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La peligrosa simplificación de los problemas económicos

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Esta semana, en el contexto de un debate sobre si al Ecuador le conviene o no reducir los aranceles de manera generalizada y unilateral (es decir, sin que a la vez los productos ecuatorianos se beneficien de mejores condiciones de acceso en un mercado externo), Pablo Arosemena, presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil, publicó este tweet:

Más allá de dejar clara su posición (redituable para el sector comercial) a favor de una rebaja de aranceles, Pablo Arosemena, que tiene una presencia importante en los medios y en las redes sociales y, por tanto, puede influir en la opinión pública, hace una simplificación excesiva y hasta peligrosa de la situación económica del Ecuador. Su tweet, por tanto, merece ser analizado.

Dejemos momentáneamente de lado la primera oración (“La dolarización no necesita protección de aranceles.”) y enfoquémonos en las dos siguientes (“La competitividad no se gana con aranceles. El empleo no aumenta con aranceles.”). En efecto, salvo para quienes aún creen en el modelo de sustitución de importaciones promovido por la CEPAL hace décadas, esas dos oraciones no deberían estar sujetas a discusión. Los países no se vuelven más competitivos encareciendo (o directamente impidiendo) el ingreso de productos importados. En realidad, el resultado de una política de ese tipo puede ser el contrario, ya que, sabiéndose libres de competencia, los empresarios de un país proteccionista pierden incentivos para innovar y mejorar la calidad de sus productos, afectando a los consumidores, quienes estarán “condenados” a comprar únicamente bienes producidos internamente. De lo anterior se deriva que, en efecto, los aranceles (léase, el proteccionismo) tampoco generan empleo, ya que un sector productivo ineficiente no tiene posibilidades de crecer colocando sus productos en mercados externos y, por tanto, difícilmente generará nuevos puestos de empleo.

La tercera y la cuarta oración son, además de imprecisas, mucho más discutibles. “Los aranceles son el problema.” ¿De qué? ¿Del estancamiento del PIB, de la pérdida de puestos de empleo o, en general, de la situación económica que enfrenta el Ecuador? Si eso es lo que se sugiere, ¿factores como el excesivo gasto público (y el necesario ajuste que se ha empezado a aplicar) y la marcada pérdida de competitividad externa no tienen una injerencia mucho mayor? Lo mismo ocurre con la siguiente oración: “La solución es bajar aranceles”. ¿Solución a qué? ¿El déficit fiscal o el riesgo país se reducen bajando aranceles? (De hecho, podría ocurrir lo contrario.) ¿Y una rebaja generalizada y unilateral de aranceles (no en el contexto de un acuerdo comercial) permite recuperar competitividad externa? Por el lado de los costos internos de producción, el efecto sería mínimo, ya que los aranceles promedio que se aplican en Ecuador a las materias primas y a los bienes de capital (para los que, además, en este momento no habría mayor demanda incluso con menores aranceles, dada la existencia de capacidad instalada que no se está utilizando) son relativamente bajos. El efecto se sentiría principalmente en los bienes de consumo, que enfrentan impuestos a la importación más altos. Si bien una rebaja arancelaria generalizada podría provocar una caída en los precios al consumidor de muchos productos (cosa que ya está pasando sin necesidad de bajar aranceles), en este punto conviene incorporar al análisis otros conceptos.

El primero es el del tipo de cambio, tanto nominal como real. El tipo de cambio nominal es el “precio” del dólar de EE.UU. expresado en la moneda de otro país. Por ejemplo, el tipo de cambio nominal del dólar frente al peso colombiano actualmente ronda los 3.360 pesos por dólar; hace un año era de 2.900 pesos por dólar. Es decir, la moneda colombiana (así como la mayoría de las monedas de la región) ha perdido valor frente al dólar en términos nominales o, desde el otro lado, el dólar se ha fortalecido. Esto incide en el tipo de cambio real, que es un índice cuya variación refleja si los productos en un país se han vuelto más caros o más baratos en comparación con productos equivalentes en otro país. Si el tipo de cambio real del Ecuador se aprecia (como ha ocurrido en los últimos años), significa que hemos perdido competitividad externa o, en otras palabras, que nuestros productos se han vuelto comparativamente más caros frente a los de nuestros socios comerciales. En la manera como el Banco Central calcula el tipo de cambio real del Ecuador, dos factores pueden explicar una apreciación (o pérdida de competitividad): que el dólar se haya fortalecido nominalmente frente a las monedas de nuestros socios comerciales o que la inflación en el Ecuador haya sido mayor que en esos países. En los últimos años, si bien hubo medidas de política económica que encarecieron los costos internos, el factor predominante ha sido el fortalecimiento del dólar (que podría continuar registrándose sin que el Ecuador pueda hacer nada al respecto).

Una apreciación del tipo de cambio real como la que ha sufrido el Ecuador fomenta la compra de bienes y servicios importados (que se han abaratado frente a los nacionales) y, a su vez, hace más difícil exportar, generando una presión sobre la balanza de pagos. Ésta es el registro contable de todas las operaciones de un país con el resto del mundo: comercio exterior de bienes y de servicios, transferencias corrientes (por ejemplo, el dinero que envían los ecuatorianos residentes en el exterior), créditos externos al sector público o privado, inversión extranjera, entre otras operaciones. Uno de los componentes de la balanza de pagos es la balanza comercial, que es el registro de las exportaciones e importaciones de bienes que hace un país. Que exista un déficit comercial (el valor de las importaciones supera al de las exportaciones) no es, por sí sólo, malo ni bueno. Hay países, como Panamá, que pueden financiar un déficit comercial (o incluso un déficit en cuenta corriente) a través de un superávit en su cuenta financiera (en el caso de Panamá por el ingreso masivo de dólares a su sistema bancario). En el caso del Ecuador, sin un sistema financiero como el panameño, la principal fuente de dólares han sido las exportaciones de bienes. En los últimos años Ecuador ha tenido déficits comerciales que no han implicado un déficit en la balanza de pagos global, pero esto no ha ocurrido por el ingreso de dólares a través de una importante inversión extranjera o porque el sistema financiero local haya recibido masivamente depósitos de no residentes, sino porque en esos años los gobiernos contrataron mucha deuda externa (en un primer momento esos créditos generan un ingreso de divisas al país, pero posteriormente el servicio de esa deuda -los pagos de capital y de intereses- produce una salida de dólares).

Para un país dolarizado, el resultado de la balanza de pagos es muy relevante ya que determina si la cantidad de “dinero primario” en la economía crece (cuando hay un superávit) o se achica (cuando hay un déficit). El “dinero primario” es el dinero que, en los países con moneda propia, emite el Banco Central, mientras que en Ecuador son los dólares emitidos por la Reserva Federal de EE.UU. También hay un “dinero secundario», que es el que “crean» los bancos cuando prestan una parte de los depósitos que han recibido; ese es el “efecto multiplicador” del crédito bancario, pero para que exista ese efecto (que es finito), tiene que haber necesariamente dinero primario.

Sabiendo que el proteccionismo es nocivo para la economía y para los consumidores, pero considerando también que, por la apreciación del tipo de cambio real, los productos ecuatorianos se han encarecido mucho frente a los de nuestros socios comerciales, la primera oración del tweet de Pablo Arosemena (“La dolarización no necesita protección de aranceles.”) debería estar antecedida por un “dependiendo de las circunstancias”. Es decir, en principio fomentar la competencia y las exportaciones a través del libre comercio es lo deseable. Pero en un contexto de pérdida de competitividad externa (reflejado en el dinamismo de las importaciones frente al pobre crecimiento de las exportaciones y del PIB), reducir unilateralmente los aranceles (lo que beneficiaría sobre todo a los bienes de consumo importados y tendría un efecto mínimo sobre los costos internos de producción) puede ocasionar déficits recurrentes en la balanza de pagos. Estos, al reducir la cantidad de dinero primario podrían producir una contracción crediticia con efectos negativos sobre la actividad y el empleo, poniendo en riesgo la viabilidad de la dolarización incluso socialmente.

Esto no significa, como hizo el gobierno anterior (que, sin embargo, incrementó enormemente el gasto público, lo que también impulsó las importaciones), “cuidar” el resultado de la balanza de pagos poniendo todos los esfuerzos en evitar la salida de dólares. Políticas de ese tipo tienen efectos negativos sobre la actividad e incluso pueden afectar a las exportaciones en caso de que nuestros socios comerciales establezcan retaliaciones contra los productos ecuatorianos. La solución deseable es fomentar un ingreso permanente de dólares, por ejemplo creando un ambiente propicio para la inversión extranjera o consiguiendo mejores condiciones de acceso para los productos ecuatorianos en los mercados externos, lo que además generaría efectos positivos en el empleo. Esa es la única vía para alcanzar un crecimiento sostenible en dolarización para un país como Ecuador que, a diferencia de Panamá, tiene un sector privado dedicado en buena medida a la elaboración de productos transables. Sin embargo, ese proceso toma tiempo, sobre todo después de años en los que se deterioró el ambiente para la inversión, se menospreciaron los acuerdos comerciales con socios relevantes y se tomaron medidas que agravaron la apreciación del tipo de cambio real. En ese proceso (más o menos largo, dependiendo de la velocidad y la profundidad de las medidas que se adopten), no parece recomendable tomar acciones, como una rebaja unilateral de aranceles o una reducción del IVA, que fomenten el consumo. Tomando en cuenta el importante encarecimiento relativo de los productos ecuatorianos frente a los de nuestros socios comerciales, esas medidas tendrían un efecto negativo en la balanza de pagos y un efecto positivo marginal (si lo hay) sobre la producción local.

La última oración del tweet de Pablo Arosemena (“El camino es Chile, no Venezuela.”) es otra simplificación atroz. Está claro que el éxito de Chile (donde los aranceles efectivos han bajado en buena medida por la firma de acuerdos comerciales) no se puede explicar sólo por su política comercial, sino también por otros factores tanto o más importantes, como el orden en las cuentas fiscales y la estabilidad institucional. Y la insinuación de que por considerar que en las actuales condiciones económicas del Ecuador (en las que la pérdida de competitividad externa no se puede pasar por alto) una rebaja generalizada y unilateral de aranceles no es conveniente para la economía en su conjunto (aunque pueda serlo para un sector en particular) ni para la dolarización, se está promoviendo seguir el camino de Venezuela, simplemente no merece comentario.

José Hidalgo es economista. 

10 Comments

  1. Estupendo análisis de la triste realidad económica del Ecuador , producto de la nefasta década ROBADA , y de la inacción del gobierno actual en su primer año de mandato . La verdad es que deberá generarse un gran acuerdo nacional sobre este y otros graves problemas que tiene el país , y de manera consciente y concensuada , buscar la ruta del desarrollo que tanto necesitamos .

  2. Sólo un comentario sobre la simplicidad de que «los aranceles son un problema» (me gustaría que me publicaran un análisis extenso sobre el tema, después de todo mi tesis doctoral tenía que ver sobre este tema. Creo que el Sr. Hidalgo estaría de acuerdo conmigo de que si es conveniente subir aranceles (ya sabemos que la CEPAL recomendaba eso), ¿hasta qué límite? 100 %, por supuesto que no. Ahora bien, el Sr. Hidaglo sostiene que no conviene bajar aranceles. Yo opino que lo «ideal» sería 0 aranceles, pero como lo perfecto es bueno de lo malo, surge la pregunta: ¿Cuál es el «óptimo» nivel de aranceles? Si los aranceles son mayores que el óptimo, Pablo Arosemena tiene razón, los aranceles son el problema. ¡Hay sabiduría detrás de la simplicidad!

  3. El comentario de Jose Pallares es más amplio que el de Manuel Cisneros, incluye el tomar en cuenta las circunstancias actuales, sin embargo comparto con Cisneros que los aranceles no generan beneficio sino a la industria que protege, el exceso en el precio que pagamos los consumidores lo podríamos usar generando demanda para otras industrias con mayor valor agregado y por lo tanto con mayor generación de riqueza= incremento de empleo.

  4. No requiere comillas alrededor de «crear», ya que es la verdad, fiat money existe por supuesto realmente, es el mecanismo básico porque los capitales crecen desprorcionadamente. Tampoco prestan los bancos comerciales «parte de los depósitos» sino más bien un múltiplo de sus depósitos, según una formula típica como 4:1. Tampoco requieren «dinero primario» para hacerlo. Si las bases ya no son correctos, qué decir sobre el resto del texto?

    «También hay un “dinero secundario», que es el que “crean» los bancos cuando prestan una parte de los depósitos que han recibido; ese es el “efecto multiplicador” del crédito bancario, pero para que exista ese efecto (que es finito), tiene que haber necesariamente dinero primario.»

  5. Esta posición del autor Hidalgo es bastante común pero absolutamente errada. Yo apoyo 100% la postura de Arosemena y lo voy a explicar a continuación.

    No hay valor alguno en la intervención estatal en la economía, de ningún tipo, incluyendo control de balanza de pagos. No hay nada como la libertad económica total, dejar que el consumidor elija productos con la mejor relación precio/calidad, para así maximizar su ahorro y su capacidad de compra, y que empresarios/capitalistas asignen los recursos productivos de la forma más eficiente dónde haya la mejor coordinación oferta-demanda y la mayor ganancia, maximizando así su ahorro y su capacidad de inversión. Es así de simple!

    Las intervenciones, incluyendo protecciones a la industria local y control de balanza de pagos, generan distorsiones y grandes problemas que luego requieren más intervenciones para tratar de arreglar, y se entra en círculos viciosos, hasta que ya todo es confuso, se diagnostica mal, y se llegan a las grandes crisis donde el mercado termina de hacer ajustes drásticos en precios, cantidades, y eso significa quiebras y desempleo masivo. Hay un montón de literatura escrita al respecto por grandes economistas liberales.

    Es MENTIRA que la balanza comercial negativa genera presiones en la balanza de pagos y que eso genera riesgos en la dolarización porque supuestamente «se acaban los dólares». Ese es un MITO que ya los economistas ecuatorianos deberían eliminarlo de una vez. La verdad es que los dólares nunca se acaban mientras SE GENERE RIQUEZA, y no importa si el proveedor es nacional o internacional. La realidad es que la balanza de pagos SIEMPRE ESTÁ BALANCEADA, porque el déficit de cuenta corriente se balancea con la cuenta financiera. Es decir, por haber exceso de ingresos de capitales (por ejemplo de financiamiento internacional, remesas, inversiones o incluso de lavado de dólares) termina consumiéndose más productos importados. Eso no es malo, es simplemente un uso más de los capitales entrantes que además termina CREANDO RIQUEZA y eso es lo único que nos debe importar. Es decir, la balanza comercial no es una causa que requiera intervención, sino un efecto de los capitales que entran y la capacidad de satisfacer desde el país con productos de calidad y precio competitivos. El punto es que aun si no hubiesen exportaciones y solo hubieran importaciones, NO PASA NADA. Los dólares que salen, luego crean riqueza, se multiplican internamente al venderse el inventario adquirido en el exterior. Repito, esos dólares ya habían llegado previamente vía capitales entrantes o lo van a hacer. No tiene sentido real preocuparse por los dólares que salen sino por la riqueza generada en la cadena de valor completa. Y cuanto más se importa, más riqueza se genera al vender el producto. La pregunta que realmente importa es que genera más ganancia, importar y vender aquí, o fabricar localmente para venderlo? Eso solo lo sabe el empresario y son descubrimientos individuales, espontáneos, privados, y jamás el Estado debe meter la mano en eso pues en lo micro sabe poco o nada.

    Si alguna vez tuvo algún sentido el control de balanza de pagos fue para tratar de corregir las distorsiones generadas por el momento mismo Estado cuando emitían dinero en exceso, más de lo que la economía demandaba y producía (producto de populismos, demagogia, cumplir ofertas de campaña, etc.), y se generaba inflación, devaluación, pérdida de credibilidad del ciudadano en sus autoridades económicas, fuga de capitales, más devaluación, encarecimiento de deuda externa y disminución de ingresos fiscales, necesidad de más emisión inorgánica de moneda local para cubrir déficit, entrando así en un ciclo vicioso terrible que obligaba a cuidar la fuga de dólares a través de controles estrictos de balanza de pagos. Pero eso fue necesario solo cuando la población y agentes económicos perdieron credibilidad la moneda producto de intervención económica inadecuada o excesiva por parte del Estado. Por eso, mencioné antes que las intervenciones estatales en la economía crean problemas que terminan generando nuevas intervenciones y nunca se corrige el problema.

    En resumen, la opinión de Hidalgo es errada y pretende justificar y mantener las innecesarias intervenciones estatales. Solo la libertad económica, incluyendo eliminar aranceles, es la más óptima para maximizar creación de empleo y de riqueza.

    Cómo un paréntesis, aprovecho para decir que yo sí protegería al campesino dado su magnitud, su vulnerabilidad y su poca capacidad de adaptación, su baja educación y su poca preparación. Pero no con aranceles sino con incentivos focalizados para llevarlos a competir adecuadamente y a aliarse con empresarios y capitalistas con visión moderna y amplia.

  6. En realidad Arosemena está MUY equivocado, casi todos los países incluyendo Chile, tienen aranceles de acuerdo a su conveniencia. Que en Ecuador algunos son exagerados es cierto, el mejor ejemplo: los vehículos, con impuestos que exceden el 40% aparte del IVA, solo para mantener una industria falsa, que luego de 40 años no ha logrado añadir valor local excepto la poca mano de obra de ensamble. En este caso nadie gana, ni el consumidor ni el estado, excepto el ensamblador.

    • Los aranceles sobre los carros existen en realidad por otra razón. Existen únicamente para proteger el absurdo monopolio de importación y venta de muy pocas familias excesivamente ricas (Eljuri, Noboa, etc.). Sirven como umbral para imposibilitar el acceso de otros a este sector.

    • O sea que si «todos» los países tienen aranceles, estos son buenos. Cuando «todos» los países tenían esclavitud, la esclavitud era buena (¿?)

  7. Con aranceles o sin aranceles, con IVA o sin IVA, con impuestos o sin impuestos a la salidad de capitales, con fondo monetario o sin fondo monetario, el hecho cierto y real es que tenemos cerca de cinco millones de compatriotas sumidos en la pobreza y con una corrupción heredada de » manos limpias y corazones perversos».
    ¡Ojalá! nuestros sabios economistas Ortodoxos o no Ortodoxos den una solución a tan terrible panorama.

    • Desde cuándo resuelven los economistas algo? Expertos de una disciplina que interpreta todos los fenómenos en el mundo solamente desde UNA perspectiva….

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