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Las correcciones económicas, en riesgo tras las elecciones

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Los resultados de las elecciones del último domingo se prestan para diversas lecturas. Los correístas, por ejemplo, interpretan su triunfo en Pichincha y Manabí y su segundo lugar en Quito como una muestra incuestionable de su fortaleza (más allá de que, a nivel nacional, su voto no haya superado el 20% del total, muy por debajo de los niveles observados durante el auge de ese movimiento). En el caso de los socialcristianos, sus contundentes triunfos en Guayaquil y Guayas (pese a sus derrotas en otros lugares del país, como Ambato o El Oro) parecen abrir una perspectiva interesante para Jaime Nebot de cara a las elecciones presidenciales de 2021. La victoria de Yunda en Quito (con apenas algo más de una quinta parte de los votos válidos, pero seguido por la correísta Luisa Maldonado) confirma la preferencia de una parte importante del electorado por las opciones populistas.

Esa confirmación, a apenas dos años para las siguientes elecciones presidenciales (y uno para el inicio de la campaña), genera serias dudas sobre la posibilidad de que se lleven adelante las reformas económicas que se necesitan para poder sacar al país del estancamiento en el que se encuentra desde la caída del precio del petróleo (lo que dejó en evidencia la fragilidad del modelo que implementó el correísmo) y generar las condiciones para un crecimiento sostenible. En el marco del acuerdo con el FMI y como parte de su “Plan de Prosperidad”, el Gobierno ha anunciado que llevará adelante algunas reformas, entre las que destacan la reforma tributaria, que se enviaría a la Asamblea en los próximos meses y con la que se espera aumentar la recaudación en alrededor de un punto y medio del PIB, y también una reforma laboral que permita generar más oportunidades para los millones de trabajadores que actualmente están excluidos del sector formal y que, a su vez, ayude a que el sector productivo recupere algo de la competitividad perdida en los últimos años.

No obstante, esas necesarias reformas (que ayudarían a corregir los principales desequilibrios de la economía ecuatoriana: el fiscal y el externo) muy probablemente incluirán medidas impopulares, como aumentar el IVA (a cambio de eliminar impuestos más distorsionantes) o reducir las extremas rigideces del mercado laboral. Ante la cercanía de la campaña para las elecciones presidenciales, ¿alguien ve, por ejemplo, al Partido Socialcristiano, ya de por sí renuente a cualquier medida que pueda implicar un costo político, incluso aquellas que en teoría coinciden con su doctrina, apoyando esas reformas en la Asamblea? ¿O, lo más probable, Nebot, quien hace meses ya se pronunció en contra de un acuerdo con el FMI, determinará las posiciones de su partido en función de los efectos que éstas puedan tener en las encuestas? ¿Y en CREO, muchos de cuyos asambleístas votaron a favor de mantener el proteccionismo en la Ley de Comunicación, estarán dispuestos a jugarse por medidas que llevarían al manejo económico a una senda cercana a los principios que dicen defender? Y los propios (y volubles) asambleístas “morenistas”, ¿pensarán primero en su Gobierno o en su posible reelección? De los correístas, ni hablar; ellos sólo están dispuestos a generar los desequilibrios, no a corregirlos.

En resumen, los resultados del domingo (que marcan una consolidación del populismo) y la proximidad de las elecciones presidenciales (con un Nebot que parte bien posicionado) harán cuesta arriba la tarea del Gobierno de sumar apoyos para sacar adelante las medidas acordadas con el FMI. La miopía, el inmediatismo y el desinterés por el futuro del país de gran parte de los políticos nacionales hacen pensar que esas necesarias reformas no tienen posibilidad de prosperar. La única esperanza es que alguien cercano a los líderes políticos, sobre todo a aquellos que se muestran como los más opcionados para llegar a la segunda vuelta, les haga entender que, si el acuerdo con el FMI fracasa, heredarán una situación económica que muy probablemente los obligará, en el corto plazo, a tomar medidas mucho más costosas e impopulares.

José Hidalgo Pallares es economista.

4 Comments

  1. El interés personal es más fuerte que el que debe existir por el país , el gran negocio de los políticos sigue siendo hacer de su oficio su mejor fuente de ingresos . Ni la derecha ni la izquierda han sido capaces de fomentar un proyecto político o económico para salir del subdesarrollo . En lo que si parece se ponen de acuerdo son en las formas de ejercer la corrupción , aquí si hay política de estado . Saber de donde vienen los aportes para las campañas políticas nos ayudaría a visualizar y entender , el porque en cualquier gobierno los mismos sectores son los beneficiados , la banca por ejemplo siempre gana , y no se los toma en cuenta de forma seria como para que metan el hombro en tiempos dificiles ; los importadores son otro de los sectores que se han hecho la plata y quieren más con la eliminación del ISD; los empresarios que consiguieron perdón y olvido de multas e interéses y quieren más , desentenderse de su responsabilidad con sus trabajadores a pretexto de la flexibilidad laboral ahora su objetivo . Hasta ahora no dicen nada de los dineros del IESS, menos mal. Multiplicar y promover el voto voluntario elevaría de estos mafiosos de los políticos su interés por servir y hacer las cosas bien para todos los habitantes de esta saqueada patria.

  2. Sr. Hidalgo, a estas alturas del fracaso neo liberal, se debería buscar otras alternativas para el desarrollo económico del Ecuador, los mismos USA ya están buscando protección para sus empresas, por la avalancha de productos chinos que invaden los mercados globales.

    Con la aparición de China, Rusia, India como protagonistas políticos y económicos no alineados, cambian las reglas del juego financiero global, miles de inversionistas de todo el mundo ni se fijan en países como Ecuador para invertir sus capitales, van a lo seguro, a India, China, Rusia.

    Los que vienen por estos lares, no vienen a invertir en empresas o industrias que generen riqueza o fuentes de trabajo, solo vienen a privatizar o comprar a precios ínfimos la infraestructura y empresas estatales que ya están hechas y en pleno funcionamiento.

    El endeudamiento con el FMI promociona este mal negocio y esto no nos conviene a los ecuatorianos de cualquier lado, derecha o izquierda, porque todos sufrimos cuando el país se empobrece y toca fono como en 1999.

  3. Acaso está hablando del «acuerdo» ilegítimo con el FMI que nunca fue validado por la Asamblea, tal como lo estipula y demanda nuestra constitución? Bien, si fracasa. No sirve para salir del «estancamiento», menos aún la aumentada inseguridad laboral. Pues con menos ingresos y sin indemnizaciones habrá menos impuestos, también de IVA!

    Y acaso está hablando del populista más grandilocuente del país, Nebot?

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