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¿Una inevitable debacle en Argentina?

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Los resultados de las primarias abiertas en Argentina han dejado consternada a la derecha en América Latina, incluyendo en Ecuador. El amplio margen de ventaja que obtuvo la dupla peronista Alberto Fernández/Cristina Fernández sobre Macri no solo sorprendió a quienes veían a Macri como un héroe, sino que ha suscitado un verdadero sentimiento de horror. Se recrimina a los sectores populares argentinos de ser irracionales y se ha pronosticado una debacle económica auto-infligida.   Estas interpretaciones son compresibles, pero no son las lecturas que se están haciendo en el debate político argentino.

La votación masiva a favor de la dupla peronista Alberto Fernández/ Cristina Kirchner en el denominado Paso de la semana pasada no fue un acto de absoluta irracionalidad, sino que tuvo mucha lógica. Hubo un voto masivo en contra de la comprobada falta de resultados económicos positivos durante la presidencia macrista. Si bien es cierto que Macri heredó una economía en crisis, en cuatro años, los votantes debían esperar una mejora. La situación económica no mejoró con Macri: la inflación aumentó, la devaluación del peso se incrementó y la recesión continuó. Un gran número de votantes se hizo la pregunta que se hace el electorado en cualquier país: estoy mejor ahora que hace cuatro años y la respuesta era a todas luces que no. En una situación como esta, el péndulo tiende a girar hacia los opositores más o menos decididos, que en este caso pertenecen al peronismo. El hecho de que el peronismo, como fuerza hegemónica, sea multifacético e incluya en su interior corrientes radicales y moderadas le ayuda, sin duda, a capitalizar el descontento con Macri.

Algunos economistas neo-liberales en la región increpan a Macri por no haber aplicado una terapia de shock que hubiera acelerado la recuperación, pero esta tesis es francamente especulativa. Es igualmente probable que un ajuste radical hubiera profundizado la crisis. Es más acertada la visión de los analistas argentinos que concluyen que el error de Macri fue ignorar el manejo político de la crisis. Macri no supo comunicar que los sacrificios requeridos podrían durar varios años o armar una coalición basada en la gratificación diferida. En todo caso, cuatro años es una espera larga aún para el electorado más racional.

Lo que más sorprende a los analistas de derecha en el continente es que los argentinos estén a punto de reelegir a una líder política tan corrupta como Cristina Fernández. Sin duda, es desafortunado que exista tal tolerancia para la corrupción, pero es normal que los votantes prioricen las percepciones de su bienestar económico sobre la ética política. Ese comportamiento se repite una y otra vez y no solo en América Latina. La reelección de Trump, por ejemplo, se jugará en este terreno: será la recesión real o potencial que decidirá si un ejemplar de todos los vicios políticos gane o pierda.

¿Será catastrófico un triunfo definitivo del binomio peronista en octubre de este año? Sin duda, el gobierno de Cristina Kirchner (2007-2015) tuvo un manejo deplorable de la economía y entre sus errores estuvieron las típicas prácticas populistas: confrontación con la elite agro-exportadora (“el campo”), un excesivo gasto público, controles cambiarios y cierto proteccionismo. Todo indica, sin embargo, que Alberto Fernández va a ser quien dirija los destinos de ese país, especialmente en el plano económico. Alberto Fernández es bastante moderado y existe ya un consenso en Argentina de que no será un títere de Cristina Fernández.  Ya ha anunciado que buscará mantener el acuerdo con el FMI, aunque con algunos cambios. Más que un retorno al poder, lo que logrará Cristina Fernández con un triunfo de su binomio en octubre, será rehabilitar su imagen y blindarse nuevamente frente a la justicia

En la prensa argentina, se está hablando de la real posibilidad de una transición ordenada. Esta consistiría en un acuerdo entre Alberto Fernández y Macri para que Macri acepte la derrota desde ahora y mantenga algo de estabilidad económica en lugar de tomar acciones desesperadas para aumentar su popularidad. El peligro de una mayor desestabilización económica en este momento irónicamente emana de un intento a última hora de Macri de revertir su impopularidad con medidas populistas.

Más allá de los manifiestos desaciertos del gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba, vale la pena preguntarse si ¿hay alguna lección para el Ecuador en la coyuntura argentina? ¿Podrá el correísmo, por ejemplo, beneficiarse del actual ajuste económico y del desafecto que enfrenta Lenín Moreno entre los sectores populares?  Hay una gran diferencia entre las dos situaciones.  A diferencia del peronismo, ahora encarnado en el Frente de Todos, el correísmo no tiene la heterogeneidad que le permitiría captar votos del centro o lavar su imagen. Al fraccionarse, Alianza País perdió la oportunidad de ser un partido hegemónico con facciones capaces de agregar una diversidad de intereses y afectos.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

1 Comment

  1. Lo que demuestra finalmente que a la gente le importa un bledo la corrupción; al igual que el pueblo ecuatoriano, las masas argentinas exoneran a los corruptos con el «no importa que robe, con tal de que haga obra», como si el estar en el gobierno es una licencia para el enriquecimiento personal. Discrepo con el comentario del Dr. Espinosa pero el voto a Fernández y la Kichner, fue un hara kiri político propio de gente irracional.

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