La economía enferma que deja Evo Morales

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A finales de 2014, el último año de una bonanza extraordinaria para los países exportadores de hidrocarburos (y otros productos primarios), el saldo de las reservas internacionales del Banco Central de Bolivia era, según datos de esa misma institución, de $15.123 millones, equivalentes al 46% del PIB boliviano de ese año. Todo un récord para Bolivia y un motivo de envidia para países como el Ecuador, donde la acumulación de recursos líquidos durante los años de vacas gordas fue menospreciada por el gobierno de entonces. Sin embargo, al 31 de julio de este año (última información disponible), las reservas internacionales de Bolivia se han desplomado a $8.047 millones, es decir, cayeron 47% frente a diciembre de 2014 y, además, ahora representan el 19% del PIB de ese país (es decir, 27 puntos porcentuales menos que cinco años atrás). La evolución de las reservas internacionales de Bolivia, que desde el fin del “superciclo” de los commodities vienen cayendo en promedio al 12% anual, muestra, junto con otros indicadores, lo insostenible de un manejo económico que algunos consideran un ejemplo a seguir.

Entre 2005 (el año previo al inicio del primer mandato de Evo Morales) y 2013 los ingresos del sector público de Bolivia pasaron del 31% al 39% del PIB, impulsados en gran medida por el alto precio del gas, principal producto de exportación de ese país, que también exporta otros bienes primarios cuyos precios se dispararon durante la bonanza, como minerales, petróleo y soya. En los mismos años el gasto público aumentó en cinco puntos del PIB: del 33% al 38%. Esa (relativa) prudencia fiscal permitió que entre 2006 (ya en la presidencia de Morales) y 2013 Bolivia registrara cada año superávits en sus cuentas públicas (a nivel de gobierno general), cercanos en promedio al 2% del PIB. En los mismos años la cuenta corriente de la balanza de pagos también mostró superávits recurrentes, que en promedio fueron de 7% del PIB (lo que permitió la acumulación de reservas). Si Evo Morales hubiera dejado el poder después de sus primeros ocho años de gestión, sin duda habría sido considerado un presidente exitoso desde el punto de vista económico: en esos años, además de los superávits gemelos (fiscal y de cuenta corriente), el PIB creció a una tasa promedio anual del 5% y la pobreza se redujo en más de 20 puntos, al 34,5% a nivel nacional. (En este punto cabe recordar que, gracias al boom de las materias primas, TODOS los países de la región redujeron sensiblemente la pobreza, incluso Venezuela, y mostraron altas tasas de crecimiento económico.)

Si bien en 2014 la economía de Bolivia se siguió mostrando dinámica (5,5% de crecimiento), los equilibrios básicos se empezaron a debilitar. Sólo en ese año el gasto público aumentó en cinco puntos del PIB y llegó al 43%, consecuencia de lo cual Bolivia registró un déficit fiscal de 3,4% del PIB, el primer resultado negativo desde 2005. A partir de entonces, el déficit ha crecido de manera sostenida y en 2018 alcanzó el 8,1% del PIB (para este año se proyecta un resultado similar). A su vez, 2014 fue el último año con superávit en la cuenta corriente; entre 2015 y 2018 se registra un déficit en torno al 5% del PIB que ha implicado el uso de las reservas internacionales (Bolivia no ha compensado ese déficit en cuenta corriente con acceso a financiamiento externo ni mucho menos con inversión extranjera directa, cuyos flujos, de hecho, han sido negativos en los últimos años). Si bien el PIB ha continuado creciendo a una tasa promedio anual en torno al 4%, lo ha hecho a costa de un déficit fiscal claramente insostenible y de un déficit recurrente en cuenta corriente que ha generado una caída también insostenible de las reservas internacionales (en estos años Bolivia ha mantenido un tipo de cambio fijo que ha derivado en una fuerte apreciación del tipo de cambio real a partir de 2007). Además, en los últimos años la tasa de pobreza dejó de caer y se estancó, según la CEPAL, alrededor del 35%, tasa considerablemente mayor que la del “neoliberal” Perú (19%) o la del tan cuestionado Chile (11%).

Por tanto, además de haber fomentado un referéndum para modificar su propia constitución (que no permite una segunda reelección del presidente), de haberse presentado a las últimas elecciones pese a haber perdido ese referéndum y de haberse declarado ganador en un proceso “viciado de nulidad” según quienes lo evaluaron, Evo Morales deja una economía con una necesidad urgente de reducir el déficit fiscal (vía recorte del gasto o aumentos impositivos) y enfrentar el desequilibrio externo (lo que muy probablemente demandará una devaluación de la moneda boliviana). Y seguramente cuando el próximo gobierno tome esas medidas incómodas, Morales y todos sus defensores (que hacen la vista gorda a sus atropellos a la democracia) dirán que es culpa de la derecha, o de la oligarquía o de Estados Unidos, en fin alguno de esos enemigos a los que la izquierda, que nunca se hace cargo de sus errores, le gusta achacar todos los males de un país.

José Hidalgo Pallares es economista.

6 Comments

  1. Simplificando este estupendo artículo , un manejo económico que privilegia la inversión pública ( gasto ) , y que resulta insostenible cuando los recursos escasean ; el mismo problema , con diferentes tonos , en todo país que no se ajusta a sus reales ingresos , y por demagogia y populismo gastan mas allá de sus posibilidades .

  2. Sería muy ilustrativo que el economista, autor de este artículo, lo compare en los mismos términos y años con la situación de nuestro País.

    Gracias…

    • Podría por favor indicar la referencia de todos los datos que entraron en análisis? Me gustaría hacer mi propio análisis comparativo para contratastar lo que se manifiesta en este artículo.

      Muchas gracias!

  3. Todo lo escrito aquí es relativo, ya que no explica a que responde el déficit, si es por inversión, no hay problema, simplemente se están gastanto el chanchito que engordaron en los años de los chanchos gordos. Si el deficit es por gastos corrientes, sobretodo un rol de pagos inflado, pronto estarán en una situación parecida a Ecuador. No soy economista, pero tengo claro un concepto, no se puede gastar mas de lo que ingresa, aquí marean a la gente, y eso incluye a los «expertos» o «analistas» que escriben estos artículos, con un montón de índices como el famoso % del PIB, cuando el único análisis que se necesita es en que % el presupuesto está excedido, y el objetivo debe ser restringirse a los ingresos reales, no a buscar plata con los organismos mundiales o peor con los chulqueros via bonos.

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