Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El movimiento indígena y el centro de la política

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Entre los diferentes epílogos de las protestas sociales acaecidas hace algunos días está la recomposición política del movimiento indígena. Por un lado, se fortalecieron internamente como organización, demostraron fuerza, capacidad de movilización y una estrategia política lo suficientemente articulada incluso para hacer tambalear a un gobierno. Conseguir la derogatoria del decreto 883, en realidad, fue sólo la punta del ovillo. En lo de fondo, el movimiento indígena recuperó su propia identidad y sus liderazgos quedaron fortalecidos hacia adentro. Por otro lado, tanto la Conaie como la amplia gama de organizaciones que la rodean, retomaron el espacio político que aparentemente habían perdido durante la década pasada. En ese aspecto, la movilización sirvió para recordar a los actores políticos más tradicionales la fortaleza del mundo indígena y su capacidad de veto sobre las políticas públicas. En alguna medida, lo ocurrido constituyó el relanzamiento a la arena electoral de una organización con presencia partidista que data de más de dos décadas.

En un escenario político como el actual, en el que el centro del espectro ideológico se encuentra huérfano de representación, lo que se habría esperado es que la Conaie cubra dicho espacio y que a partir de allí articule su programa político frente a las elecciones de 2021. Sin embargo, la decisión asumida por la organización indígena fue por otra orilla. Lejos de acercarse a la medianía de la política, al punto en el que tradicionalmente se ha ubicado el votante ecuatoriano, su propuesta se ha corrido hacia el extremo, hacia la radicalidad, hacia el sitial en el que las posibilidades de acuerdos se tornan más difíciles y las pasiones desbordan las razones. Paradójica y miope en términos políticos es la decisión de la Conaie pues aún los posibles candidatos de la centro derecha hacen lo posible para “suavizar” su discurso e intentar posicionarse como más moderados, aperturistas a diferentes ópticas y, en general, dispuestos a hacer concesiones tanto en la visión del manejo de la economía como en el tipo de valores que deben regir a la sociedad.

Si la discusión normativa y en favor de la tolerancia democrática no alcanza, aún en términos electorales la radicalización del discurso indígena tampoco encuentra asidero. Basta revisar los desempeños de su brazo político en la legislatura, Pachacutik, para observar que en los momentos en que su bancada tuvo una mayor representación fue precisamente cuando la posición partidista se mostró más moderada y abierta al diálogo con distintos sectores sociales. El 9,75% de asientos en el período legislativo 1996-1998 da cuenta de lo dicho. Sin embargo de ello, por influencia propia o de quienes no han tenido trascendencia política desde el mundo blanco mestizo, ahora la organización indígena prefiere abrir espacio hacia los extremos en un país en el que nunca esas opciones tuvieron el favor popular. Más aún, si alguna posibilidad existe en la actualidad para posiciones de ese talante, no son precisamente los radicalismos de izquierda los que capturarán el apoyo popular en las urnas.

Cuando la posibilidad de la organización indígena de reemerger con éxito a la arena electoral pudo ser una alternativa a un momento de parálisis y ausencia de ideas en la política nacional, sus dirigentes han echado por la borda cualquier opción de ese tipo. En lugar de proponer una alternativa en la que el país observe un programa moderado, sólido, con fundamentos, lo que se ha evidenciado es que la Conaie apuesta electoralmente a los extremismos. No observan que en esa arena es donde menos competitiva será la opción indígena y en la que sus fortalezas se verán menos expuestas. No dimensionan que ya no es tiempo del discurso grandilocuente de ese tipo pues de ello ya aprovechó el ex Presidente Correa y su movimiento político. Hoy por hoy, la propia Revolución Ciudadana e inclusive el maoísta Unidad Popular, antiguo MPD, buscan reorientarse en la arena electoral. Paradójicamente, mientras desde la izquierda y la derecha los diferentes actores políticos intentan alcanzar el centro del espectro ideológico, la Conaie busca la radicalidad.

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La coyuntura política actual pudo ser aprovechada por el movimiento indígena para dar cuenta al país de un proceso de renovación de liderazgos, de acciones orientadas a disminuir la enorme discriminación hacia sus mujeres (tanto o más marcada que en el resto de agrupaciones partidistas) o simplemente para proponer alternativas moderadas, centristas y que busquen capturar los enormes vacíos de representación existentes. No obstante, optaron por el discurso extremista que si bien para 2006 fue exitoso ahora resulta caduco e inclusive genera temor entre la ciudadanía. A pesar de que han transcurrido muchos años desde la emergencia de Pachacutik a la arena política, las lecciones del pasado parecen aún no haberse procesado en dicha agrupación partidista. Al final del día, si bien la Conaie se ha fortalecido internamente, el posicionamiento político hacia el resto del electorado ha sufrido un grave traspié por una equivocada estrategia de radicalización de sus demandas. Como siempre ocurre en política, las decisiones, acertadas o equivocadas, se valoran en las elecciones y las del 2021 serán las que sometan a escrutinio público las asumidas por la organización indígena. Hasta tanto, el centro ideológico sigue vacío.

Santiago Basabe es académico de la Flacso.

4 Comments

  1. Con relación al artículo publicado, pienso y creo que el movimiento indígena fue quien sacó la cara por el pueblo en general y logró que ciertas medidas tomadas por el actual gobierno se deroguen en bien de toda la sociedad. Cave recalcar que los actos vandálicos originados dentro del tiempo que se suscito el paro nacional, el mismo que tuvo una duración de 12 días ininterrumpidos, no fueron ocasionados por nuestros hermanos indígenas si no mas bien por gente que lo que buscaba era desestabilizar al gobierno de Lenín Moreno. La mayoría de personas piensan y tienen la plena convicción que si fueron ellos quienes hicieron todo el alboroto en las distintas localidades de nuestro Ecuador pero la realidad es otra.

  2. La segunda parte de su opinión es bastante apegada a la percepción que tenemos del movimiento indígena. Además aprendieron q para hacerse escuchar; la violencia es necesaria. Por otro lado los planteamientos extremos no tienen cabida en nuestro entorno. Les falta aceptar que lo diverso también son los mestizos, los negros y los blancos.

  3. En uno de los seminarios ideológicos que solía organizar la Izquierda Democrática, el Dr. Rodrigo Borja ilustró el papel de los «grupos de tensión»-diferentes a los grupos de presión- con la siguiente anécdota: «Interrogado Santiago Carrillo sobre su evaluación de los resultados electorales en España logrados por su partido, éste dijo que eran normales, pues cuando tiene una votación inferior al 20% el Partido está mal, ya que ha perdido influencia, pero si logra una votación superior al 35% el Partido está peor, pues se está equivocando en la ruta para condicionar al poder».
    Mantenerse como grupo de tensión tiene dos ventajas:
    a) Siempre puede hacer exigencias que, para ser morigeradas por el gobernante de turno, obliga la concesión de reales espacios de poder a los dirigentes, sin necesidad de legitimación a través del voto popular.
    b) No asume ninguna responsabilidad por los resultados administrativos de esos espacios de poder, pues al ser otorgados bajo condición por el gobernante, pueden alejarse oportunamente argumentando «que han sido engañados» o los gobernantes «han traicionado las reivindicaciones populares».
    ¿Realmente le conviene a la CONAIE ser una alternativa electoral en crecimiento, a sabiendas de que en el hipotético caso que gane una elección general, tendrá que administrar la crisis y afrontar las consecuencias de sus actos? ¿O «su negocio» es mejor mantenerse como «grupo de tensión», capaz de hacer tambalear gobiernos y negociar las prebendas que aspiran sus directivos e ideólogos embozados?

  4. El centro no existe en virtud de que la socialdemocracia está de vacaciones. En el país se carece de una intelectualidad con la capacidad de construir un proyecto viable, sostenible, sistémico, integrador, democrático: nos movemos entre la izquierda stalinista y la derecha neoliberal, con el populismo en pleno apogeo.

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