EEUU son, en la práctica, interdependientes, aunque se presenten como divergentes.

¿Hace Ecuador lo correcto en integrar el GIC en lugar del Grupo de Lima?  La participación activa en el GIC tiene varias ventajas sobre el Grupo de Lima. El Grupo de Lima está siendo opacado por la estrategia unilateral de EEUU, mientras el GIC está destinado a realizar un aporte clave multilateral en una coyuntura que se presentará tarde o temprano: el momento decisivo en que Maduro enfrente la inviabilidad. De otro lado, el GIC, como muestra de manera contundente la reunión en Quito, está dando visibilidad internacional al Ecuador. A diferencia del régimen de Correa, la diplomacia del gobierno actual está logrando la visibilidad con decisiones inteligentes, en lugar de comprometer recursos económicos o con gestos desafiantes. Adicionalmente, el GIC está en línea con la identidad de política exterior que el Ecuador ha cultivado a lo largo de décadas, la preferencia por el multilateralismo y la resolución pacífica de conflictos.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

2 Comments

  1. Coincido totalmente con este artículo, sin embargo se debería aclarar que el Ecuador sí es miembro observador del Grupo de Lima. Desde la reunión del 4 de febrero de 2019 en Ottawa (en donde participó el Canciller), convocada una vez reconocido el presidente interino Juan Guaidó, Ecuador ha participado en absolutamente todas las reuniones en calidad de observador.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Las últimas de

×
Ir Arriba