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«Lo más importante hoy es que no exista impunidad»

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Osvaldo Hurtado, ex presidente de la República, conversó con 4P. sobre lo que sucedió en estas jornadas aciagas en el país: la institucionalidad maltrecha, la acción de los  indígenas, las tareas de los demócratas, las lecciones que hay que sacar. He aquí la entrevista.

El país sale de esta crisis fragmentado, la economía más comprometida, la institucionalidad maltrecha y queda la sensación de que la ley es el resultado de quien más fuerza impone en la calle. ¿Qué hay que hacer ahora?
Este es un proceso que venía de mucho antes. Ciertos sectores sociales, partidos de izquierda y el movimiento indígena no creen en la democracia y, como consecuencia, en sus instituciones. El movimiento indígena se ha convertido en un obstáculo para el desarrollo del Ecuador y particularmente para la reducción del desempleo y la eliminación de la pobreza.
El segundo problema es que estos grupos siguen convencidos de que es posible conseguir una revolución socialista a pesar de que Vietnam y China demostraron que, mientras estas ideas rigieron, murieron millones de chinos y vietnamitas. Sobre todo los primeros, por hambre. Esos dos países han adoptado el capitalismo y hoy progresan vertiginosamente. Esta no creencia en la democracia y en el valor de la economía de mercado y el capitalismo están tan metidas en estos grupos que las evidencias no sirven y los razonamientos son inútiles. Es un diálogo de sordos y veo que es muy poco lo que se puede hacer con ellos, pero sí mucho con los que creemos en la libertad, la democracia y en la economía de mercado.

Sin embargo, ¿qué tendrían que hacer los demócratas para demostrar que la democracia es superior al deseo de hacer una revolución socialista?
Yo pondría un ejemplo: la reforma agraria en la Sierra ecuatoriana contribuyó a mejorar las condiciones de vida del pueblo indígena, sobre todo le sacó de la opresión blanca en la que estaba sumido, pero no de la pobreza. ¿Qué ha sacado a los indígenas de la pobreza? Las plantaciones de flores, las plantaciones modernas de alimentos: esto es el capitalismo. Ha sido para los indígenas mucho más importante que la reforma agraria. He sido testigo, a lo largo de mis muchos años de vida, de lo que acabo de decir y de cómo, a partir de las plantaciones de flores en la Sierra ecuatoriana, florecieron pueblos que eran miserables en la provincia de Pichincha y se convirtieron en ciudades con servicios incluso de salones de belleza y de gimnasios. No entiendo cómo no lo comprende la Conaie. Y por qué siguen pensando en que el Estado debe tomar políticas que dejen de lado iniciativas como esta de las flores que siguen el crecimiento económico y el aumento del empleo. Entonces, sí, hay que hacer una pedagogía con estos grupos pero su dogmatismo o su ignorancia hace imposible tener un diálogo con ellos. Y para colmo están asesorados por economistas ignorantes, no solo neomarxistas sino además ignorantes.

¿Pero qué habría que hacer en este momento? Esa pedagogía toma tiempo y ahora el país es rehén de esa ideología.
Bueno, si el imperio de la ley no está en la cultura política de la Conaie, en los grupos blancos y mestizos que los asesoran, hay que aplicar la ley. Por eso me parece que la iniciativa de un legislador de enjuiciar a quien capitaneó el asalto al Congreso Nacional les va a hacer ver que la ley sí existe en el Ecuador y que como ellos la violaron tienen que ser sancionados. Lo mismo diría de la iniciativa que ha tomado el Ministerio del Interior para enjuiciar a quienes secuestraron, humillaron, vejaron, insultaron y golpearon a policías a los cuales les tenían sometidos a su yugo. Pues bien, si no es posible que los dirigentes indígenas -no todos-, no entienden lo que es la democracia, pues no hay más remedio que hacer que esa democracia les sancione y quizá después de eso entiendan que no pueden invadir Quito, destruir Quito, saquear Quito y colocar al Ecuador al borde del caos.

Usted no ha citado el golpismo que se le endosa al ex presidente Correa y que él azuzó en sus redes sociales. ¿Solo fue un agregado más?
Correa es la expresión más significativa en el Ecuador de aquellas ideas económicas atrasadas, viejas, anticuadas, inútiles, contrarias a los intereses de los pobres. Su política económica lo demostró. Aún en los años de éxito económico del gobierno de Correa la pobreza no se redujo más rápidamente que en los gobiernos anteriores y luego volvió a crecer desde los últimos años de su gobierno. ¿Por qué? Porque se estancó la economía. Hay una verdad universal: el crecimiento económico y la consecuente creación de empleos es la mejor receta para eliminar la pobreza. Correa nunca entendió eso y, bueno, ha pasado de dictador a conspirador y pienso que debe ser enjuiciado como el autor intelectual de todos los hechos ocurridos durante estos últimos diez días, porque sin duda lo fue.
Él mismo, en sus declaraciones en los medios digitales, llamó a la insurrección, llamó a la revuelta de los militares. Correa no solo que sumió al país en el atraso sino que intenta destruir la democracia ecuatoriana. Ese es un nuevo delito, no solo el de corrupción y enriquecimiento ilícito por los que está siendo procesado, y algún día será condenado.

Durante estos días se vio la imposibilidad de esa democracia para hacer cumplir el Estado de excepción y el Toque de queda. ¿Cómo hacerlo, porque una institución como FF.AA. se mostró incapacitada para aplicar la ley?
La Policía Nacional no está hecha y no está preparada para enfrentar y derrotar una insurrección como la que se produjo estos días en el Ecuador, principalmente en Quito. Eran grupos de asalto, grupos de maleantes, vanguardias revolucionarias que desbordaron a la Policía Nacional. El Ejército no le brindó el apoyo que necesitaba en razón del nuevo carácter que adquirió la lucha callejera. Una de las reflexiones que debe hacer la democracia ecuatoriana es que tanto en el orden jurídico, como en el material y judicial es indispensable armar mejor al Estado ecuatoriano para que responda a esta amenaza. Ha desaparecido ya la amenaza de la inseguridad externa del Ecuador, quizá con la excepción de lo que queda de la guerrilla colombiana. Pienso que las FF AA deben redefinir su papel y en el futuro deberían estar dedicadas a la seguridad interna del Estado. Es evidente, como ha quedado demostrado en las últimas semanas, que no están preparadas para respaldarlo.

¿Qué lecciones quedan a la sociedad civil y la sociedad política?
Pienso que los dirigentes indígenas y buena parte del pueblo indígena tiene conciencia de que saldrán de la pobreza cuando tengan un puesto de trabajo o cuando pueda hacer negocios, llevar productos al mercado como hoy lo hacen y tener utilidades. Esto es participar de la economía de mercado.
Pienso que las ideas anticuadas, socialistas, neomarxistas son de los dirigentes indígenas y de sus ignorantes asesores. Supuesto esto, hay que seguir perseverando, creando puestos de trabajo para el pueblo indígena y eso significa crecimiento económico que comienza con orden en las finanzas públicas. Hay que perseverar en eso porque es la única manera en que, a través de la realidad, las bases abandonen a estos dirigentes enajenados. Varios de ellos, según han dicho las redes sociales, bien adinerados y que viven como blancos, se visten como blancos, comen como blancos, viajan como blancos y cuando dirigen la revuelta se disfrazan poniéndose plumas y pintándose el rostro.
Perseveremos entonces en trabajar con las bases del pueblo indígena. De hecho, la Conaie ya está muy debilitada. Tenemos que seguir trabajando en el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Pero lo más importante hoy es que no existe la impunidad para quienes se encuentran apresados y para quienes públicamente cometieron una docena de delitos como fueron los dirigentes de la Conaie, los militantes del correísmo y principalmente su jefe, Rafael Correa, que es el principal responsable de los hechos violentos y criminales ocurridos en la ciudad de Quito.

Foto: diario El Universo.

Esta entrevista fue publicada ayer, 20 de octubre, en el boletín semanal de 4P. Si desea recibirlo, le invitamos a suscribirse gratuitamente aquí: GPS4P.

24 Comments

  1. Si se revisa la obra temprana del doctor Hurtado, se encontrará la que talvez sea la primera traducción del racismo benévolo del indigenismo de principios de siglo al lenguaje tecnocrático del desarrollismo de los sesenta. A pesar del novedoso lenguaje economicista y sociológico, el racismo está ahí, enterito. Ser pobre es ser indio, y la receta para salir del subdesarrollo es blanquear el país. Han pasado muchas cosas desde los sesentas, e incluso instituciones del desarrollo como el Banco Mundial han adoptado concepciones más inclusivas de lo que es el progreso. Otra instancia de ese cambio de sensibilidades es la declaración, aunque sea en el papel, del Ecuador como un estado pluricultural. Pero la visión racista del mundo en el pensamiento del doctor Hurtado ha persistido. Lo muestra su obra reciente. Para avalar su determinismo cultural recurre a las opiniones de agentes coloniales del siglo XVIII y XIX. Interesantes como pueden ser estas opiniones, al doctor Hurtado no se le ocurre que pueden estar signadas por los intereses de su posición y por las ideologías –abiertamente racistas– de su tiempo (está, además, la desolación de ver a un sociólogo añejo y expresidente de la república apuntalar su diagnóstico del país en los prejuicios de aventureros de paso, solo porque son europeos).
    En la entrevista publicada arriba se atisba algo de esa idea racista del progreso que permea el pensamiento del expresidente. No importa que la industria de las flores tenga índices particularmente altos, incluso para este país, de precariedad laboral, trabajo infantil y problemas de salud asociados a los agroquímicos. Lo que importa es que ha permitido que “pueblos miserables” (quien conozca la obra del doctor Hurtado, sabrá que eso significa un pueblo con casas de adobe en lugar de bloques de cemento armado) tengan HASTA salones de belleza y gimnasios. El aparente absurdo de los ejemplos escogidos para denotar el progreso, no es baladí. Aunque él mismo no esté por completo consciente de ello, para el doctor Hurtado el progreso está tan ligado a la raza que las instituciones que primero le vienen a la mente para significar ese progreso son aquellas que permiten la transformación del cuerpo indígena.
    Lo más preocupante de todo esto es que el doctor Hurtado parece haber perdido la paciencia (sobre todo porque, a juzgar por lo que viene ocurriendo en los medios desde octubre, esa impaciencia se ha extendido entre un gran segmento de líderes de opinión que comparten su modo de racismo cultural). Ya no redimirán al indio de su miseria e ignorancia la inversión estatal en infraestructura y educación (como en Dos mundos superpuestos); ni siquiera lo hará dejarlo a merced de las leyes del mercado (como en Ecuador: entre dos siglos; nótese la concepción binaria de su cosmovisión); el “dogmatismo e ignorancia” de los indios los coloca más allá incluso de la posibilidad de comunicarse con ellos. Si no son capaces de entender los que es la democracia (su versión de la democracia) o allanarse a su camino hacia el progreso (su versión del progreso), “pues no hay más remedio” que recurrir a la represión y al castigo. Dejando a un lado la ironía, es alarmante el renovado curso legal de un lenguaje colonial y unas posiciones perdonavidas, de capataz de hacienda, propias de otros tiempos.

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