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El modelo Carapaz no es el éxito sino el trabajo  

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Richard Carapaz desató una fiesta en Ecuador tras ganar la 102 edición del Giro de Italia el domingo 2 de junio. ¿Qué representa el triunfo de la ‘Locomotora de Carchi’ para la sociedad ecuatoriana? 4P. conversó con Iván Sandoval, sicoanalista y médico siquiatra.

¿Cuál es la relación que establecen los ecuatorianos con los héroes deportivos que aparecen como Rolando Vera, Jefferson Pérez y, saltando a algunos, Richard Carapaz?
Establecen una realización efectiva que quizá nos permite salir de lo que yo llamaría la sicología del casi. Tengo 66 años y pertenezco a una generación en la que estábamos sujetos a la sicología del casi… Casi clasificamos al mundial de fútbol de Inglaterra en 1966 si no hubiera sido porque en aquel partido definitorio en Lima no se validó un gol de Tito Larrea y se lesionó nuestro arquero. Casi ganamos nuestra primera medalla olímpica en Múnich en 1972 por una centésima de segundo. Si Jorge Delgado hubiera puesto la mano centésimas de segundos antes. Ha sido un modo de vivir en el que nos hemos pasado décadas o más lamentando esa falta de realización en el ámbito deportivo y en todos los demás ámbitos. Es la realización que se ha escapado.

Y con Richard Carapaz tampoco se supera.
No. Me parece que la historia empieza a cambiar en el momento en que Rolando Vera gana su primera maratón en San Silvestre. Un triunfo continental o mundial. Después se consolida en los juegos olímpicos de Atlanta en 1996 cuando Jefferson Pérez gana la primera medalla olímpica y de oro, además, para Ecuador. Lo de Richard Carapaz es ciertamente extraordinario y está en esa misma línea del triunfo mundial, de la hazaña, de la proeza. Él nos ubica en otra dimensión. Pero fíjese que aún así arrastramos un poco esa sicología colectiva del casi. Cuando los chicos de la Sub 20 consiguen la medalla de bronce en el mundial de fútbol de Polonia, hace dos días, no falta gente que dice: casi jugamos la final, si no hubiera sido por aquel descuido de la defensa y si el cabeza de Leo Campana en el minuto 93 hubiera entrado. Eso da cuenta de cómo nos hemos ubicado los ecuatorianos frente a la posibilidad del éxito internacional y de la relación con estos héroes.

¿Cuánto marca esa filosofía del casi la sicología diaria del ecuatoriano promedio?
No marca sino refleja nuestra sicología social, colectiva en el sentido de asumirnos como una sociedad de la no realización, del fracaso, de una posición modesta, no exitosa, no ganadora en el concierto de naciones y del mismo continente. De una falta de ejecuciones deportivas, económicas, científicas, etc. Somos un pueblo necesitado de héroes, quizá porque esa necesidad da cuenta de la falta de una verdadera ciudadanía, de la falta de una verdadera condición de sujetos de la palabra y de ciudadanos de pleno derecho. Fíjese que en general son deportes individuales aquellos en los que hemos tenido más éxito. Eso da cuenta de nuestras dificultades de asociarnos, de vincularnos a través de objetivos comunes para cohesionarnos. Somos un país pequeño, pero a la vez tenemos tantas dificultades para definir objetivos comunes y ponernos de acuerdo.

Francisco Maturana dijo que el deporte nacional en Ecuador es disparar al que va adelante. ¿Usted suscribe esa afirmación?
Exactamente. Celebramos cuando hay un triunfo destacado, que generalmente es logrado por el empeño de un personaje, su esfuerzo y sacrificio no sé de cuántos años, entrenadores mal pagados, apoyos aislados, pero nada de una estructura, de una organización. Mientras tanto, no nos hemos enterado, no hemos sabido. Lo festejamos durante unas semanas y luego lo olvidamos.

¿Por qué no se aquilatan socialmente esos triunfos que se celebran, pero de los cuales no se sacan lecciones?
Somos una cultura exitista que solo mide los resultados favorables. No somos una cultura de procesos, de trabajo, de desarrollo, de decrecimiento. No hay una consistencia de una noción de sujeto ciudadano, de plena ciudadanía.

¿De verdadero liderazgo también?
En lo que tiene que ver con los liderazgos oscilamos entre los mitos y los mitos. De los antiguos a los actuales. Soy de una generación en la que se nos enseñaba que Abdón Calderón recibió un cañonazo en un brazo, luego tomó la bandera en el otro, un segundo cañonazo, después las piernas y finalmente sostuvo la bandera con los dientes. Hemos crecido con esos mitos, lo que no le quita valor a lo que probablemente Abdón Calderón sí hizo. La dimensión del héroe es la de los mitos fundadores y nos hemos quedado ahí. Con el correísmo asistimos a una reedición de esa sicología de los mitos: refundar la patria, refundar la constitución que durará 300 años…
Nos pasamos la vida esperando el regreso del mesías político que nos sacará de la pobreza, del subdesarrollo sin mucho esfuerzo de nuestra parte, sin mucho trabajo. Somos un pueblo que vive esperando los mesías, los héroes en todos los campos sin tomar en cuenta que los resultados se obtienen a partir del trabajo cotidiano. No nos pasamos pensando y construyendo un proyecto de país que debería empezar en cómo trabajar más. Mas bien, nuestra filosofía es cómo podemos hacer para trabajar menos y obtener mejores beneficios.

Todo este diagnóstico nos lleva a un callejón sin salida. Es un diagnóstico desesperado.
De ninguna manera. Me ha gustado mucho la posición de Richard Carapaz en el sentido que recibió, agradeció los homenajes y volvió a los entrenamientos. Al mismo tiempo él dijo que el mejor homenaje que podía recibir del país es que respeten a los ciclistas.
No se trata de medallas, condecoraciones, foto en Carondelet con el consabido regalo de la camiseta firmada. Eso está bien, pero al día siguiente hay que seguir trabajando. Necesitamos trabajo. De eso se trata. No de cosas heroicas. Qué bueno que haya Carapaz, pero si se dice que es un modelo, pues ese es modelo: el esfuerzo, el sacrificio, madrugar. No el éxito sino el trabajo.

Esta entrevista fue publicada el domingo 16 de junio como parte del boletín semanal de 4P. Si quiere recibirlo, le invitamos a suscribirse gratuitamente a GPS4P.

Foto: Iván Sandoval

5 Comments

  1. Acertados comentarios de Iván Sandoval. Sería interesante que analice por qué nuestra cultura es, en general, anti-trabajo. Nos hemos tragado lo que Don Ramón decía sobre el trabajo: «ningún trabajo es malo; lo malo es tener que trabajar».

  2. Es esa la mentalidad con la que nos desarrollamos los ecuatorianos.

    Casi, por poco, hubiera, haremos, mejoraremos, cambiáremos.

    Casi consigo un trabajo, por poco se rebajan los impuestos, , hubiera sido bueno estudiar, trabajar, haremos mejorías para los detenidos y policías, mejoraremos las condiciones de trabajo y vivienda , especialmente para los afectados del terremoto en Esmeraldas y Manabí, cambiaremos los políticos de turno, especialmente los pillos Correistas, ahora hasta el cura saca a relucir su tamaña ignorancia, esa es la escuela de los progresistas.

    Es limitado el conglomerado humano en Ecuador que se sacrifican, esfuerzan, se capacitan, se empeñan y se rompen el lomo para vivir con dignidad y progreso, pero desgraciadamente son vistos como tontos, es mas fácil ser corruptos, traficantes y ladrones.

  3. Que excelente artículo, describe con precisión el pensar, sentir y actuar de los ecuatorianos. Lo único que nos falta decir es «casi somos ecuatorianos», pues somos el país del casi.

  4. Las respuestas tienen peso propio,más cuando dice don Ivan.» No nos pasamos pensando y construyendo un proyecto de país que debería empezar en cómo trabajar más. Mas bien, nuestra filosofía es cómo podemos hacer para trabajar menos y obtener mejores beneficios». Seguro lo dice cuando en combo los empresarios fueron beneficiados con la remisión de sus intereses y multas por sus deudas ante el IESS y el SRI. Ahora buscan una reforma laboral que les permita pagar lo menos posible a sus trabajadores, lo digo or los tres años a prueba , es legal si se aprueban nuevas reglas de juego . Es y si no me equivoco ya política de estado el hecho de que nuestros niños y adolescentes tengan menos tareas para su casa después de clases , profesores que envíen deberes atentan contra el tiempo libre de sus educandos, los estresan. En la última lluvia de candidatos a gobiernos seccionales , muchos y seguro no pego al poste , tenían entre ceja y ceja el servirse del pueblo , todo a cuenta de desbaratar la lengua en sus discursos,del dinero recibido para promoverse no rinden cuentas. Se ganan nuestra confianza y para la gran mayoría de nosotros es tarea imposible elegirlos por su capacidad de trabajo y su vocación al servicio, la información sobre ellos nos viene muy escasa. Carapaz en mi opinión es otro mas de los chiripazos, como aquí bien se dice.

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