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Chile: el sueño de perro del mamerto Maduro

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Es inconcebible ver al carnicero de Venezuela y a sus seguidores saltar en chulla pata viendo lo que sucede en Chile. Si se les creyera, habría que concluir que los chilenos salieron por millones a las calles porque desean abandonar su modelo económico para seguir el de Caracas. La estulticia no puede ser mayor.
No, los chilenos no salieron a las calles para botar al presidente Sebastián Piñera ni para clamar por una constituyente tipo bolivariano; el otro sueño de perro que expresan los seguidores del madurismo y el correísmo en las redes sociales. Ni lo uno ni lo otro figura en los sondeos que miden en Chile el malestar social. Los chilenos no tienen los problemas de hambre, desempleo, inseguridad, desabastecimiento y emigración que sufren los venezolanos. Su problema es de desigualdad y costo de vida: esas son las consecuencias del desarrollo desaforado de un modelo económico competitivo cuya velocidad ha desbordado la implementación de políticas sociales y el clima de equidad y solidaridad que debe administrar el Estado. Esto prueba que combatir la pobreza con ingresos no basta y que el Estado debe corregir las desigualdades del mercado y asumir parte de la protección de los más vulnerables.

El salario mínimo en Chile ($420) no cubre la canasta familiar básica. La clase media tiene problemas de estabilidad y presiones con sus tarjetas de crédito. Su dilema no es la miseria sino la desigualdad, aunque Chile sea en América Latina el país que más ha reducido la pobreza. Ahora sus élites políticas y económicas se percatan de que no han sabido procesar la escalada de demandas sociales que han ido acumulando mientras ponían el acento en asentar el modelo económico y hacer competitivos los productos chilenos en el mundo.

Esta crisis es un remezón para las elites chilenas que no tardaron en procesarlo: la prueba está en la actitud del Presidente que ha pedido perdón y ha dicho haber recibido el mensaje de la sociedad. En los hechos, ha pidió la renuncia a su gabinete para gestionar, política y administrativamente, el nuevo momento de la sociedad chilena y ha pedido al Congreso dar curso al paquete de respuestas “verdaderas, urgentes y responsables” que piensa proponer. Mejorar las pensiones para los jubilados (uno de los mayores dramas sociales de Chile), los ingresos para los trabajadores, estabilidad de precios de los servicios básicos, reducir el precio de los medicamentos, reducir los altos salarios en la administración pública… Además un grupo de empresarios ya ha anunciado que subirán el salario mínimo alrededor de $680 (500 000 pesos) a partir del 1 de enero de 2020. En realidad, la crisis de Chile no es por volcase sobre modelos fracasados como el de Maduro ni para ensayar modelos como preconizan aquí Alberto Acosta y Pablo Dávalos: es para corregir las desigualdades de su modelo económico y esto se logra transitando hacia un nuevo pacto económico y social. El problema de Chile no es de miseria sino de calidad de vida.

Chile no enfrentó la crisis como una ruptura con su modelo económico sino como una corrección al mismo. Se puede corroborar observando cualquier debate en los canales chilenos con invitados de todos las tiendas políticas. Para desgracia de los partidarios del socialismo del Siglo XXI, los chilenos en sus debates no citan un solo país de la región. Se comparan con Alemania, Dinamarca, Suecia o Finlandia y están conscientes de que la política de solidaridad no solo obligará al Estado y a los empresarios a reformas profundas para menguar las desigualdades: también a cada uno. Por ejemplo se oyen propuestas para que la seguridad social, que se basa en la capitalización individual, pudiera destinar un pequeño porcentaje para asistir a los jubilados. Hay que ver el nivel de responsabilidad en los debates: por ejemplo, si alguien pide bajar un punto del IVA la respuesta es inmediata: cómo lo reemplazas. No hay espacio para el populismo barato.

El debate que queda en Chile tras esta movilización social contra las desigualdades no solo concierne la distribución del ingreso. Los chilenos están enfocados en cómo ser más solidarios y más eficientes: cómo gastar el presupuesto, cómo reducir gastos en burocracia para que los fondos vayan a los ciudadanos, cómo ampliar la base de contribuyentes del impuesto a la renta, cómo generar mayor justicia tributaria… Chile no busca volverse Venezuela o crear parlamentos paralelos para inventarse modelos económicos: el acento está puesto en procurar que la velocidad del desarrollo económico esté acompasado con políticas sociales y de solidaridad para evitar que, en el camino hacia el crecimiento económico en el cual andan empeñados, los más vulnerables no se queden a la vera del camino.

Foto: La Capital 

Una  versión de este texto fue publicada ayer, 27 de octubre, en el boletín semanal de 4P. para suscriptores. Si desea recibirlo, le invitamos a abonarse gratuitamente aquí: GPS4P.

10 Comments

  1. LAMENTABLE MIRAR EL PROBLEMA DESDE ESE PUNTO DE VISTA,CHILE TIENE TODO PRIVATIZADO,EL PUEBLO CHILENO ES SACRIFICADO CON IMPUESTOS ALTISIMOS,EL FMI,ES EL RESPOBSABLE,TODO ES CARO,NO SE PERMITE MEDIDAS A FAVOR DEL PUEBLOMPOR ESO PIÑEDA DA PATADAS DE AHOGADO.

    • Disculpe Dr pero su desconocimiento de Chile es supino.
      Si hay miseria y no es de ahora. Desde hace mucho tiempo atrás, uno se alejaba 10 cuadras del centro y la miseria era galopante. No se puede confundir la macro economía con la micro

  2. Buen análisis de la situación de Chile! Preocupa la elección de Fernández en la Argentina con semejante dupla ratera de la Fernández.Será que la impune corrupción en Latinoamérica ha ganado la batalla en los juzgados? La gente tiene amnesia antes de dar el voto?

  3. La única forma de reducir la desigualdad es que la casta política renuncie a sus privilegios: latisueldos y la impunidad para colocar a sus pipones multiplicando la obesidad estatal. La empresa privada también debe poner su parte: mejorar los salarios en base a la responsabilidad, puntualidad, honestidad y productividad de los trabajadores. Lo demás: quitar a unos para dar a otros es populismo, es decir, hacer caridad de forma coercitiva por parte del poder. ¿Quieren que también en Chile, como en Ecuador, multipliquen los subsidios y la dádivas estatales? Eso quieren los izquierdistas como Correa y su combo. De esa manera se lleva al país al despeñadero. La asistencia social debe ser exclusivamente para el desposeído, el anciano solitario, la viuda con hijos y sin empleo por su deficiente situación académica, personas con discapacidad que les impida trabajar y niños huérfanos en total desamparo. Lo demás es llamar a los comunistoides para que hagan mierda a un país. Los cristianos sabemos que la principal obligación del ser humano es que «con el sudor de tu frente comerás el pan».

  4. Felicitaciones señor Hernández por su análisis tan esclarecedor. Chile está en otro nivel de desarrollo cultural. Hace rato.

    Lamentablemente los sociolistos trasnochados del siglo 21 (incluyendo Pablo Dávalos y Alberto Acosta) no tienen las neuronas suficientes como para digerir lo expuesto, no se diga del combo Correa-Maduro-Morales-Ortega-Castro-Lula y sus fieles ovejas.

    Estamos a la expectativa de ver cómo el flamante (y corrupto) dúo Fernández & Fernández sacarán adelante a su saqueado país.

    • Muy acert ado su comentario sobre el articulo señor Arcos….Especialmente en lo relativo a los..economistas …..de las cavernas Alberto Acosta y el multiple asesor Pablo Davalos.

  5. La desigualdad o inequidad del sistema a causado el derrame de la paciencia en Chile, simple y en palabras castizas; los ingresos que tienen en Chile los obreros no les alcanza para salir el mes.

    • Tristemente conocemos que los tentáculos del Foro de Sao Paulo han alcanzado a algunos países de América Latina: Chile, Argentina y
      Ecuador. En Venezuela, Bolivia, Nicaragua, la suerte está echada. Pero, tenemos y debemos hacer algo. Proponer a Moreno, directamente, o a través de los medios lo que requiere el paìs, invitando a varias organizaciones de profesionales y a la Academia. Salgamos del confort y del quemeimportismo y no permitamos que nuestra querida nación, a la que Dios le prodigò de tantas fortalezas, caiga en el despeñadero. ¡NO LO PERMITAMOS!

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