Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La gran mentira y quienes la propagan

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Desde hace poco más de una década ha crecido de manera exponencial el conocimiento que tenemos de la especie humana y su historia a partir de análisis genéticos. Estos proyectos que iniciaron en el contexto de la arqueología se han expandido y hoy están al alcance de cualquier persona que desee adquirir un kit y recibir unas pocas semanas después los resultados del análisis.

Esta experiencia que es hasta cierto punto atemorizante, pues reta nuestras concepciones de identidad individual y de grupo, de inmediatez familiar, de etnicidad y nacionalidad es uno de los logros más importantes del humanismo contemporáneo. Lo primero que desaparece es la idea de la pureza de sangre. La evidencia científica irrefutable dice que no hay tal cosa. Somos hijos de nuestros padres y nos identificamos tanto con culturas específicas como con nacionalidades particulares. Pero también somos bisnietos y tataranietos de gente que subió en distintos momentos de la historia por los Andes desde la Patagonia, descendió por la costa pacífica desde el Estrecho de Bering después de abandonar el Asia, que navegó por el Danubio para asentarse en el sur de Francia y que abandonó el norte del África para ocupar Andalucía. Y, si retrocedemos más en el tiempo, todos venimos de un grupo más bien pequeño de humanos que abandonaron la África subsahariana hace decenas de miles de años. Somos, en fin, una mezcolanza en distintos porcentajes de gente que provino de todo el planeta desde las Américas hasta el este del Asia y todo el espacio intermedio. Los términos blanco, indio, mestizo, negro, se quedan cortos para explicar la maravillosa complejidad del ser humano y en consecuencia son inadecuados para justificar nuestro actuar social.

Esta realidad, irrefutable desde la ciencia, hace que el conflicto racial que ha surgido en el Ecuador, con más intensidad cada vez desde los 1990s, sea hoy absolutamente impresentable. Pensar que una república moderna pueda verse desestabilizada en sus instituciones a partir de argumentos raciales no es solo anacrónico, simplemente validar o explicar ese conflicto interno en términos de grupos raciales es criminal e irresponsable.

Y esta es la gran mentira: pensar que las identidades con las que nos identificamos, basados en un entendimiento superficial de aquello que nos hace humanos, nos convierten en beneficiarios de derechos especiales, nos liberan de obligaciones, o nos eximen de honrar las instituciones de nuestra sociedad. Quienes propagan esa mentira lo hacen exclusivamente para su beneficio personal sin pensar en el bienestar de todos los miembros de la sociedad. Quien así desee hacerlo está en todo derecho de identificarse como indio de la misma manera que alguien puede reclamar para si la identidad de blanco, asiático, católico, conservador o liberal. Lo que no se puede admitir en un orden democrático, moderno, sustentable, es que apalancándose en dichas identidades se pretenda subvertir el orden de la república o de ir en contra de sus instituciones.

Es imperativo recordar que las instituciones de una sociedad no son simples membretes o reglas impuestas desde arriba. Estas se consolidan a lo largo del tiempo como un agregado de acuerdos que surgen de manera orgánica a partir de una infinidad de acciones individuales. Así, a lo largo de la historia, distintos grupos de personas (sociedades) han desarrollado instituciones de distintos tipos. Dependiendo de la sociedad y sus valores, estas instituciones han valorado más o menos a los individuos y sus deseos e intereses particulares, han promovido la cooperación o la opresión, han garantizado el crecimiento personal o lo han coartado. Ahora, no todas las instituciones son iguales ni mantienen su valor en el tiempo. Para dar un ejemplo contemporáneo de lo que es una institución y cómo estas son valoradas dependiendo de un momento histórico específico, podemos considerar el patriarcado. Esta, que sostiene la superioridad del hombre heterosexual por encima de las mujeres y aquellas personas de distinta orientación, es una de las instituciones que más crítica ha recibido en los últimos cincuenta años y que en la actualidad se encuentra bajo el mayor ataque como uno de los frenos para que las personas que no son hombres heterosexuales puedan florecer libremente.

Es imprescindible entender que lo que tenemos entre manos es un conflicto de instituciones incompatibles que, en la medida que no dejemos atrás estas visiones etnocéntricas del mundo, continuará agravándose.

Para que la república funcione deben afianzarse aquellas instituciones que promueven el crecimiento personal, la libertad, la cooperación. En la medida de que nos veamos todos como ciudadanos de una sola sociedad, con los mismos derechos y responsabilidades, y no como indios o blancos con sus propias soberanías imaginarias que al final nos llevan a más conflicto, podremos negociar acuerdos que nos permitan crear nuevas instituciones o mantener aquellas antiguas que agregan valor a nuestra sociedad. Todos aquellos que deseen ver cambios en la república deben hacerlo desde su posición de ciudadano mas no reclamando derechos especiales justificados por su identidad o grupo social, sea el que sea.

Jorge Gómez Tejada es Director de Estrategia, Desarrollo Universitario de la USFQ.

5 Comments

  1. CONEJILLOS DE INDIAS
    Los más famosos científicos escogen a todo animalito indefenso para auscultarlo, observarlo día y noche, inyectarle sustancias químicas que les cambian su forma de actuar, para luego concluir que sus experimentos han tenido éxito y muchas veces se hacen merecedores al Premio Nobel del Año. Lamentablemente, a los seres humanos no se los recluir en una jaula y realizar experimentos macabros para concluir en sus formas de proceder ante las motivaciones internas o externas a que fueren sometidos. La naturaleza humana está cifrada en sus genes y solo su desenvolvimiento en el entorno en que se desarrollen, los podrá ubicar en el lugar que les corresponde. De otro lado, lateoría de la evolución de las especies de Charles Darwin es categórica y de eso nada reseña el afamado profesor universitario de la USFQ.
    Francisco Medina Manrique
    Periodista – Guayaquil

  2. COMPARTO SU CRITERIO RESPECTO A QUE LOS SERS HUMANOS GENETICAMENTE SOMOS IDENTICOS, REALMENTE NADIE ES MAS NI NADIE ES MENOS POR EL COLOR DE PIEL. LO QUE SI ES REAL ES LA BASE CULTURAL DE CADA NACIONALIDAD, Y CADA CULTURA HA SIDO IMPORTANTE PARA DESARROLLARNOS, PERO YA ES HORA DE VER SI ESAS CULTURAS ANCESTRALES REALMENTE ESTAN AYUDANDO PARA QUE LOS SERES HUMANOS CREZCAMOS O POR CREENCIAS ARCAICAS ESTAMOS MATANDONOS.
    LA CULTURA DESDES UN DEBERIA SER YA QUE SI NO LO HACEMOS PIENSO QUE NOS VAMOS A EXTINGUIR, ES RESPETARNOS, RESPETAR EL MEDIO DONDE NOS DESENVOLVEMOS, SER MAS FRATERNOS, TOMAR CONCIENCIA DE COMO EL CONSUMO NOS AFECTA DIA A DIA Y HACER CADA UNO ALGO PARA MINIMIZAR ESOS CONSUMISMOS EXACERBADOS. ES IMPORTANTE EL INDIO PERO TAMBIEN EL MESTIZO, EN EL FONDO TODOS SOMOS EXPLOTADOS Y VAMOS CONVIRTIENDONOS EN UNA PLAGA PARA ESTE MUNDO.
    CON MIS RESPETOS CREO QUE LOS INDIGENAS ESTAN SUPER EQUIVOCADOS Y NO TIENEN VISION DE NADA DE CRECIMIENTO HUMANO SINO BUSCAN A TRAVES DE LA VICTIMIZACION GANAR ALGO.
    SI NO NOS UNIMOS ESTAMOS FRITOS

  3. Nada fácil como propuesta para mejor entendernos en una sociedad culturalmente excluyente. Nos apropiamos del miedo a ponernos atención como integrantes de una sociedad que busca desarrollarse de manera integral. Quiero decir , por ejemplo, que encontrar a grupos étnicos ,en la mismas ciudades , es sencillo , pues los tenemos sectorizados . En barrios apartados de muchos servicios, marginados y lejos de oportunidades . Solo el dinero no discrimina , la banca llama bancarisar y los incluye en la billetera móvil para aumentar sus ganancias ; máximo alcanzan la escuela, el colegio ya de por sí es un privilegio, la universidad un sueño inalcanzable. El ejército , formado por un crisol en sus filas rasas, sus padres y parientes serán identificados, aislados y neutralizados, claro si exageran en su forma de reclamar. Sus cúpulas con sus propios filtros cercan a los que incomodan por sus rasgos e impedir sus ascensos. Medios de comunicación , sobre todo visuales , con programas para ridiculizar a quienes deben ser considerados dignos de todo respeto. Matizar las protestas ya engendran argumentos sesgados . Somos un país culturalmente racista y regionalista , negarlo no ayuda.

  4. Excelente análisis, señor Gómez Tejada. Lastimosamente en Ecuador se mal utiliza el origen étnico para chantajear, armar camorra tipo mafia, amenazar a todos los ecuatorianos tomándose carreteras y cometiendo a millares surgir actos vandálicos que lindan con el terrorismo. Definitivamente, todos estamos obligados a someternos a la tabla rasa de las leyes para que exista armonía en la sociedad; caso contrario, liquidaremos la república.

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