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Sin identidad no hay desarrollo

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Luego de 40 años de democracia, el Ecuador no ha encontrado la dirección correcta que conduzca a la prosperidad de la sociedad. Los vaivenes en la gestión política, económica y fiscal, han caracterizado la gestión de los gobiernos. Mientras, otros países de la región han avanzado de modo importante, al Ecuador le signan sus preocupaciones por sobrevivir. Son múltiples las visiones y razones de diversos colores, en las que se trata de encontrar las causas de nuestro subdesarrollo.  Quizá, las reflexiones de Francis Fukuyama sobre la identidad sean un aporte apropiado para definir el rumbo del futuro del Ecuador en su búsqueda del desarrollo.

Según Fukuyama, en Japón, Corea del Sur y China, sólidas identidades nacionales les han permitido crecer y alcanzar el desarrollo. La identidad nacional es sinónimo de convicciones compartidas por la sociedad que legitiman los sistemas democráticos. La identidad se refleja en leyes e instituciones, en los sistemas educativos, en la cultura y valores y costumbres de la sociedad. El Ecuador requiere consolidar su identidad nacional en torno a valores políticos liberales y democráticos. En esta perspectiva, Fukuyama delinea ciertos factores que pueden devenir en elementos constitutivos de la conformación de una identidad nacional que conduzca a la prosperidad:

  1. SEGURIDAD FÍSICA. La identidad nacional debe preservar el Estado de Derecho y la seguridad interna y externa de la nación. Es necesario precautelar la unidad nacional y evitar cualquier acción que pueda conducir a la ruptura del Estado.

 

  1. CALIDAD DE GOBIERNO. Elemento consustancial de la identidad nacional debe constituir la forja de un buen gobierno. Esto es, gobiernos absolutamente concentrados en brindar una educación pública de calidad, servicios de salud de excelencia, seguridad social con elevados estándares, seguridad interna que procure a los ciudadanos la tranquilidad de realizar sus actividades personales y empresariales en paz. Un buen gobierno exige servidores públicos comprometidos con el bien colectivo por encima de sus intereses particulares. Un buen gobierno está llamado a proscribir la corrupción e institucionalizar la transparencia en la gestión de los recursos públicos y en todos los actos de gobierno.

 

  1. FACILITAR EL DESARROLLO ECONÓMICO. Las fuertes identidades nacionales de Japón, Corea del Sur y China produjeron élites centradas sin desmayo en el desarrollo económico de sus países, objetivo privilegiado ante intereses de enriquecimiento personal. La prosperidad económica es inherente a la capacidad de los países de acceder a los mercados mundiales, como antítesis de proteccionismos escudados en falsos sentimientos de soberanías.

 

  1. GENERAR UN RADIO AMPLIO DE CONFIANZA. La confianza es fundamental en las relaciones económicas, políticas y de la sociedad en su conjunto. La confianza se fundamenta en el capital social de un país, esto es, en la capacidad de cooperar unos con otros y, en general, entre todos los segmentos de la sociedad, en función de normas y valores compartidos. “Las sociedades prosperan gracias a la confianza, pero necesitan el mayor radio de confianza posible para garantizarse el éxito”.

 

  1. MANTENER FUERTES REDES DE SEGURIDAD SOCIAL. Las atenciones sociales que mitiguen las desigualdades económicas deben ser un importante componente de la identidad nacional. Si los miembros de una sociedad sienten que son parte de una familia extendida y tienen altos niveles de confianza entre ellos, este sentido de pertenencia los inducirá a apoyar programas sociales que ayuden a los segmentos más débiles de la sociedad.

 

  1. HACER POSIBLE LA PROPIA DEMOCRACIA LIBERAL. Elemento consustancial de la identidad nacional debe ser el ejercicio responsable de las libertades económicas, civiles y políticas, en el insustituible marco de la permanente consolidación de las instituciones democráticas. Según Fukuyama, una democracia liberal es un contrato implícito entre los ciudadanos y su gobierno y entre los propios ciudadanos, según el cual se renuncian a ciertos derechos para que el gobierno proteja los derechos básicos más importantes.

El fortalecimiento de la cultura democrática es inherente al progreso de un país. La democracia es por definición una colección pluralista de intereses, opiniones y valores que deben conciliarse de modo pacífico mediante la deliberación y el debate. En pro del bien común, la identidad democrática exige la aceptación ciudadana de hechos adversos a sus preferencias, requiere de tolerancia e inadmite pasiones de diverso género.

Las reflexiones de Fukuyama, de algún modo están insertas en los preceptos básicos que lentamente el Ecuador pretende institucionalizar, los que, sin embargo, están lejos de constituirse en la identidad nacional que caracterice al Ecuador. La calidad de gobierno tiene baja calificación, dista mucho de los requerimientos de eficiencia asociada a un sector público menos obeso. Son difusas y poco consistentes las acciones que demanda el desarrollo económico del país, si bien hay señales hacia la apertura comercial y adopción de los fundamentos económicos de mercado. La desconfianza económica se refleja en el elevado riesgo-país y precariedad en el flujo de inversiones. La cooperación y valores compartidos entre los diversos segmentos de la sociedad, no constituyen un capital social que pueda conducir al éxito del país. Las atenciones sociales que tienen las limitaciones propias de la estrechez económica y fiscal, tampoco reflejan un sentido de pertenencia en la sociedad.

Las virtudes de la democracia liberal tienen un largo camino por recorrer para constituirse en el camino hacia la prosperidad. Aún está en ciernes abandonar el secular aposento de la negación de las libertades económicas, de la consolidación de las instituciones democráticas, y de la obsesión para crear riqueza. El populismo está latente en las capas desposeídas de la población y en las élites irresponsables que las cautivan, ciegas por dogmatismo o convicción, a asumir como identidad nacional los fundamentos económicos y postulados de la democracia liberal, histórica opción para progresar. La identidad nacional imperativa para alcanzar el desarrollo es aún un edificio por construir. Es responsabilidad de todos vestir el traje de obreros para levantar esta gran obra, imposible sin sacrificios y esfuerzos compartidos por toda la sociedad.

4 Comments

  1. El Vicepresidente Otto S., debería no solo leer este artículo, sino ponerlo en práctica para que la convocatoria al diálogo y el “acuerdo nacional” tenga algún resultado, almenos saber quiénes están participando (¿identidad?) y los temas que están debatiendo (¿desarrollo económico?), y a cuáles consensos están arribando (¿Confianza?). En una sociedad en donde los valores han sido estropeados, donde hay un desorden, se exhibe un plan y no se lo cumple, donde todos desconfiamos de todos, que resulta difícil conseguir la identidad y peor llegar a acuerdos que favorezcan a todos especialmente al PAIS. Cada día vemos que la presentación de los casos de corrupción nos disocia, nos perturba la actividad diaria, y no hay MISION y peor VISION de país por la que todos los ecuatorianos pongamos el hombro para sacar adelante. Los liderazgos son tan débiles que en el caso de las elecciones todos quieren llegar a la “presidencia” y no son capaces de unirse por objetivos de país para desterrar para siempre el correismo y morenismo y tener un futuro en que todos trabajemos por causas justas y honestas, y que nos conduzca a la identidad de país.

  2. Para fortalecer la Identidad Nacional necesitamos preservar nuestra Cultura e Idiosincrasia, custodiar nuestra débil economía, impedir injerencia extranjera de cualquier tipo, cuidarnos entre todos los CIUDADANOS y cambiar esa Constitución que es enemiga de los ECUATORIANOS.

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