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¿La mujer puede ser el motor del revolcón?

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¿El problema fundamental del Ecuador es político o es cultural? Esta pregunta, clave en estudios comparativos, suscita otro interrogante: ¿se pueden pensar los retos políticos del país por fuera de determinantes culturales?

La incógnita surge con motivo de una propuesta contenida en el proyecto de reforma del Código de la Democracia: la paridad en las listas de candidatos, que incluye el binomio presidencial. En ese caso debería estar conformado por un hombre y una mujer o una mujer y un hombre.

La propuesta, como aparece en el proyecto borrador, levanta reparos de tipo político y para su aplicación. No obstante, encierra una posibilidad que, si se miran los usos y costumbres (en general) puede resultar inspiradora para el quiebre cultural que necesita la sociedad ecuatoriana. Los cambios políticos, en efecto, se limitan a un mero relevo de cúpulas en las urnas o mediante golpes de Estado. Y la participación de la mujer, cuyas estadísticas mejoran, aunque aún no cumplen con el mandato constitucional, no parece haber incidido en forma decisiva en esas determinantes que modelan conductas y prácticas sociales. La participación de los jóvenes que también figura en el borrador de este proyecto de Ley, muy posiblemente producirá los mismos resultados.

Dicho de otra manera: esas dos propuestas podrían causar un revolcón cultural (también institucional, también político) a condición de ser concebidas como locomotoras de un reto y no (solamente) como palancas de una paridad que, por normal y urgente que se antoje, podría no salir del terreno de lo políticamente correcto.

Ecuador necesita ese revolcón cultural. La paridad en el encabezamiento de listas, con todos los bemoles que se le pretendan poner, representa un desafío en muchas direcciones. Las mujeres -absurdo anotarlo pero quizá no sobre- son el 50% de la población. Sin embargo, su participación paritaria o proporcional no es equivalente. Aspirar a que lo sea, debería ser catalogado como una oportunidad para la sociedad en su conjunto. Hay muchísimas razones que militan en esa dirección: el impresionante volumen de protagonistas. Su capacidad de acción y transmisión. Sus visiones. Su incidencia en el cambio de prototipos culturales que parecen inalterables como el machismo que, en casos, algunas mujeres favorecen.

¿La ley consagra esos cambios o los viabiliza? Vieja pregunta que siempre ha recibido respuestas disímiles. Hay explosiones sociales (Mayo del 68 en Francia) que, por su profundidad (no por su nivel de violencia) develan los cambios en la sociedad e imponen los cambios en la ley. Y hay leyes (la adopción para las parejas gay en Colombia) en las cuales una institución (la Corte Constitucional en el ejemplo citado), impone un nuevo parámetro a la sociedad. El hecho cierto es que se requieren locomotoras para generar revolcones en las visiones y en las actitudes de los ciudadanos.

Ecuador ha desaprovechado oportunidades que hubieran podido constituirse en puntos de quiebre para poner algunos relojes a la hora. ¿Esa ocasión vuelve a presentarse con la paridad en la representación política? De ser asumida por la Asamblea, el país tendría seis años por delante para enfrentar en los hechos ese reto. Un lapso que podría ser dinamizador para que todos los actores sociales y políticos, los partidos y movimientos. Un reto para los dirigentes políticos que desde ahora tendrían que reorganizar sus partidos y enriquecer sus programas. ¿Qué pierden si, a la postre, lo que se busca es mayor participación de la mujer y mayor representación ante los electores? Un reto, igualmente, para las mujeres que, al amparo de esa ley, podrían renovar visiones y programas que las alejen del feminismo de primera generación, detenido en una visión de arreglo de cuentas con los machos alfa. Se entiende que esa política puede dar réditos en redes sociales, pero es una estrategia totalmente equivocada para provocar las transformaciones de visión y de actitud tan necesarias y urgentes en el país. Se necesita una postura, no tolerante con malas prácticas pero sí más pedagógica, capaz seguramente de engendrar cambios en cascada en algunos frentes.

¿Por qué el país no quiebra las lógicas políticas que producen, en forma eterna, los mismos resultados? Lógicas políticas y prácticas culturales se confabulan para que así sea. La propuesta de paridad en la representación electoral es una nueva oportunidad para hacer el revolcón cultural que tanta falta hace al país.

Foto: El Telégrafo.

12 Comments

  1. Hay igualdad de genero, y hay capacidad de hombres y mujeres para poder legitimar, pero mi punto de vista son las propuestas,ideas claras y propias que estén basadas con la moral la ética y el respeto a las diferentes culturas,en un mundo globalizado y multicultural, apertura de diálogo.

  2. El porcentaje de mujeres que opinan respecto a las propuestas que contienen los artículos de opinión. Lo primero para postularse para un desempeño público y de representación es la capacidad y la calidad intelectuales y ética . Ya que tanto los hombres. como mujeres, tienen la misma capacidad y los méritos necesarios.

  3. Como mujer creo que es legítimo a nivel conceptual, la política de promover la paridad de género y la participación más activa de la mujer en todos los campos. Sin embargo, me genera mucha duda el mecanismo propuesto, empezando con esto de la «obligatoriedad». Las cosas que se hacen por obligación nunca favorecen el compromiso o la convicción con la que se deben hacer. Tampoco me convence el tema de que el género sea un factor clave para ser candidato, pues la cuestión de fondo es la capacidad que tiene la persona para desempeñar dicho papel de manera competente y en este sentido es irrelevante que el candidato sea mujer, hombre o de cualquier otro género.

  4. Bien por las mujeres…pero si de fortalecer la democracia se trata, ojalá el Ecuador cuente con las mejores damas, para que remocen el quehacer político, que estén las verdaderas amantes del progreso, del trabajo abnegado por el bienestar de los demás, especialmente de los más vulnerables; y, naturalmente, que estén mujeres HONRADAS. Porque si a guisa de obtener más representatividad, se colan las rivadenieras, las soliz, las pavón, y tantas otras que por sus corruptas actuaciones degradaron a las féminas; mejor sigamos como estamos.

  5. Cual es el porcentaje de mujeres que opinan respecto a las propuestas que contienen los artículos de opinión. No es un asunto de paridad, sino de capacidad. Lo primero para postularse para un desempeño público y de representación es la capacidad demostrada y las calidades intelectuales y éticas. Podría ser una lista completa de mujeres u hombres, pero sin los méritos necesarios. La asamblea nacional es la mejor muestra de lo dicho. No hay más de diez asambleístas (hombres o mujeres) que tienen por sí mismos las condiciones de tales; o, el gabinete ministerial. Cuántos de esos ministros nombrados en este período, fueron capaces de desarrollar sus carteras con eficiencia. Un 20%? O, menos!

    • Excelente comentario el del señor Estuardo Melo:»no es un asunto de paridad sino de capacidad» y sino debemos remitirnos a las capacidades de las asambleistas, Buendia, Rivadeneira, puras cajas de resonancia y de otras bancadas que da hasta pereza nombrarlas.
      Nada mas que agregar.
      Saludos cordiales a 4Pelagatos.

    • Muy de acuerdo con su comentario. Las postulaciones deben hacerse por la capacidad y preparación de los postulantes sean hombres o mujeres no por obligacion de cumplir una norma. Lo que debería ser obligatorio es que los requisitos mínimos para ser candidato a una dignidad de elección popular sea por lo menos un título profesional afín a lo que se requiere para tomar decisiones en nombre de todos los votantes. Los que se inscriban en las listas deben hacerlo por convicción de servicio y por qué tienen la capacidad necesaria para canalizar las necesidades del pueblo.

  6. Rápidamente recordemos las definiciones de lo que es político (1) y cultural (2):

    1. Ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados, actividad de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la sociedad o a un país.

    2. Conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo.

    Ahora nos toca recordar y humildemente aceptar la “realidad” ecuatoriana en ambos casos o sea que, infelizmente la gran mayoría de la población del país es de muy escaza “cultura” por lo tanto esta sociedad no tiene ni la madurez y peor la capacidad intelectual para analizar objetivamente ningún tema de interés nacional (dije “la mayoría” ok?).

    El resultado de una sociedad en su gran mayoría intelectualmente muy limitada y básica es que se vuelve literalmente imposible aplicar ninguna ciencia, política o fórmula mágica que pueda satisfacer atendiendo de manera responsable, justa y equitativa las diferentes necesidades de una convivencia harmónica, respetuosa y tolerante.

    Cuando en el sufrido Ecuador exista alguien (hombre o mujer) con la sabiduría y capacidad de manejar con incondicional responsabilidad, honestidad, dedicación, desinterés y amor profundo los sistemas de SALUD y EDUCACION públicos habrá nacido la posibilidad de que al fin en este país se pueda “quebrar las lógicas políticas que producen, en forma eterna, los mismos resultados”

    PRESO correa PRESO!!!

  7. A mi parecer un primer paso sería incluir en el proyecto de reforma del Código de la Democracia, una norma que obligue a que, de los dos representantes que obligatoriamente tiene cada provincia en la Asamblea Nacional, un puesto sea ocupado por la candidata (mujer, se entiende) más votada, independientemente del parámetro que sirve para la asignación de escaños. Esta idea no es nueva: la planteó el asambleísta constituyente Patricio Pazmiño Corrales, de la provincia de Cotopaxi, en Montecristi. En ese entonces no tuvo el respaldo ni de las propias legisladoras, pero nunca es tarde para iniciar el «revolcón» que propone el Lic. José Hernández. Hasta cuando la OBLIGATORIEDAD, casi todo en el país es obligatorio.Dar el número de cédula en las farmacias. Portar cédula cuando viajas ( hasta dentro de la ciudad). En los bancos, oficinas publicas.
    Es obligatorio el sufragio, aunque TODOS los candidatos te parezcan aprendices de corruptos, o corruptos graduados y confirmados.
    Ahora pretenden imponer la paridad de género como obligación.

  8. Y porque el Papa tiene que ser hombre ?
    A mi no me importa, pero si me importa que nos quieran imponer leyes supuestamente progresistas. Luego vendrán que las listas deben incluír indigenas, afros, discapacitados, es decir toda clase de discriminación positiva, solo que de tanto discriminado, ya no hay lugar para los discriminadores. El famoso 4% obligatorio de discapacitados en los empleos adecuados, obviamente causa un 4% adicional de desempleo en los ecuatorianos sin discapacidad.
    Se han fijado que casi todas las altas funcionarias femeninas han ubicado a sus maridos en un puesto bueno.

  9. Hasta cuando la OBLIGATORIEDAD, casi todo en el país es obligatorio.
    Dar el número de cédula en las farmacias. Portar cédula cuando viajas ( hasta dentro de la ciudad). En los bancos, oficinas publicas.
    Es obligatorio el sufragio, aunque TODOS los candidatos te parezcan aprendices de corruptos, o corruptos graduados y confirmados.
    Ahora pretenden imponer la paridad de género como obligación.

  10. Un primer paso sería incluir en el proyecto de reforma del Código de la Democracia, una norma que obligue a que, de los dos representantes que obligatoriamente tiene cada provincia en la Asamblea Nacional, un puesto sea ocupado por la candidata (mujer, se entiende) más votada, independientemente del parámetro que sirve para la asignación de escaños. Esta idea no es nueva: la planteó el asambleísta constituyente Patricio Pazmiño Corrales, de la provincia de Cotopaxi, en Montecristi. En ese entonces no tuvo el respaldo ni de las propias legisladoras, pero nunca es tarde para iniciar el «revolcón» que propone el Lic. José Hernández.

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