Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Año nuevo, ministros nuevos

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El tercer año de gobierno del Presidente Moreno debería iniciar con la renovación no solo de sus prioridades y objetivos de corto plazo sino también con la oxigenación de su gabinete ministerial. Hay ministros que tienen que irse porque su ciclo político ha concluido, otros porque su gestión pasó inadvertida y otros simplemente porque sus espacios corresponden a cuotas de poder que tienen que ser reorientadas. También hay Secretarios de Estado cuya actuación ha sido equilibrada y son parte de una estrategia de reformulación de determinadas políticas públicas. En esos casos, la ratificación del encargo luce la decisión más coherente. Finalmente, y como en todo gobierno, están aquéllos ministros a los que muchos desean ver fuera de sus cargos pero que, por razones a veces poco conocidas, siguen en el entorno cercano del poder.

Entre los que cumplieron su ciclo está el ministro de energía, Carlos Pérez. Su labor empezó por todo lo alto pero de a poco la ausencia de resultados visibles fue ganando espacio. Sus recientes declaraciones respecto a la inminencia de la explotación minera no sólo fueron desatinadas sino que revelan que él mismo estaría deseoso de salir del gobierno. En el mismo grupo, aunque por razones diferentes, está la ministra de salud, Verónica Espinosa. No sólo son las denuncias difundidas por varios canales las que han minado su espacio político sino también su pertenencia a un gobierno del que el Presidente Moreno permanentemente señala su intención de desmarcarse. En esta camada estaría también Pablo Campana, ministro de comercio exterior. Muchos viajes y pocos hechos. Sin embargo, es cuota de importantes sectores empresariales por lo que si deja su espacio será para ocupar otro. Agricultura, Trabajo y Obras Públicas son ministerios que tradicionalmente responden a la coyuntura política. Por ello, los cambios en dichas Carteras de Estado estarán enlazados a los resultados de la nueva correlación de fuerzas al interior de la legislatura.

Las relaciones exteriores y la defensa nacional han sido las áreas en las que, a lo largo del último año de gobierno, se ha visto un proyecto coherente de reestructuración y reinstitucionalización. Por tanto, sus ministros deberían permanecer en funciones. La ausencia de agenda política propia, tanto del Embajador Valencia como del General Jarrín, constituyen sus mejores cartas de presentación. En lo social sucede algo similar, tanto en inclusión como en educación, los ministros Cordero y Luna han priorizado su trabajo por encima de la exposición pública. Luego de mucho tiempo el país tiene en dichos espacios altamente politizados a funcionarios técnicos. Por ello, su renovación podría ser una opción. Finalmente, en el grupo de funcionarios que debería mantenerse está el ministro de economía, Richard Martínez, y la del interior, María Paula Romo. Con todas las críticas que se podrían tejer sobre ambos, no se puede desconocer que su llegada a Carondelet devolvió al gobierno el necesario equilibrio en dos espacios neurálgicos.

Un grupo siempre conflictivo de ministros (o de funcionarios con rango de tal) es el de aquellos a los que desde muchos sectores se demanda su salida pero que tales críticas solamente sirven para fortalecerlos en los cargos. Ese es el caso del consejero Santiago Cuesta o el de la secretaria jurídica de la Presidencia, Johana Pesántez, íntima colaboradora de Alexis Mera. “Saben mucho”, es la explicación que da la sabiduría popular para justificar la tozudez del Presidente Moreno para ratificarlos. “Son amigos”, es la otra respuesta posible. Sea lo uno o lo otro, lo cierto es que el gobierno parecería estar decidido a apostar por dichos funcionarios y, concomitantemente, jugarse políticamente por ellos. Aunque dicha decisión es una más de las posibles, lo que deberían tener claro en Carondelet es que si uno u otro de estos personajes hacen bien su trabajo, el mérito será de ellos. Por el contrario, si los escándalos o críticas arrecian, el costo político se dirigirá directamente hacia el Presidente Moreno.

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A la par que la legislatura designa su nuevo titular y los gobiernos seccionales se estrenan en sus cargos, el Presidente Moreno deberá barajar quiénes se quedan y quiénes se van de su gabinete ministerial. Desafortunadamente para el gobierno, el juego de las sillas musicales, tan propio de la década pasada, ya no resulta viable en el escenario político actual. Por ello, el país espera que el Jefe de Estado actúe como tal, como el Mandatario que decide y asume firmemente los cambios que el país requiere. Estamos a la espera de esa nueva lista de ministros: de los que se van, de los que se quedan y de los que nadie quiere que se queden, excepto el Presidente Moreno.

Santiago Basabe es académico de la Flacso. 

5 Comments

  1. Estimado Estuardo. Para palanquearse un cargo, como usted dice, hay que asumir la posición del adulo. En todas y cada una de las notas editoriales mías verá más bien una posición crítica. Gracias por su lectura y saludos cordiales. Santiago

  2. Lenin Moreno debería empezar su nuevo año como presidente dando un giro total con sus autoridades en los diferentes ministerios para que pueda mejorar en muchas cosas el país tanto internas como externas

  3. Lenin Moreno debe cambiar a la Ministra de Salud por ser familia de (María Fernanda Espinosa, Richard Espinosa, Diego Guzman, y quien mas será?) funcionarios nefastos, chupamedias, mediocres ; el Sr. Pablo Campana (mucha bulla, pocas nueces), el Ing. Aurelio Hidalgo, parte de Hidalgo Hidalgo, coimadores de campañas, y otros Ministros que son cuota de políticos corruptos.

  4. Uno de cada tres artículos de Santiago Basabe, alude directamente al Presidente:-Es hora de retomar la paternidad de Alianza País, Sr. Presidente; -A priorizar el eje económico, Sr. Presidente;-Permitan al presidente Moreno escoger su vicepresidente
    Moreno y sus ministros: dos caras de diferentes monedas; -A tomar decisiones, el tiempo apremia, Sr. Presidente; -En 978 días usted puede irse, Señor Presidente y el encabezado del actual, hacen presumir que su deseo es influir en el mandatario con sus opiniones. No será mejor que se palanquee un cargo de asesor presidencial?

  5. El problema es que se ha priorizado una agenda política y nada técnica respecto a los problemas mas coyunturales de los ecuatorianos.

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