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Los retos de César Litardo

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La llegada de César Litardo a la presidencia de la legislatura conlleva una serie de retos que, por el bien del país, se espera sean asumidos y resueltos de forma exitosa. En primer lugar, está la tarea de fiscalización. Ahora mismo, Litardo tiene en su agenda los casos Espinosa y Espinosa. Ambas herencia de la década pasada, ambas señaladas por escándalos de diverso orden, ambas protegidas injustificadamente por el Ejecutivo, ambas sin un juicio político en la Asamblea Nacional. Sobre la más experimentada se ha señalado ya fecha de comparecencia, la que ella propuso. Sobre la más novel falta aún por conocer el comportamiento que tendrá el Consejo de Administración Legislativa (CAL) y los ecos que de allí se produzcan en la bancada oficialista. Los diezmos y sus cultores también son un tema pendiente en el plano de la fiscalización. Una reforma integral a la estructura orgánico-funcional de la legislatura constituiría un paso inicial, positivo, en la administración del nuevo titular del primer poder del Estado.

En el plano de la legislación está otro gran reto. El país requiere una contundente y articulada reforma normativa que permita la reactivación económica en el mediano plazo. Para ello, el papel de Litardo en la generación de acuerdos entre la Asamblea, el gobierno y los sectores involucrados, será decisivo. En ese aspecto, una visión pragmática de lo que se requiere para dejar atrás el modelo estatista, obeso y controlador, debería orientar las decisiones del nuevo titular de la legislatura. Otros temas también están sobre el tapete: la seguridad, por ejemplo. Aunque allí existen acuerdos en cuanto a la necesidad de cambios, los desacuerdos surgen en torno al alcance y contenido de la nueva orientación que asumirán Fuerzas Armadas y Policía Nacional. La lista, en realidad, es extensa. Hay muchos proyectos de ley que requieren una sustanciación más ágil. Más trabajo en el Pleno y las comisiones y menos exposición innecesaria en los medios de comunicación. Esa saludable simbiosis es la que el país espera desde la gestión de Litardo.

En el campo estrictamente político, el gran reto de Litardo será contener la arremetida de las bancadas legislativas inconformes con los acuerdos alcanzados entre el oficialismo y CREO. Para ello, intercambiar votos por favores cuando los temas les resulten de interés; y, boicotear los proyectos de ley que no sean parte de sus agendas, serán las principales estrategias a las que la nueva oposición recurrirá. En dicho escenario, el presidente de la Asamblea Nacional está destinado a cumplir el rol de amigable componedor. Aunque firme en sus decisiones, Litardo debe tener claro que sus opositores, unos y otros, amarillos y ex verde flex, conocen bien del manejo legislativo y de las costuras del poder. Por tanto, la fina política y el apoyo desde Carondelet van a ser imprescindibles para mantener la estabilidad en el tercer año de gobierno, quizás el más importante, por los retos económicos que se deberán asumir.

Menuda tarea a la que se ve avocado el nuevo titular de la legislatura. Posicionar la idea que la Asamblea Nacional constituye efectivamente un espacio de control político, legislar a favor de un nuevo modelo económico y, capear el temporal frente a opositores ávidos de recuperar el poder perdido, no son cuestiones menores. Si a lo dicho se suma una bancada oficialista poco propositiva y con fisuras cada vez más evidentes, los apoyos a los que tendrá que recurrir Litardo seguramente estarán en la otra orilla, la de CREO y los legisladores satélites. Gobernar una legislatura tan diversa y, al mismo tiempo, propiciar espacios para viabilizar la agenda del Ejecutivo requerirá de un presidente de la Asamblea Nacional comprometido y sin temores para jugarse políticamente. Ojalá Litardo esté dispuesto a ello.

Santiago Basabe es académico de la Flacso.

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