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Marginados en la economía sumergida

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En el Ecuador existen 5 millones de personas, el 30 por ciento de la población, que se encuentran en el desempleo y subempleo definido en categorías como empleo no remunerado y otras. Al mismo tiempo, 3.7 millones de personas realizan actividades informales. Este ejército de ecuatorianos está al margen de la seguridad social y de los controles y beneficios de la actividad económica formal.

El país ha iniciado un inevitable e imperativo proceso, que será largo, de transición de una economía dependiente de un desproporcionado gasto y endeudamiento públicos, hacia el traslado al sector privado de la responsabilidad de impulsar el crecimiento de la economía. Esto mediante el auge de las inversiones internas y externas y un agresivo fomento de las exportaciones no petroleras, exigencias sine qua non de una economía dolarizada.

Esta otra mirada de la economía exige encontrar un tamaño del sector público que sea fiscal, social y económicamente sostenible. En esa dirección, la inversión pública tiene severas limitaciones y el gasto corriente estatal aún no es objeto de la importante reducción que la nueva economía requiere. El ajuste del gasto público, el acoplamiento del crédito y de todas las actividades económicas a la existencia de limitados dólares en la economía, la pobre evolución de las exportaciones y de la inversión privada, no pueden tener otra consecuencia que el estancamiento económico y el aumento del desempleo y subempleo.

Según estudios de la CAF y el FMI, en Latinoamérica existen 130 millones de personas en la economía sumergida y en mayo de 2017, por primera vez, la actividad informal de la región superó a la de África Subsahariana. Factor que explica en gran medida los atrasos económicos del continente.

Es característica del trabajo informal su baja productividad, la cual es 45 por ciento inferior al trabajo formal. En Ecuador cerca del 90 por ciento de las diferencias de ingreso por habitante en relación con EE UU se explica por la baja productividad. El 47,6 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) está en la informalidad. Existe una brecha importante de los salarios entre trabajadores formales e informales.

Las microempresas son más proclives a la informalidad. Las distancias en productividad de las microempresas en relación con EE UU y los países desarrollados se agigantan por la informalidad. La actividad económica informal está atrapada en limitaciones estructurales.  Como sus estándares de producción son de baja calidad, no pueden satisfacer los requerimientos de clientes exigentes. Tampoco pueden acceder a créditos empresariales. Las actividades informales son en gran medida precarias y de subsistencia, su productividad es tan baja que no compensa el pago de los salarios exigidos en el sector formal.

La consolidación del orden fiscal y económico debe acompañarse de medidas urgentes que eviten la expansión y en el futuro reduzcan el desempleo, subempleo e informalidad. Estos propósitos que resultan fáciles de escribir, requieren grandes transformaciones económicas, sociales, políticas, y de la visión del Ecuador del futuro. Según la CAF, si pudiera migrarse todo el empleo informal al sector formal, incluso sin alterar la productividad actual, la productividad laboral agregada se incrementaría en alrededor del 30 por ciento. Por tanto, la economía crecería de modo importante.

Según tal organismo se pueden explorar varios caminos para disminuir la informalidad: reducir los costos directos de la formalidad, fortalecer las capacidades estatales para monitorear las normas que rigen la formalidad y sancionar su incumplimiento, incrementar la productividad de personas y empresas, mejorar la educación de los informales, fomentar la competencia e innovación, alentar la transformación de empresas de baja productividad, mejorar la provisión de bienes públicos complementarios a la actividad económica. En general es amplia la teoría al respecto, no obstante, son pobres los resultados.

El vendedor ambulante, el jardinero temporal y el campesino, quien vende jugos en las esquinas, aquel que en un puesto de venta de comidas expresa su grito desesperado por sobrevivir, solo encarnan ese inmenso ejército de excluidos de la formalidad y de los beneficios de una buena economía. Esta dimensión de la exclusión tiene un amplio espectro generacional, pues, la conforman niños, jóvenes, adultos y viejos. La gran mayoría de estas personas tienen bajos niveles educativos, su formación tecnológica es incipiente o casi nula y su productividad solo responde a los requerimientos de un nivel de subsistencia precario. Este ejército que enfrenta la diaria lucha por sobrevivir, es presa fácil de la seducción de irresponsables políticos populistas y en gran medida es determinante en la elección de quienes gobiernan el Estado.

Es saludable el debate público que pretende encontrar en reformas a las leyes laborales los incentivos para alentar la inversión privada a fin de promover el crecimiento, crear fuentes de trabajo y brindar oportunidades para el tránsito del trabajo informal a la formalidad. Sin embargo, expectativas en extremo optimistas, carentes de realismo y profundidad en los estudios y análisis, pueden devenir más temprano que tarde en profundas frustraciones.

Es una certeza absoluta: sin inversión estas personas no tendrán oportunidades de bienestar. Sin embargo, su ascenso social y económico requiere políticas de Estado intergeneracionales que enfoquen la educación, la productividad, la innovación, la tecnología, las atenciones sociales, en función de los particulares requerimientos de cada segmento de los excluidos.  El reto es transformar la cultura idiosincrática de sobrevivir precariamente, por el aprecio de las expectativas de bienestar que brinden una buena economía y gobiernos socialmente responsables. Este anhelo tiene un sólido sustento de base: la fortaleza, el vigor, la valentía, el deseo de progreso de quienes luchan diariamente por su precaria subsistencia. Las decisiones de inversión tendrán serias limitaciones en las deficientes características de la informalidad. Enfrentarla es una tarea de perseverancia en un conjunto de políticas de largo plazo.

Jaime Carrera es Economista. 

2 Comments

  1. Se podría reducir los costos directos de la formalidad, fortalecer las capacidades estatales para monitorear las normas que rigen la formalidad y sancionar su incumplimiento, incrementar la productividad de personas y empresas, mejorar la educación de los informales, fomentar la competencia e innovación, alentar la transformación de empresas de baja productividad, mejorar la provisión de bienes públicos complementarios a la actividad económica». Todo bien hasta aquí , pero le invito a que proponga con ejemplos,¿Qué porcentaje debe ser reducido uno de los costos directos,mano de obra?. Seguir señalando las posibles soluciones sin ser específicos ,la luz es tenue.

  2. Sr.Jaime Carrera puede ser demasiado pedir que más allá de sus análisis respecto a nuestra realidad en relación a la situación económica que vivimos a mi entender como una política de estado,ya son muchos años. Ud.dice»Según tal organismo(CAF) se pueden explorar varios caminos para disminuir la informalidad: reducir los costos directos de la formalidad, fortalecer las capacidades estatales para monitorear las normas que rigen la formalidad y sancionar su incumplimiento, incrementar la productividad de personas y empresas, mejorar la educación de los informales, fomentar la competencia e innovación, alentar la transformación de empresas de baja productividad, mejorar la provisión de bienes públicos complementarios a la actividad económica». Todo bien hasta aquí , pero le invito a que proponga con ejemplos,¿Qué porcentaje debe ser reducido uno de los costos directos,mano de obra?. Seguir señalando las posibles soluciones sin ser específicos ,la luz es tenue.

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