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¿El golpe aceleró la transición venezolana?

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El fallido golpe cívico-militar del 30 de abril en Venezuela ha tenido una lectura optimista y pesimista entre los analistas venezolanos.  La lectura optimista de Pedro Mario Burelli, entre otros, es que evidenció la fragilidad de la coalición que apoya a Maduro y ha abierto las puertas a una rápida transición democrática que contará con la aprobación de Rusia y Cuba.  La pesimista, de otro analista venezolano, Luis Vicente León, es que el golpe fue un fracaso rotundo que nunca tuvo mayores posibilidades de éxito y terminó fortaleciendo la coalición interna e internacional pro-Maduro.

Antes de evaluar la validez de una u otra interpretación, hay que aclarar qué ocurrió el 30 de abril. Los hechos son confusos, pero es posible discernir los contornos del acontecimiento. El intento de golpe se enmarcó en conversaciones entre figuras claves de la coalición pro-Maduro y EEUU. Estas conversaciones habían logrado un entendimiento de que Maduro debía asilarse en Cuba y se debía dar paso a un gobierno de transición con una amplia participación de sectores de oposición y chavistas.  Varios altos mandos del gobierno de Maduro, incluyendo el Ministro de Defensa, Vladimir Padrino formarían parte del gobierno de transición y recibirían garantías de amnistía.  Este acuerdo aparentemente era frágil porque Padrino o no se habría comprometido realmente, o estaba tendiendo una trampa a sus supuestos cómplices. Ello hizo que Juan Guaidó y Leopoldo López se adelantaran al día fijado e intentaran activar el golpe son con su pronunciamiento ante la base de La Carlota en Caracas en la madrugada del 30 de Abril. No obstante, su acto mediático tuvo el efecto contrario al presentar la imagen de un golpe liderado por el sector más radical de la oposición encarnado en la figura de Leopoldo López. Terminó, en otras palabras, restando apoyos importantes para el  éxito del golpe.  Adicionalmente, Rusia y Cuba se mostraron contrarios al golpe. Rusia logró convencer a Maduro que retome las riendas del poder y la inteligencia cubana reestableció la disciplina en los cuarteles. Para Rusia estaba en juego su prestigio. No podía dar un triunfo fácil a EEUU, sin exigir nada a cambio.

Nadie duda de que a corto plazo el golpe fue un fracaso. Guaidó, secundado por Leopoldo López, hizo un claro llamado para que se sumen las fuerzas armadas venezolanas a su Operación Libertad y ello no ocurrió.  Horas después Leopoldo López tuvo que refugiarse en la Embajada de España. Uno de los colaboradores clave del golpe, Vladimir Padrino reafirmó su adhesión a Maduro, mientras el director del servicio de inteligencia de Venezuela, que liberó a Leopoldo López, tuvo que salir del país.

La lectura optimista del golpe se sustenta en el hecho de que este claramente evidenció las grietas en la coalición madurista y demostró la voluntad de sectores del chavismo de instaurar un gobierno de transición sin Maduro. El siguiente paso, según esta versión, es que las negociaciones en torno al gobierno de transición pronto se reactivarán y la salida de Maduro se dará por vía pacífica o mediante otro golpe. Paralelamente, una figura clave del partido republicano de EEUU, Rick Scott ha anunciado que Rusia está a punto de retirar sus asesores militares de Venezuela para dar paso a una transición pacífica. Así, el golpe, a pesar de su fracaso, habría acelerado la transición democrática.

La versión pesimista, en cambio, apunta al hecho de que Padrino no era un interlocutor confiable y tendió una trampa a los otros participantes en el golpe. Ello explicaría porque Guaidó y López se adelantaron a la fecha fijada de manera desesperada.  El golpe nunca tuvo posibilidades de éxito y su desenlace sugiere que la coalición madurista finalmente se reestableció. Incluso, si Padrino hubiera negociado en buena fe y luego se retractó, el hecho de que EEUU reveló esas conversaciones haría difícil retomarlas en un futuro cercano. En cuanto a Rusia, no está claro por qué ahora cambiaría de estrategia y optaría por permitir que EEUU obtenga un triunfo fácil.  Cuba, asimismo, sigue adicta al petróleo barato que solo el gobierno de Maduro puede proveer.

¿Quién tiene razón, los optimistas o los pesimistas? La versión optimista, sin duda, sobreestima el consenso entre los poderes que se generó a favor de la salida de Maduro. Si se hubiera producido este consenso, el golpe habría tenido éxito y no lo tuvo.  Aún si asumimos que Padrino negoció en buena fe y se retiró a última hora, el resultado mostraría la virtual imposibilidad del consenso entre los poderes en torno a un gobierno de transición. En cuanto al supuesto acuerdo entre EEUU y Rusia, que acarrearía a Cuba, no está claro por qué un golpe fracasado habría alterado los cálculos estratégicos rusos. Para que Rusia esté dispuesta a abandonar a Maduro, Trump le tendría que ofrecer un levantamiento de sanciones o el reconocimiento público de la legitimidad de la anexión rusa de Crimea. Trump no puede hacer ninguna de las dos cosas, en un momento en que su cercanía a Putin está siendo investigada por el Congreso. Desafortunadamente, el punto muerto continuará, aunque a largo plazo el régimen de Maduro es insostenible.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

2 Comments

  1. Al parecer Nicolas Maduro tiene menos predisposicion de seguir en el poder, la gente necesita un líder no cualquier persona como lo es su presidente.
    La gente venezolana ya cansada de tanto maltrato y abuso que reciben del gobierno su opcion mas viable es derrocar al presidente y que mejor opción que la de apoyar a Guaido.
    Las grandes potencias no es que muestren interes por estos paises es mas su deseo de dominio y lealtad de los demas para poder tener enfrentamiento entre Rusia y EEUU.

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