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¿Se modera o se radicaliza la derecha latinoamericana?

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El reciente guiño de Lenín Moreno a los “grandes retos” que esperan a Jaime Nebot vuelve a colocar en el tapete el perfil actual de la derecha en el continente. La revista Colombia Internacional de la Universidad de los Andes de Bogotá publicó en estos días un diagnóstico de la derecha regional. Este consiste de un conjunto de estudios de caso basados en rigurosas metodologías de las ciencias sociales.

Hablar de la derecha inmediatamente genera dos dudas. ¿Se puede definir a la derecha? y ¿es válida la división binaria del campo político en la post-Guerra Fría? Los autores del número comparten la definición clásica de que “la derecha es la corriente política que acepta la legitimidad de la desigualdad engendrada por el mercado”.  Existe entonces una definición de la derecha, pero ¿sigue siendo relevante el concepto de derecha en la actualidad? Los autores del número de Colombia Internacional no lo dudan: se refieren a la “trayectoria reciente de la derecha”, a “la derecha moderada o radical”, a un “giro hacia la derecha», etc. Al parecer ni los actores políticos ni los analistas pueden prescindir de estas coordenadas al pensar la política, a pesar de que la Guerra Fría concluyó hace cuarenta años.

Si bien es posible definir la derecha, está claro también que la derecha en América Latina no es homogénea. Con frecuencia el número de Colombia Internacional distingue entre una derecha moderada como la de Mauricio Macri o Sebastián Piñera y una derecha radical o populista, esta última asociada a Bolsonaro entre otros. Las distintas corrientes derechistas, en otras palabras, comparten un discurso contrario a la redistribución de la riqueza por el Estado, pero difieren en cuanto a los valores sociales que promueven o su aceptación o no de la democracia liberal. Es interesante señalar que la derecha radical o populista es la “nueva derecha” que ha cristalizado recientemente y guarda sintonía con la nueva derecha post-liberal en Europa y EEUU.

En el caso de Perú, el politólogo Carlos Meléndez diferencia entre la derecha populista/conservadora de la dinastía fujimorista y la tecnocrática/liberal encarnada por Pedro Pablo Kuczinsky. La primera apela a las pasiones de los sectores populares con la promesa de ordenar una sociedad caótica mediante el ejercicio vigoroso de la autoridad y el mantenimiento de valores conservadores (anti-aborto, anti-GLBTI). La segunda acepta la impronta pro-mercado que impuso el Fujimorato, pero es liberal en términos de valores sociales (apertura al aborto y los derechos GLBTI), defiende la institucionalidad liberal democrática y se legitima en términos de racionalidad.

En Chile, se ha producido una bifurcación similar, de acuerdo a Cristóbal Rovira. Por un lado, está la derecha liderada por Sebastián Piñera que ha girado hacia el centro: acepta algún grado de intervención estatal en la economía y muestra una apertura a valores sociales liberales. De otro lado, se encuentra la corriente minoritaria de José Antonio Kast que está a favor de un fundamentalismo de mercado combinado con valores sociales conservadores y una memoria positiva del pasado pinochetista. Rovira explica el giro hacia el centro de Piñera no solo como una estrategia para competir con la hegemonía de la Concertación, sino como un efecto de una “revolución silenciosa” valórica, que ha convertido a Chile en un país relativamente abierto en temas como el aborto o los derechos GLBTI. La radicalización de la corriente liderada por Kast, a su vez, sería una respuesta a la “sobre adaptación” de Piñera, que dejó “huérfanos” a sectores derechistas duros.

Para Argentina, Gabriel Vommaro argumenta que Mauricio Macri definió una postura moderada en cuanto a la utopía del mercado auto-regulado y frente a los valores sociales y que además para ser competitivo en las elecciones de 2015 tuvo que armar una coalición difusa que incluía aliados que no estaban a favor de un ajuste neo-liberal radical.  Estos condicionamientos han limitado la capacidad de Macri de realizar una terapia de shock frente a los desbalances macro-económicos provocados por el kirchnerismo.

El caso de Brasil es, sin duda, el más interesante por el surgimiento de una nueva derecha conservadora, populista y autoritaria. Fabiano Santos y Talita Tanscheit explican este fenómeno como producto del colapso de los partidos políticos que provocó el activismo judicial del juez Sergio Moro y el apoyo de los partidos de derecha al impopular gobierno de transición de Temer.  ¿Y en Ecuador? Paolo Moncagatta, y quien escribe estas líneas, demostramos estadísticamente en nuestra contribución que el Ecuador no tiene un electorado ideológico y argumentamos que el considerable apoyo a Lasso en las elecciones de 2017 se debió a un efecto péndulo generado por el fin del auge de los commodities. Si bien Ecuador ha tenido una derecha que ha combinado un discurso pro-mercado con un compromiso implícito con los valores conservadores, no ha surgido en la coyuntura actual una corriente de derecha radical. Pero no se puede descartar que la disputa valórica divida a la derecha en las próximas elecciones entre una derecha conservadora y una liberal. ¿La pregunta es quién ocupará qué rol?

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

4 Comments

  1. Si eventualmente, por el efecto péndulo, el siguiente gobierno es de derecha, espero sea liberal en los valores sociales. Las derechas conservadoras son autoritarias, militarizantes, homófobas, transfóbicas, sexistas, racistas, elitistas, clasistas, partidarios de las armas, la pena de muerte y el gran desprecio por las artes y las ciencias sociales…..

  2. Tenemos una derecha que está haciendo presencia y protagoniza la actual transición en el mismo gobierno que nos gobierna por más de diez años. Guillermo Lasso obedece a uno de los ejemplares de la derecha que mejor entiende las necesidades del país. Ojalá y no sea él quien se lance otra vez en pos de la presidencia de la república,dirige mejor desde fuera , en su lugar y de sus huestes elijan a quien como Lenin Moreno en hora buena, va realizando la apertura que el país necesita a la inversión extranjera. Necesitamos trabajo, y la minería es una fuente muy importante de plazas de trabajo y este gobierno claramente la defiende y cuenta con el apoyo de «CREO». La reforma laboral que viene en camino y se tramitará en Agosto, sin dudas abre la posibilidad de que el Ecuador se modernice y se vuelva competitivo, esto con relación a que los sueldos de los trabajadores en el mejor de los casos se congelen, o empiecen a bajar y se elimine de una vez la jubilación patronal , independientemente de que los trabajadores tengan o no seguro de afiliación. Es también buena noticia que la banca nacional esté dispuesta a competir con la internacional . No de gana los organismos prestamistas internacionales ven con buenos ojos al Ecuador y nos siguen haciendo préstamos caso contrario , nuestra situación se haría más complicada.

    • Estimado, todas las investigaciones realizadas apuntan al hecho que la minería NO es realmente fuente de trabajo. De hecho, tampoco aporta mucho al PIB!
      Por qué no basarse en hechos comprobados?

  3. Valiosa pregunta ya que tanto Moreno como Lasso y por supuesto Nebot son de la derecha, aunque el último, sin duda, de la versión más conservadora. Es más, también los Correistas son del corte conservador…. o sea, la representación liberal-progresista con fuerte compromiso con la justicia social y económica casi no existe.

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