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Las lecciones asiáticas

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En estos días tuve la oportunidad de viajar al Sudeste Asiático. Los viajes a lugares remotos nos exponen a la diferencia y nos brindan una mirada fresca hacia la realidad del país en que vivimos. La exposición a otras culturas o cosmopolitismo complementa la inmersión e imprescindible compromiso con la vida política en nuestra comunidad nacional inmediata.  Claro que las lecciones que puede ofrecer el mundo extra-occidental no necesariamente confirman las “verdades” del liberalismo económico y político que compartimos las elites profesionales y empresariales latinoamericanas.  La diversidad de modernidades es hoy día la tónica más que una occidentalización uniforme.

¿Qué caracteriza a los países y culturas del Sudeste Asiático? Una de las claves para entender a estados como Vietnam, Camboya, Tailandia y Laos es que la prosperidad puede venir de la mano del autoritarismo. Los países del Sudeste Asiático tienen un dinamismo especial, que acelera su crecimiento económico. En la actualidad, el Sudeste Asiático crece a tasas entre el 5% y 6%, mientras América Latina está básicamente estancada y sigue dependiendo de los ciclos de los commodities. El dinamismo del Sudeste Asiático no depende de un sólido marco de estado liberal con división de poderes, representación y derecho cívicos y políticos, pero sí del mercado. Esto se aprecia claramente en el caso de los estados post-comunistas como Vietnam y Laos, que, siguiendo el modelo chino, mantienen un monopolio de poder político del partido comunista, pero han consumado una transición hacia el capitalismo. Poco años después de haber dejado atrás las desastrosas economías planificadas o hiper igualitarias implantadas por proyectos leninistas o maoístas, las economías poscomunistas de la región han despegado con fuerza, pero sin una democratización complementaria. Incluso Tailandia que ha tenido por décadas una economía capitalista, tuvo un golpe de estado en 2014 y se puede caracterizar como semi-democrática.

Si bien el autoritarismo es compatible con el éxito capitalista en esa región, está fuertemente asociado a la corrupción. Los ciudadanos del Sudeste Asiático se quejan de elites tanto gubernamentales como empresariales corruptas, aunque muestran cierto fatalismo al respecto.  Existen, sin duda, reclamos a favor de los derechos humanos y democracia plena, pero estos tienden a ser minoritarios.  Las mayorías parecen aceptar liderazgos fuertes y la inevitabilidad de la corrupción, con tal de tener un espacio para realizar sus actividades económicas y vitales.  América Latina, a pesar de su historia de populismos con tintes autoritarios y dictaduras de derecha sanguinarias luce mucho más proclive a la democracia y a la exigencia de derechos políticos y socio-económicos que el Sudeste Asiático.

Otra característica de las sociedades del Sudeste Asiático es la fuerte presencia de China como potencia regional y global. EEUU es mencionado ocasionalmente en conversaciones como posible contrapeso geopolítico a China o como promotor de los derechos humanos anhelados por ciertas clases medias urbanas; en cambio, el rol de China es aplastante.  Tradicionalmente las economías del Sudeste Asiático se vieron dinamizadas por comunidades chinas producto de una histórica diáspora china.  Los barrios chinos, por ejemplo, han estado presentes por siglos como rasgos icónicos de las urbes del Sudeste Asiático, como Bangkok.

Desde el año 2000, en cambio, es la presencia directa de China que llama la atención. Las inversiones chinas han alterado el perfil urbano con imponentes rascacielos e infraestructura ultra-moderna vinculada a la política de la nueva ruta de la seda, según la cual todos los circuitos conducen a China. Está en construcción, por ejemplo, un tren rápido que conectará a toda la región del Sudeste Asiático con las principales ciudades en China. Los turistas chinos con su ropa de marca y su predilección por el consumo de lujos son omnipresentes y opacan a los fachosos turistas occidentales—una mezcla de retirados y mochileros. En el Sudeste Asiático, la supremacía blanca y europea está siendo enterrada por una cultura china que muestra mayor energía y voluntad de dominio.

Sin duda existe en el Sudeste Asiático, un resentimiento generalizado ante el rol hegemónico de China, pero también un reconocimiento de que sin China no habría dinamismo económico. Además, China tiene la ventaja de que no condiciona sus inversiones a la lucha contra la corrupción o el cumplimiento de los derechos humanos. El Sudeste Asiático acaso nos muestra la imagen de un futuro más sino-céntrico que occidentalizado, en que China dominará económicamente e impondrá sus modelos culturales en vastas regiones.

Otra lección de Sudeste Asiático es que la modernidad no significa necesariamente la secularización. El budismo, en sus vertientes Mahajana y Theravada, es muy visible y permea la vida de los habitantes urbanos y rurales. Los monjes budistas vestidos con manto anaranjado son ubicuos y los templos, públicos y domésticos, siguen siendo una fuerza en la vida cotidiana. No se trata de una ética de trabajo confuciana. El budismo más bien promueve una sensación de paz y armonía con uno mismo y con los vecinos, o en sus versiones actualizadas, una vida relajada, sin tensión.  Son los chinos que infunden en la región una ética del trabajo incansable. La educación, no obstante, es muy valorada y parece ser la única dimensión del Estado de bienestar realmente exigida por los ciudadanos del Sudeste Asiático.

No sugiero que América Latina debe aceptar el exitoso modelo autoritario capitalista o volver a la espiritualidad, sino que hay muchas formas de ser modernos y que esta diversidad de modernidades marcará el futuro planetario más que una occidentalización triunfante o un modelo liberal único.

Carlos Espinosa es profesor/investigador de Historia y Relaciones Internacionales en la USFQ.

2 Comments

  1. Mirando hacia atrás a la participación de China en la política en el extranjero durante el año pasado, los resultados de las elecciones fueron mixtos.

    Sin embargo, cada vez más personas de ascendencia china participan en las elecciones políticas y se postulan para cargos públicos. Mientras tanto, las elecciones locales están viendo una mayor participación de la población china al darse cuenta de la importancia de poder expresarse.

  2. Muy interesante tu artículo Carlos, nos trae tu visión de antes de ayer de la política y cultura de un mundo que muchos no conocemos.
    Me pregunto: los pueblos que mencionas no viven en una especie de Nirvana entre el comunismo, el autoritarismo y el budismo. No tendrán un brusco despertar convulsionado y destructivo?
    Me da la impresión de leer sobre un pueblo adormecido.

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