Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La maldita incoherencia

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Es la historia de Geni que relata Buarque. Geni, la reina de los rengos y los tuertos, del bajo del fondo del puerto, se entregaba desde niña en garajes y cantinas. La gente arroja piedras a Geni, la maldita. Hasta que un día, en un zepelín brillante, llegó a destruir la ciudad un personaje lascivo, que decide no explotarla si Geni, la maldita, se entrega a él. Entonces la ciudad en romería fue a besar la mano de Geni, la bendita.

Somos un cúmulo de defectos. Pero el de la incoherencia es uno de mala fe. Es cinismo. Es corrupción en el pensamiento. Pecado mortal en los políticos que acomodan su sinvergüencería con artilugios mentales con los que maquillan la debilidad moral. Con esa exigua ética se otorgan patente y excusa para defender -de la noche a la mañana- tesis, conceptos opuestos y contradictorios. O defender corruptos que se santifican. Es repulsivo.

Cambiar de opinión es un privilegio de la inteligencia y de la razón. Toda tesis se confronta con la realidad buscando no ser falsa. De la experiencia, de la inquietud intelectual de aproximación a la verdad, se aprehenden certezas que se confirman, verdades que se corrigen, tesis que se hacen premisas. Mudar de un concepto a otro, aunque sea divergente, en un honesto proceso dialéctico, es un imperativo de la razón y también una evidencia de latencia espiritual. A veces no es solo la razón lo que nos desplaza de nuestras conclusiones: también las emociones pesan, como cuando Pappini hundió su ateísmo en la creencia mientras escribía la Historia de Cristo.

Se puede cambiar de forma de pensar. Cuando median lecturas, nuevas realidades y enfoques. Intelectualmente es encomiable. Pero es éticamente abominable cuando, sin rubor ni pudor, se defiende lo contrario por mimetismo, por descarnado acomodo, por ser políticamente correcto o por pedestre corrupción. La incoherencia es corrupción. El camaleonismo es el recurso del inmoral para sobrevivir. Son pulpos que se hacen del tono del entorno. Ahora están en la izquierda, ahora están en el lado contrario y van y vienen cambiando su camiseta.

Correa y sus compinches son el horrendo ejemplo. Diez años de purulencia moral, apoyada masivamente por un electorado que la justificaba. Y ha hecho escuela. Relativismo, no por la duda sobre la ideas, sino por acomodarlo todo a los intereses, a las circunstancias. La CIDH era una recolectora de basura, en los tiempos de la sabatina. La CIDH es una heroína en tiempos en que los pandilleros están encanados y lloriqueando clemencia, cuando deberían -frente en alto- cantar sus culpas, con dignidad, con convicción de su sublevación y golpismo.

Pero esta ignominiosa relatividad moral no termina en los artífices de la revolución corrupta. Está entre otros políticos, está entre periodistas, está en la vida diaria, en lo que llamaríamos la común forma de ser nacional, en medio de la gente que procura vivir honradamente, coherentemente, éticamente y no alcanza a ser masa crítica para ser agente de cambio.

Pesa el amiguismo. Pesa el reparto. Pesa el tribalismo. Y lo que es malo se hace bueno, porque es el amigo, es el socio, es el jefe, es el líder. Lo malo es malo y punto. Así debería ser, con prescindencia de cualquier ligazón afectiva, de negocios o de acomodo electoral. Pero no es así. Cuánto corrupto se siente impune por los padrinazgos. Cuánto corrupto reparte favores u ofrece votos: así se gradúa de pulcro y sanea su pestilencia.

En la semana negra, no solo que se violentó la paz. La coherencia fue pervertida. Al grito de racismo se quiere maquillar la estupidez como lucha social. Las defensoras rabiosas de la lucha contra la violencia de género lucen impávidas cuando los agresores son indios y las víctimas mujeres en uniforme. Incoherencia derivada del ideologismo y no de la pureza de las causas.

Errores, deslices son humanos. En medio de esa imperfección, deberíamos tener el compromiso moral de buscar superarla. Más, quienes ejercen liderazgo, influyen en otros, representan modelos de comportamiento. Ser coherentes es ser honrados.

Diego Ordóñez es abogado y político. 

8 Comments

  1. Al grito de racismo se quiere maquillar la estupidez como lucha social. Las defensoras rabiosas de la lucha contra la violencia de género lucen impávidas cuando los agresores son indios y las víctimas mujeres en uniforme. Incoherencia derivada del ideologismo y no de la pureza de las causas.

  2. Condenar el defecto y no a quien lo padece: ¡Maldita incoherencia! la que vivía Figari en los años 80 del siglo pasado. Desgarra el corazón saber que mientras este personaje daba su “Catequesis sobre el Amor” en la Basílica de San Pablo de Extramuros (Roma, 14 de abril de 1984), sus víctimas de abusos sexuales recogían los pedazos de su dignidad y honor atropellados por un traidor a la humanidad y al misterio del amor humano. Figari en esos años cometió muchísimos abusos, incluso sexuales, experimentó con las mentes de las personas manipulándolas según sugerían sus lecturas esotéricas y los dictámenes de su razón retorcida. ¡Maldita iniquidad! la suya.

  3. Sr Ordoñez , de verdad, cree que en la revuelta de octubre la violencia vino de gente pagada por Maduro, cubanos, las farc , los corresitas, de verdad cree en ese cuento de vaqueros, o es inocente, no sabe que en las confrontaciones de este tipo hay infiltrados de la policía, se mete delincuencia común y investigue quienes son los de las bombas molotov y los voladores ya lo dijo al coronel que estuvo al frente del ejercito y le dieron de baja.
    No se necesita ser leído para aceptar la realidad, solo ser honesto

  4. En mi opinión, los acuerdos de paz han tenido el efecto de normalizar el juego político pluralista, ya que la protesta social ya no está automáticamente deslegitimada por una supuesta complicidad con las FARC. Esto ha abierto un espacio para la expresión política del descontento. Al mismo tiempo, la continuación de la violencia política en contra de los movimientos sociales, sobre toda en las zonas rurales, genera una fuerte sensación de inseguridad. La protesta en contra del incumplimiento de los acuerdos de paz es sobre todo una protesta por la ausencia de paz y la permanencia de la violencia estructural, más que por un incumplimiento de cláusulas específicas de la Paz

  5. Los ideólogos de «extrema izquierda» y sus adláteres son totalmente incoherentes, así se puede ver a los indígenas «defendiendo» la ecología en Madrid en la cumbre del clima y sin recordar que unos meses antes protagonizaron una rebelión violenta cuyo principal objetivo fue oponerse a que se elimine el subsidio de los combustibles fósiles, medida claramente ecologista (aunque el gobierno la tomó por motivos fiscales) y en esa rebelión colaboraron también los Yasunidos que antes tuvieron una posición ecologista en el caso Yasuní-ITT. Es decir son ecologistas por conveniencia porque en realidad son marxistas en primer lugar y luego fingen ser «ecologistas». Lo mismo su principal ideológo: Alberto Acosta Espinosa.
    (favor eliminar mi comentario anterior)

  6. Me trae ecos de Ingenieros en El Hombre Mediocre. Recordemos que el pueblo prefirió a un ladrón antes que al más coherente de los hijos de Israel, al que de «yapa» le crucificaron. Pero no por eso «la voz que clama en el desierto» puede quedar en silencio. Le escuchamos, mi doctor…

  7. MUY CLARO ,CONCISO , CONTUNDENTE , RAZONAMIENTO LÓGICO ,FÁCIL DE ENTENDER. NO LOGRO ASIMILAR COMO EL CORREATO CALO TAN PROFUNDO, EN ESTAS MENTES CUESTIONADAS,QUE HAN PERDIDO TODA SU DIGNIDAD HUMANA Y HAN PASADO A COVERTIRSE EN ESTROPAJOS ,RODAPIES,BAQUETAS,ZOMBIES HUMANOS PERDIDOS.

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