Ecuador se puede ver en el espejo colombiano

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Cuando Colombia en abril del 2016 aprobó el matrimonio igualitario, la discusión jurídica era muy parecida a la que hoy existe en el Ecuador. Allá como acá, los que se oponían a que dos personas del mismo sexo puedan celebrar un contrato matrimonial sostenían que las leyes eran claras en establecer que un matrimonio es un contrato entre un hombre y una mujer.

Aunque la Constitución colombiana no califica lo que es el matrimonio, a diferencia del caso ecuatoriano, su Código Civil establece que la unión era exclusivamente entre un hombre y una mujer. Si la ley lo dice, no hay posibilidad de matrimonio igualitario, decían igualito a los ecuatorianos críticos de la decisión los colombianos que estaban opuestos al matrimonio homosexual. A esto hay que sumar que en su artículo 42 la Constitución colombiana sí dice  que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y que se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla.

Es más, personajes de gran influencia, como el entonces Procurador Alejandro Ordóñez, sostenían que, si la Constitución no decía nada al respecto, aprobar que dos personas del mismo sexo se casen se estaba cayendo en una inconstitucionalidad. Además, sostenía, no es posible contradecir al Código Civil.

La Corte Constitucional colombiana, al igual que la ecuatoriana, decidió sin embargo que hay valores, principios y jurisprudencia internacional de protección de minorías y los derechos que son superiores a la norma nacional y por lo tanto resolvió, en abril del 2016, que ningún juez o notario podría invalidar el matrimonio entre dos personas del mismo sexo.

Aquí la sentencia de la Corte colombiana online

La Corte colombiana, a diferencia de la ecuatoriana, sin embargo, no se respaldó en la opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, sobre el tema,  por una simple razón: en abril del 2016 aún no existía. Esa opinión consultiva nació en el 2018 por una pregunta de una sala de la Corte Constitucional de Costa Rica que trataba el tema. Ahí, la CIDH dijo que los homosexuales tienen todo el derecho a contraer matrimonio y pidió a 20 países permitir el matrimonio igualitario: “Es necesario que los Estados garanticen el acceso a todas las figuras ya existentes en los ordenamientos jurídicos internos, incluyendo el derecho al matrimonio, para asegurar la protección de todos los derechos de las familias conformadas por parejas del mismo sexo, sin discriminación con respecto a las que están constituidas con parejas heterosexuales”.

Los detractores de la decisión de la Corte en Colombia argumentaron razones muy similares a las que están utilizando en Ecuador los voces más reacias a aceptar el fallo. El entonces procurador, Alejando Ordóñez, hombre conocido por sus profundas convicciones religiosas, salió a quejarse, tal cual muchos lo han dicho en el Ecuador, afirmando que “se terminó de sepultar la Constitución. Familia no es familia. Matrimonio no es matrimonio. Y la vida no es inviolable”. En la sentencia, la corte colombiana establecía que el debate que inició por la consulta que le hicieron seis casos de matrimonios que no habían sido aprobados por jueces y notarios, se fundamentaba «en el principio de protección de los derechos fundamentales de grupos minoritarios, en este caso, las parejas del mismo sexo accionantes, quienes en una sociedad democrática no puede supeditar indefinidamente el ejercicio de sus derechos individuales a las injusticias derivadas del ejercicio del principio mayoritario». Además, decía que «un sistema democrático significa un gobierno sujeto a condiciones de status para todos los ciudadanos». La Corte asimismo decidió que «los principios de la dignidad humana, la libertad individual y la igualdad implican que todo ser humano pueda contraer matrimonio civil, acorde con su orientación sexual».

En Colombia, a diferencia del Ecuador, sin embargo, hubo un pronunciamiento de la Procuraduría que decía que el Código Civil era la norma superior que debía ser acatada y que esa norma no dejaba lugar a dudas de que el matrimonio debía ser entre un hombre y una mujer. Sin embargo, la Corte Constitucional decidió que la Procuraduría «carecía de legitimación» para evitar las tutelas que presentaban las parejas del mismo sexo que querían contraer matrimonio.

La Corte colombiana hizo, además, unas consideraciones por las que dictaminó que había que modificar las leyes vigentes. Una de ellas, a las que llamó el «primer fundamento», decía que el concepto de matrimonio es una «noción evolutiva, cuyos elementos y comprensión ha variado con el corre de los años». Además, que «en la actualidad, en un Estado Social de Derechos, en un paradigma de separación entre la Iglesia y el Estado, la regulación del matrimonio desborda los clásicos cánones del derechos legislativo (contrato civil), para ser comprendido desde la perspectiva de los derechos fundamentales». La Corte iba más lejos incluso, contradiciendo las posiciones que sostienen que no hay matrimonio sin procreación: «hoy por hoy, la sexualidad y la procreación son fines, más no elementos esenciales del matrimonio».  En ese sentido, decía que sostener que el matrimonio es exclusivamente para procrear sería discriminatorio con las personas que no quieren o no pueden tener hijos. En su providencia, la Corte colombiana también argumentó que el derecho de las parejas del mismo sexo a contraer matrimonio ha tenido un avance histórico del que ningún país y ninguna legislación pueden quedar indiferentes. Así, en la sentencia se hace un análisis de cada uno de los países que ha aceptado el matrimonio homosexual.

El tema cultural y, sobre y todo religioso, también fue tomado en cuenta por la Corte colombiana, poniendo en evidencia que la oposición al cambio es, en el fondo, un asunto religioso. En su fallo dice: «El derecho comparado ofrece elementos de juicio que permiten a la Corte constatar que toda sanción, restricción, discriminación o trato diferenciado fundado en la orientación sexual, tiene origen o arraigo eminentemente cultural, teocrático, dictatorial o religioso, objetivamente vulneradores de  principios de libertad individual, dignidad e igualdad y, así mismo, evidenciar que en los Estados de Derecho neoconstitucionales se ha convertido en una tendencia global el reconocimiento de los derechos de las parejas del mismo sexo».

El caso colombiano, si bien no es idéntico al ecuatoriano porque allá el tema se debate desde el 2011, es un excelente espejo para lo que ha ocurrido en el Ecuador. Tanto allá como acá, el apego literal al texto legal no es sino una coartada social para defender esquemas religiosos y culturales. Una coartada que sirve para tratar de meter bajo la alfombra el avance indetenible de los derechos de las minorías y, sobre todo, de la civilización sobre el oscurantismo.

11 Comments

    • Estoy seguro que -con su amplitud mental- contrastará este su artículo con el de su colega Espinmosa, de 4pelagatos, en cunto a la similitud entre las aprobaciones del matrimonio igualitario en Colombia y Ecuador, y a su comparación con el procedimiento seguido en Francia. Muy ilustrativa sería su postura frente a la legitimidad democrática de esas aprobaciones.
      Con saludos respetuosos,

      Leonardo Izurieta Ch.

  1. «y, sobre todo, de la civilización sobre el oscurantismo» esta es una opinión totalmente sesgada, me pregunto bajo que criterio define que es «civilización» y que es «oscurantismo»?

  2. Como es usual en los importantes editoriales de los 4 Pelagatos , el presente análisis de lo resuelto por la CC en Colombia en el año 2016 , y la similitud con lo resuelto en el país la semana pasada , nos lleva a concluir que debemos respetar la decisión de nuestra CC , ahora sí conformada por jueces probos y honestos . Y que también debemos respetar los derechos de grupos minoritarios , siempre y cuando éstos no violenten leyes y derechos consagrados en normativa legal vigente .

  3. Sr. Pallares debo aplaudir la profundidad y la coherencia de sus artículos, pero en especial este último.
    El necesario dar a conocer a la ciudadanía estos avances democráticos y defenderlos con argumentos reales, legales y no doctrinales; su análisis contribuye enormemente a ese objetivo. Gracias

  4. Cuando la descomposición social también sea indetenible y no importe la estructura social, porque la anarquía nos ha desbordado, en un absurdo juego de argumentaciones legales o constitucionales, yéndose contra todo principio sobre la naturaleza (los que sí son inviolables) entonces ya será demasiado tarde, los más obscuros y proterbos propósitos de grupos de poder se esconden detrás de resoluciones que atentan en contra de la natural evolución de la especie, se avecinan tiempos de oscurantismo en el pensamiento humano disfrazados de progresismo, la historia lo dirá, pero para cuando eso pase, el mal ya estará hecho y será irreversible, esto es solo el comienzo…

  5. Señor Pallares, un artículo, esta vez, más periodísticamente profesional y libre de emociones personales, a diferencia de un anterior en el cual se dejó llevar por emociones personales llegando a usar epítetos como «curuchupas» en contra de aquellos con pensamientos y creencias diferentes a las suyas. En este campo del periodismo se debe mantener ecuanimidad y jamás caer en la tentación de permitir que criterios, creencias y sentimientos personales opaque la labor profesional del periodista.
    4pelagatos ha sido una ventana a la verdad, al análisis del acontecer político, a la información verídica que el ciudadano común busca. Mantengamos ese profesionalismo intachable que ha hecho que 4pelagatos sea respetado, admirado y, sobretodo, digno de la confianza de los nosotros, sus miles de seguidores.

  6. Sr. Pallares, usted llama obscurantismo el creer en un Dios… El, que dictó las leyes para la convivencia entre seres humanos… quisiera que viva en un país musulman para ver donde lo ponen… Usted apoya la pérdida de valores morales…de eso se trata todo este engendro que ha parido por obra de la malhadada corte en ciernes…

  7. Sr. Pallares, me veo en la disyuntiva de ocupar este andarivel periodístico y de opinión ,para regocijado, expresar la más emocionada gratitud hacia Usted en especial , como destacado pilar de este estupendo Portal, gracias por hacernos sentir que vivimos en un país civilizado, gracias por hacernos sentir que aún existe esperanza, gracias por hacernos sentir que el valor, la bondad, la honestidad, en definitiva la VIRTUD, brota desde la profundidad del espíritu y no desde las siniestras galerías ,donde cuál lechuzas cohabitan todos esos politiqueros prepago, todos esos falsos líderes con su pesada artillería de catecismos, “libros sagrados”, leyes, constituciones, franquicias revolucionarias, corazones ardientes… solo lograron poner al Ecuador al borde del abismo.

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