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Nuestra democracia 40 años después

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La conmemoración de los cuarenta años desde que el Ecuador regresó a la democracia, ha puesto a discutir a muchos en el país, acerca de cómo andamos, respecto a institucionalidad, estado de derecho y demás, pero también sobre sus saldos en rojo.

Hay quienes, desde una visión más pesimista, tienden a desvalorizar lo conseguido. Sostienen que no se ha avanzado nada, que más bien hemos ido hacia atrás, en franco retroceso. Esa visión es comprensible, sobre todo cuando quienes la comparten se enfocan en lo sucedido en los últimos diez años y tienen fresco en su memoria el saqueo moral de la década ganada.

En cambio, aquellos que piensan de forma positiva reconocen que, partiendo de que la democracia es un proceso de construcción permanente, el país cuenta hoy con significativos avances en comparación con los cuarenta años precedentes.

Estas reflexiones nos obligan a pensar en el país que tenemos y la democracia que vivimos. La conmemoración de casi medio siglo nos sirve como pretexto para hacer un balance objetivo de los logros alcanzados como país y plantearnos los desafíos que nos quedan por cumplir.

El retorno a la democracia del 79 significó, para quienes asumieron el poder, un enorme reto porque les tocó trabajar para sentar las bases de la institucionalidad, abrir camino para la construcción de una democracia con derechos y libertades y desarrollo económico. Es decir, responder a las expectativas del país de entonces.

A partir de allí, tuvimos varios mandatarios con sus propios procesos, pero hay que admitir que no todos cumplieron al pueblo. Algunos efectivamente contribuyeron con su trabajo y compromiso para fortalecer las instituciones y fueron demócratas respetuosos de los derechos y libertades. Pero otros, por sus malas prácticas, el mismo pueblo los removió de su cargo abruptamente. Entre esos malos gobernantes, hay uno que probablemente se lleve el título de padre de la mayor  corrupción en la historia del Ecuador

Pero más allá de esos pasivos, la democracia ha ido permeando la ciudadanía ecuatoriana y, con sus altos y bajos, aciertos y equivocaciones, también ha significado logros en algunos campos. En estos cuarenta años, los representantes de pueblos y nacionalidades indígenas, alcanzaron mejores espacios de participación, no solamente política sino en la administración pública. La participación de las mujeres en la política y las normas de paridad, también han tenido su espacio de avance, al igual que la reivindicación de los derechos de la naturaleza.

Sin duda, el reconocimiento de los derechos de los grupos de  diversidad sexual constituye un hecho significativo que hay que destacar. Y no podemos dejar de lado el hito histórico que llevó al Ecuador a librarse del karma del conflicto con el Perú, que una vez firmada la paz nos trajo a todos tranquilidad nacional.

Hecho el punteo de algunos hitos positivos en estos cuarenta años, es preciso referirse a los saldos en rojo que constituyen desafíos latentes que hay que afrontar de cara al  futuro. Seguimos esperando una democracia con partidos políticos sólidos, que consigan trabajar por su fortalecimiento hacia adentro y no solo se enfoquen cada cuatro años en el mensaje hacia afuera. Partidos comprometidos con la transparencia, que no empeñen la democracia por financiamiento electoral. Necesitamos además un sistema electoral claro, que garantice la participación política y al mismo tiempo la equidad en las elecciones.

Queda pendiente construir un sistema anticorrupción eficaz, que cuente con aliados estratégicos en instituciones independientes, lideradas por funcionarios que ocupen los puestos movidos por la causa y no por la plata. En ese empeño, los ciudadanos somos actores fundamentales. Si cada uno de nosotros se convierte en portaestandarte de la bandera de la transparencia y la honestidad, practicándola día a día, y exigiéndola a nuestras autoridades, la democracia podrá fortalecerse.

Mucho queda por delante, pero nuestra democracia debe ser  cuidada y resguardada por todos. Al fin y al cabo, parafraseando a Jaime Roldós: «La democracia no es perfecta, pero es susceptible de perfeccionamiento y por ello siempre será la forma más digna de existencia humana».

Ruth Hidalgo es directora de Participación Ciudadana y decana de la Escuela de Ciencias Internacionales de la UDLA.

3 Comments

  1. Muy bien escrito señora Ruth Hidalgo, excelente síntesis de lo que pasó en los 40 años pasados y lo que debe hacerse en los próximos, una exposición bien clara y comprensible.

  2. En su análisis sobre los 40 años de Democracia, no refiere absolutamente nada, sobre el asesinato de Jaime Hurtado diputado por el Movimiento Popular Democrático; en el gobierno de Jamil Mahuad. Se lo podría considerar un articulo sesgado o incompleto de una realidad que conmovió al pueblo ecuatoriano. Por qué los periodista de determinada importancia no refieren a los luchadores populares y presencia en la historia ecuatoriana.

    • Han transcurrido 4 décadas y lo que percibo como ciudadana es una secuencia de gobiernos que en su momento utilizaron el poder en beneficio de su entorno inmediato, ajustando el texto constitucional según sus intereses, y sigue la misma tónica de llamados a constituyente, es una práctica sin fin que nos lleva a mayor incertidumbre e inestabilidad. No hay perfección posible pero es urgente y necesario la aprobación de un código dd la democracia con condiciones claras para fortalecer nuestro ejercicio en las urnas, pero con un Consejo electoral que sea confiable, donde no se manipule nuestro voto mientras arman apagones informáticos. Hay mucho por hacer en el camino hacia una democracia que garantice los esenciales valores humanos.

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