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Tragedia de los comunes

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Un grupo de campesinos compra un terreno donde cada uno puede llevar su ganado y dejarlo pastar. Un día uno de ellos decide llevar una vaca adicional, pues, necesita dinero. Aunque está consiente que su acción no es buena para el suelo, piensa que una vaca extra no se sentirá en un terreno tan grande. Como obtiene buenas ganancias lleva una vaca más, otra y muchas más.

El campesino obtiene más ganancias, sin embargo, son todos los que pagan el precio del desgaste de la tierra. No obstante, el campesino se ufana al decir “no es mi problema”. Al pensar de igual forma todos los campesinos, cada uno lleva vacas adicionales al terreno en función de su beneficio personal y en detrimento del bienestar colectivo.

Hace 50 años el biólogo y ecologista Garrett Hardin, en un influyente ensayo publicado en la revista Science, escribió: cada hombre está encerrado en un sistema que le incita a aumentar su rebaño sin límite, en un mundo que es limitado. Agregó además: “­La ruina es el destino hacia el cual todos los hombres se apresuran, cada uno persiguiendo su propio interés en una sociedad que cree en la libertad de los bienes comunes. La libertad en un bien de uso común trae la ruina a todos”. A esto lo llamó la “tragedia de los comunes”.

El limitado terreno de los recursos fiscales ha sido capturado por diversos sectores. A través del tiempo, la tierra fiscal se ha vuelto improductiva por la insaciable demanda de recursos y cargas adicionales a la hacienda pública. Las constantes demandas salariales  y de más personal en educación, salud, defensa, seguridad pública, seguridad social, administración seccional, función judicial y, en general, en todas las Funciones del Estado, han conformado un paquidérmico sector público nocivo para toda la sociedad.

No ha existido contemplación en agotar el terreno fiscal con las demandas de Municipios, Prefecturas y Juntas Parroquiales. Insaciables en sus requerimientos de más recursos al parcelar y preasignar las rentas tributarias y petroleras, al presionar por la liberalidad en el endeudamiento público, al utilizar el poder político regional para sus fines. Las intocables demandas de las universidades públicas se han unido al negativo clima que ha contaminado y vuelto infértil el suelo fiscal del Ecuador.

Con las excepciones de rigor, las élites políticas, económicas y sociales, con sus seculares demandas de recursos públicos han contribuido a la desertificación de la Hacienda Pública. Los sectores que perciben subsidios a través del Presupuesto del Estado, las instancias privadas y económicas que se benefician de los subsidios a los derivados del petróleo, las crecientes demandas de las seguridades sociales, son parte del amplio espectro que sin tregua han aumentado el figurativo rebaño del pastoreo fiscal.

Cada demandante de recursos públicos ha flameado el estandarte: “no es mi problema”. Políticos, burócratas, élites laborales y sociales, sectores económicos, representantes de los Gobiernos Seccionales y todos los que medran del Estado, han privilegiado sus propios intereses en detrimento del interés colectivo.

Los practicantes del inclemente pastoreo fiscal y económico, han proscrito los beneficios que para toda la sociedad representa el orden fiscal, una economía sana, un responsable y bajo endeudamiento público, un ambiente amigable y de largo plazo para las inversiones, un país productivo y competitivo que juzgue de modo ejemplar la rampante corrupción.

El variopinto paisaje de intereses económicos, políticos, sindicales y otros de diverso género, que han agotado los límites de la racionalidad económica y fiscal, se han constituido en la antítesis del bien común que se construye en un país con menos pobres, con menos desocupados y sub empleados, con menos desigualdad social, con la generación de más riqueza que promueva el bienestar de toda la sociedad.

No existe otra forma de alcanzar la prosperidad sino es con el pleno ejercicio de las libertades económicas, civiles, políticas, y todas aquellas que fortalecen la democracia. Sin embargo, el irresponsable ejercicio de estas libertades que destruye los bienes comunes que devienen el orden fiscal y económico, sólo perennizan la pobreza y el subdesarrollo.

Mientras en el Ecuador las personas, sectores económicos, políticos, gremios laborales, y todos aquellos empeñados en aumentar el rebaño que destruye las cuentas públicas y la economía, al velar desesperadamente por sus egoístas intereses, mantendrán secularmente al Ecuador rehén de su particular y parroquiana “tragedia de los comunes”.

5 Comments

  1. Artículo que no admite contradicción. La seguridad social desde que admitió a los campesinos y a todos sus dependientes ( docenas por individuo) por el módico aporte de un dólar mensual colapsó los servicios y la institución entró en una espiral descendente imparable, claro que fue una acción de políticos irresponsables dirigida a la masa irresponsable que sólo sabe estirar la mano y multiplicarse como conejos.

  2. Excelente artículo! Hay ciertas obligaciones del Estado con la sociedad que deben ser financiadas con recursos públicos, pero como bien se dice cuando todos los sectores quieren hacer pasto de ellas el Estado colapsa y con él todos nosotros.

  3. Interesante análisis Econ. Carrera. Pero lo que es peor, no sólo Ecuador, sino el mundo está sobrepastoreando el ecosistema fiscal en aras de la concentración de la riqueza en el 1% de la población y en desmedro de nuestro único y agonizante planeta.

  4. Con «las crecientes demandas de las seguridades sociales» no estoy de acuerdo, porque sucede todo lo contrario. Si no fuera por los políticos rateros que se hacen millonarios en pocos meses de trabajar en las Instituciones de Seguridad Social, éstas, serían las instituciones más poderosas, más solventes en cada país.
    Si la enorme cantidad de recursos que se recaudan todos los meses, se destinaría a la obra pública (Carreteras, autopistas, puertos, aeropuertos, hidroeléctricas… etc.) un gran porcentaje de la misma, podría ser financiada con recursos nacionales, consecuentemente disminuiría la deuda pública; y las Instituciones de seguridad Social, serían acreedoras de la rentabilidad de dichas obras: Peajes, pontazgos, tarifas… etc. Entonces, las «demandas de las seguridades sociales» existen porque en los políticos no tenemos buenos administradores, sino buenos ladrones.
    A propósito: acabo de leer en un twitt un titular del diario «El Comercio»: «Más de 145 millones suma el patrimonio de 24 alcaldes» La mitad de ellos no paga ni los impuestos.

  5. ACERTADA SU OPINIÒN. EL SOCIOLOGO BAUMAN REFIERE QUE LOS GRUPOS SOCIALES SOLO VEN SU INTERES PARTICULAR SIN OBSERVAR LAS NECESIDADES DE TODA LA COMUNIDAD. ESE ES UN MOTIVO PARA QUE LA SOCIEDAD Y LA CLASE POLITICA NO VAYA EN BIENESTAR COMÙN. PARA MI EL SISTEMA POLITICO TAMBIEN REFUERZA ESE TIPO DE CONDUCTA. CREO EN LO QUE DICE BAUMAN QUE SI QUEREMOS EVOLUCIONAR COMO SOCIEDAD TENEMOS QUE TRABAJAR DESDE LA COMUNIDAD BUSCANDO EL BIENESTAR COMUN Y NO LO PERSONAL

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