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¿Neo-liberalismo/conservadurismo, son inseparables?

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Con el giro hacia la derecha en América Latina, ha habido un renovado interés en aclarar en qué consiste la opción política de la derecha, es decir en esclarecer la definición del ser/deber ser de la derecha latinoamericana. Uno de los temas que están analizando los politólogos e historiadores es ¿si la derecha latinoamericana es conservadora en temas morales?  El compromiso neo-liberal de la derecha latinoamericana parecería exigir el ejercicio de la libertad individual en las elecciones morales y por tanto excluir el conformismo ante la moral tradicional. No obstante, encontramos que la derecha latinoamericana es dogmáticamente neo-liberal en economía, y conservadora en temas morales. Generalmente no está dispuesta a aceptar el aborto o la redefinición de las orientaciones o identidades sexuales. En cambio, son pocos los políticos o empresarios de derecha en la región que conjugan liberalismo económico con «valores morales progresistas».

La imbricación neo-liberalismo/conservadurismo social no es propia sólo de un contexto de sub-desarrollo, donde la Iglesia Católica mantiene influencia. En EEUU es hasta más estrecha la relación neo-liberalismo/conservadurismo que en América Latina. Un interesante libro de la filósofa Wendy Brown, titulado In the Ruins of Neo-Liberalism (New York, 2019) arroja mucha luz sobre la relación neo-liberalismo/conservadurismo. Según su autora, el estrecho nexo neo-liberalismo/conservadurismo no es paradójico o accidental. Su libro argumenta que desde la obra temprana de Friedrich Hayek (1930s-1940s) y el famoso manifiesto neo-liberal/libertario de Mont Pelerin de 1947, el neo- liberalismo económico y el conservadurismo moral se han acompañado mutuamente.

Según Brown, Hayek, el artífice del neo-liberalismo, creía que la moral tradicional regulaba la conducta de los individuos sin que el Estado tuviera que intervenir para organizar la sociedad.  En ese sentido, la moral tradicional complementaba y reforzaba el orden espontáneo del mercado auto-regulado.  La ingeniería social del Estado de bienestar, basado en el peligroso mito de la justicia social socialista, buscaba, según Hayek, erosionar tanto la moral tradicional como la operación del libre mercado. El nexo neo-liberal/conservador luego reapareció cuando el neo-liberalismo se tornó hegemónico en el contexto de la crisis del Estado de bienestar en los años 1980. No es casual que tanto Ronald Reagan como Margaret Thatcher eran neo-conservadores y no sólo neo-liberales. Así el movimiento de la «mayoría moral» («moral majority») era el complemento perfecto de la desregulación de la economía en la época de Reagan (1980-1988).  Hoy el vínculo neo liberalismo/conservadurismo aparece más fuerte que nunca en la lucha de la derecha norteamericana contra los «Social Justice Warriors»:  los activistas pro-GLBTI, pro-minorías étnicas y pro-ecología. Estos, según la derecha norteamericana, buscan legislar la imposición de una sociedad nihilista e igualitaria.

¿Qué explicaría el nexo neo-liberalismo/conservadurismo en el contexto latinoamericano? Brown no dice nada sobre América Latina, pero como historiador me atrevo a esbozar un relato histórico paralelo al que presenta Brown para EEUU. La izquierda latinoamericana piensa que el neo-liberalismo en América Latina se difundió (salvo en Chile) en una versión tecnocrática impuesta por el Fondo Monetario Internacional. En realidad, el neo-liberalismo en América Latina fue impulsado a principios de los años 70 y 80 por empresarios latinoamericanos que reaccionaron ante el fracaso del desarrollismo secularizador de los años 60 y 70.  Este último dejó un vacío que fue llenado por la combinación neo-liberalismo/conservadurismo. No es casual que el ascenso del Opus Dei entre las elites latinoamericanas coincidió precisamente con la aparición de la corriente neo-liberal en América Latina. Ya en España se había generado el nexo neo-liberalismo/conservadurismo con la creación del business school del Opus Dei, el IESE, en Barcelona, universidad que tuvo mucha influencia en el contexto latinoamericano. El caso de Alberto Dahik en Ecuador es ejemplar en este sentido. Dahik era a la vez el adalid del neo-liberalismo en Ecuador y a todas luces un ferviente católico y líder intelectual del Partido Conservador.

A la inversa ¿es posible ser neo-liberal en economía y progresista en cuanto a actitudes frente a temas de sexualidad? Esta combinación ha sido común en muchas partes del mundo entre jóvenes más o menos de izquierda que se han resignado ante la hegemonía del neo-liberalismo y renunciado a las políticas de redistribución. En Ecuador, claramente no se encuentra en el correísmo, que como ha señalado Santiago Basabe, es moralista y está a favor de la redistribución económica. La combinación neo-liberalismo/valores progresistas, en cambio, está presente en las ONGs, lo que en Perú se denomina la «izquierda caviar». No obstante, en EEUU, especialmente, la juventud más o menos de izquierda está volviendo al ideal de redistribución económica, así que al parecer el espacio para la combinación neo-liberalismo/valores progresistas se volverá a achicar en el futuro.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

3 Comments

  1. Uno de los rasgos del liberalismo y neoliberalismo, desde Smith hasta Hayek, es la propensión a libre competencia; rasgo historicamente ausente en la derecha latinoamericana que según se dice en el artículo es dogmática cuandode aplicar recetas neoliberalistas se trata.
    ¿Donde está, por ejemplo, la promoción de normativa y jurisprudencia antitrust en de los chicago boys latinoamericanos en el sXX?
    A la hora de cortar privilegios de casta en favor del consumidor, se esfuman los vientos de progresismo liberal.

  2. No es en realidad el liberalismo, incluyendo derecha e izquierda liberal, en crecimiento constante al nivel global? Solo en la región andina, parece, son igualmente conservadores con respecto a la sociedad y no avanzan…

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