Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La fantasmagoría uribista de la conspiración continental

en Influencers4P/Invitados por

Carlos Salas, autor de esta columna que publica la plataforma digital KienyKe en Colombia, responde al artículo «Colombia: desestabilización o primavera democrática» de Carlos Espinosa, publicado hoy, 16 de diciembre, en 4P. 

«Despierta interés conocer cómo nos ven desde el exterior y especialmente si la mirada viene de Ecuador, país hermano que ha sufrido junto a nosotros de los embates del “huracán bolivariano”. En el innovador medio digital 4P (Cuatro Pelagatos) fundado por periodistas que sufrieron la persecución de Correa, entre los que se encuentra nuestro prestigioso compatriota José Hernández quien ha hecho innumerables aportes al periodismo, he encontrado el artículo del profesor Carlos Espinosa titulado “Colombia: desestabilización o primavera democrática”.

Desde una mirada desapasionada, Espinosa hace un repaso de las distintas percepciones que se han generado en el gobierno y en la opinión pública de la que él cataloga como “marcha pacifica” del 21 de noviembre y sus posteriores replicas, sin dejar de mencionar que “Colombia se sumó en noviembre a la ola de protestas a la vez masivas y marcadas por la violencia que arrancó en Ecuador en octubre y que luego se extendió a Chile” pero, curiosamente, olvidó mencionar a Bolivia, en donde la magnitud de las manifestaciones y sus consecuencias inmediatas han sido de inmensa trascendencia.

Queriendo desligar de cualquier teoría conspirativa, Espinosa se enfoca en “las demandas legitimas” de los manifestantes y resalta que medios como Semana y hasta el mismo gobierno, que en un principio las consideró como parte de una estrategia de “desestabilización orquestada por el régimen de Maduro y las FARC” -teoría respaldada en las declaraciones de Almagro en la OEA sobre este asunto-, han descartado cualquier intención desestabilizadora de la región. Considerando que “la extrema derecha” es la que mantiene viva la teoría de conspiración, Espinosa comete la simpleza de concluir que “lo peor que puede hacer la elite colombiana es seguir alimentando la fantasmagoría uribista de la conspiración continental y no indagar en los problemas estructurales y aceptar la legitimidad de la protesta social.”

“Fantasmagoría uribista de la conspiración”, nada más y nada menos ¡Por Dios! ¡Era lo que faltaba! Luego de tantos años en los que se ha visto corroborada la ofensiva castrochavista en la región y especialmente en Colombia, con unos resultados dramáticos que no se pueden ocultar, nos vienen con esta descalificación desde Ecuador.

¿ A “alimentar la fantasmagoría uribista” del narcoterrorismo, del crimen transnacional organizado, de la injerencia de Cuba en la región, de la pesadilla venezolana, de los millones de migrantes frutos de un régimen opresor y genocida con una inmensa frontera con Colombia sin control alguno, de las FARC fragmentadas y cada vez más poderosas aliadas al ELN y a cuanta banda delincuencial que pulula por toda la geografía del país, de la minería ilegal, del contrabando, del lavado de activos más grande de la historia fruto de un acuerdo entre Santos y las FARC, del mar de coca, de la corrupción alimentada durante los años de negociaciones que carcomieron la justicia, el Congreso y el ejecutivo, de la izquierda envalentonada que pretende tomarse al poder en 2022, etc., etc., es a lo que nos dedicamos quienes denunciamos la grave situación del país y de toda la región?

Es vieja la estrategia de las manifestaciones con causas justas, siempre existirán motivos para la protesta ya sea en Francia o en Colombia. Lo que buscan es alimentar el “mea culpa” para que nos demos golpes de pecho y justifiquemos las acciones violentas para no ser calificados como despiadados e insensibles militantes de la “extrema derecha” y seamos tan tolerantes como lo fueron los venezolanos hace veinte años ya».

Foto: Kienyke.

5 Comments

  1. Ecuador evidentemente vivió una crisis, un caos, una lucha «pueblo versus gobierno», cada uno defendiendo sus intereses; pero, ¿acaso día a día no hablamos de un gobierno democrático?. Lo que las personas mencionadas en el artículo están haciendo es dando a conocer cifras con «posibilidad de ocurrencia», es absurdo, todos lo vivimos, personas heridas y en el peor de los casos hasta muertas, es una lástima que después de lanzar la piedra escondamos la mano, queremos tapar el sol con un dedo, y lamentablemente todos sabemos que eso no se puede, nadie aquí está libre de culpa.

  2. El llamado post conflicto se caracteriza por mantener a Colombia sentada en Un bomba de tiempo con el narcoterrorismo más fuerte que nunca y con el régimen dictatorial de Venezuela dándole todo su apoyo.

  3. Desde una postura diferente vemos que mediante medios de televisión y radio se dijo muy poco sobre los conflictos dentro de Ecuador y de los problemas en otros paices muy poco de Chile se supo algo ya que por medios digitales se podía ver algo. A mi parecer los antiguos gobiernos tienen o mantienen gente de su confianza, que miran por sus intereses propios dentro de un ente publico

  4. Felicitaciones a 4P y Carlos Espinosa por ser ejemplo de cómo debe ser un debate. Con ideas, argumentos, tolerancia y enfoque en los contenidos. Lamentablemente, en nuestro país, la mayoría de veces, la discrepancia se asume de forma personal e inmediatamente degenera en insulto y descalificación del otro (la falacia ad hominem).
    Personalmente la lectura de ambos articulistas, desde diversas perspectivas, me ha dado una comprensión más amplia de lo que pasa en Colombia y en general en latino américa.

  5. Gracias por responder de manera crítica a mi artículo. No dudo de la trágica violencia en Colombia o que el régimen de Maduro sea despreciable. No he visto, sin embargo, pruebas que las protestas en Colombia hayan sido orquestadas por ese régimen. En cambio, existen múltiples factores estructurales mencionados en el artículo que son suficientes para explicarlas. Lo mismo ocurre en Chile y en Ecuador, aunque el correismo, sin duda, busco infructuosamente desviar las manifestaciones a favor de un cambio de régimen.

    De la misma manera, creo que endosar las protestas a un maligno actor externo paraliza la reflexión sobre las causas de fondo e impide procesar las demandas sociales. Visto desde lejos no creo que la Colombia posconflicto deba reproducir las distorsiones de la Colombia inmersa en el Conflicto. La normalización seguro que implicará cambios significativos.

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