Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

¿Vive la humanidad su mejor época?

en Columnistas/Influencers4P por

Esta es la pregunta que aborda el reciente libro del profesor de Harvard University, Steven Pinker, En defensa de la ilustración (2018).  La respuesta de Pinker es que la humanidad nunca ha estado mejor y que el progreso humano, desde mediados del siglo XVIII, ha sido dramático y ha beneficiado a todos los continentes. Pinker atribuye el progreso histórico y el envidiable bienestar global actual a las ideas de la Ilustración del siglo XVIII en Europa, sobre todo la razón, la ciencia, el humanismo y el libre comercio.  Así el progreso sería fruto no de una dinámica puramente económica, sino de una mentalidad que se manifestó primero en Europa y que luego se difundió al resto del planeta. El progreso se evidencia, según Pinker, en indiscutibles mejoras en los principales indicadores socio-económicos, como también en las mediciones de paz, y de calidad del medio-ambiente.

Esta tesis nos puede parecer a simple vista obvia, pero como señala Pinker existe una fuerte corriente pesimista, especialmente en los países desarrollados, que es totalmente escéptica de que vivimos en el mejor mundo posible. Pinker denomina a este pesimismo como la “progreso-fobia”. Así los populistas de derecha están convencidos de que están experimentando una invasión musulmana que amenaza la civilización judeo-cristiana, al tiempo que la izquierda percibe que el cambio climático constituye un peligro existencial que requiere como respuesta una sociedad sin crecimiento. Este pesimismo, que está cobrando fuerza en Europa y en Estados Unidos, nos puede parecer extraño en América Latina. América Latina es hija de la ilustración y siempre ha insistido en que el progreso es deseable. Las dificultades en lograr el desarrollo en la región, lo han convertido en un ideal aún más apetecido.  No ha existido ni una derecha verdaderamente reaccionaria, ni una izquierda profundamente escéptica de la modernidad. En Ecuador, tanto Lasso en la derecha como los correístas en la izquierda comparten el credo del progreso, aunque sus recetas para lograrlo difieran radicalmente. Acaso las matronas de la alta sociedad que se quejan de la movilidad social y del deterioro de la distinción de las elites son las únicas “progreso-fóbicas” en América Latina.

El grueso del libro de Pinker consiste en una impresionante serie de cuadros que rastrean el desempeño socio-económico y político de la humanidad en los últimos doscientos cincuenta años. La expectativa de vida en el ámbito global ha pasado de alrededor de 30 a casi setenta años; la mortalidad infantil, de cerca de 35% a menos de 5%; el consumo individual promedio de calorías, de menos de 1500 a más de 2500; el PIB per capita mundial, de menos de mil a más de 10 mil USD; el porcentaje de personas en extrema pobreza, de cerca de 90% a alrededor de 10%; y el número de muertes en guerras ha bajado de cerca de 25 por cada 100, 000 personas en 1945 a menos de  5 por cada 100 mil personas en 2015. Estas cifras, aunque se trate de estimados gruesos para los siglos XVIII y XIX, demuestran claramente que en términos de bienestar material ha habido avances extraordinarios.

En cambio, Pinker es menos convincente cuando intenta demostrar progreso en la igualdad y en la calidad del medio-ambiente. Pinker cree que la desigualdad no es preocupante si no involucra pobreza, una afirmación muy controvertida. En cuanto al aumento o reducción de la desigualdad en el mundo, Pinker sigue al economista Samuel Kuznets al argumentar que al inicio del proceso de modernización, la desigualdad en un país crece, pero luego se estabiliza. Según Pinker, ello ocurrió no solo dentro de uno u otro país, sino en términos globales. Así la desigualdad entre países aumentó vertiginosamente entre 1800 y 1960, pero en las últimas décadas se niveló e incluso bajó ligeramente. No obstante, la desigualdad internacional, según la propia evidencia de Pinker, sigue siendo comparable a la que existe en el interior de países muy desiguales como Brasil o Colombia. En el caso de los países desarrollados, la desigualdad bajó entre 1945 y 1975, pero ha aumentado en las últimas décadas. Lo último, aunque Pinker no lo admita, es atribuible a la economía del conocimiento que premia los niveles altos de educación y a las políticas neo-liberales. Pinker no logra, en otras palabras, disipar los temores de que la desigualdad irá en aumento a futuro, especialmente con la revolución de la robótica/inteligencia artificial.

El medio-ambiente tampoco resulta fácil subsumir en la visión optimista de Pinker, ya que el deterioro ambiental es precisamente fruto del progreso económico y de la ciencia, es decir, de la ilustración. Pinker intenta refutar el pesimismo ecologista mediante una argumentación similar a la curva de Kuznets. El deterioro del ambiente aumenta con la modernización, pero luego se revierte con niveles altos de prosperidad. Demuestra por ejemplo, que las reservas ecológicas han ido en aumento o que el crecimiento demográfico se reduce como resultado de la riqueza. No obstante, en un acto de honestidad intelectual, admite la veracidad del peligro del cambio climático. Su solución es la movilización de la ciencia para extraer la mayor energía posible con la menor emisión de gases invernaderos. Concretamente, la energía nuclear es la salvación, según Pinker. No obstante, no estamos viviendo una transición acelerada a fuentes de energía limpia y ello empaña el optimismo y nos debe movilizar para lograr cambios radicales. Como el Cándido de la famosa obra de Voltaire, Pinker peca de un exceso de optimismo.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

2 Comments

  1. Además de Pinker hay otros que han publicado libros con el mismo tema: Johan Norberg, Michael Fox. La solución al calentamiento global no debe implicar el uso coercitivo del gobierno (o gobiernos) para reducir los gases de invernadero sino medidas que aceleren la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías. Por el momento, la mejor medida es la energía nuclear. Es limpia y los desechos pueden ser puestos a buen lugar: en el espacio.

  2. Es verdad, la humanidad vive la mejor época pero tambien la peor como decia Charles Dickens : “Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero nada teníamos; íbamos directamente al cielo y nos extraviábamos en el camino opuesto. «. Es así, por un lado las condiciones de vida son las mejores de la historia y la pobreza se ha reducido pero los recursos naturales especialmente los combustibles fósiles escacean y a pesar del auge temporal del petroleo y gas de esquisto, pronto se acabarán. Por otro lado el desatre climático es cada vez más evidente. Algunos autores opinan que cuando la población llegue a 10 000 millones el apocaplipsis será inevitable. Es verdad que lo único que puede posponer la agonía del fin del antropoceno será la energía nuclear pero solo será un paliativo…

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Las últimas de

×
Ir Arriba